domingo, 28 de abril de 2013

Sobre Friedrich Nietzsche (1944)-Alfred Rosenberg



Selección de Escritos de Rosenberg

Publicamos este texto de Rosenberg escrito en1944, gracias a la traducción de .J. M. Un texto hasta hoy desconocido encastellano.
Este texto es un homenaje de Rosenberg aNietzsche, pero sobre todo una exposición contra los argumentos que presentabana Nietzsche como anti-alemán.

Sobre Friedrich Nietzsche (1944)

"En este momento, y en vista del choqueentre dos mundos, la posición de Nietzsche en el pensamiento alemán y en el Sereuropeo nos inspira hoy de una manera única.
Sé cuan controvertidos fueron estos doselementos en su vida y que no es difícil encontrar citas aparentementecontradictorias, incluso mutuamente excluyentes. No obstante, cuando laspalabras, sacadas de un ambiente totalmente diferente y escritas en diferentesépocas, son puestas en otro entorno, se convierten para nosotros en símbolosfugaces y aislados, particularmente si nosotros no conocemos al hombre y sucompleta esencia-estructura. Los elementos que pueden ser a menudointerpretados como indicios de resistencia o de rechazo a su alemanidad, no soncon frecuencia indicativos de una lucha contra su propia esencia, contra el Deutschtum,sino más bien de un encarnizado choque con la esencia del mundo, tal y comoaparecía entonces. Mucho de lo que parece estar lleno de odio es, en esencia,herido y decepcionado amor. Sólo si entendemos esto seremos capaces decomprender la vida no solamente de Nietzsche, sino de muchos otros luchadoresen Alemania. Me gustaría recordar sólo aquellas bellas palabras que representanla medida del desorden interior de Nietzsche: aquí, declara que mantenía tanfervientemente la pura y fuerte semilla de la esencia alemana que esperaba querechazase a aquellos elementos foráneos que se habían implantado violentamentedentro de ella; esperaba que el espíritu alemán volvería a sí mismo... “Quenadie crea que el espíritu alemán ha perdido para siempre su patria mítica,puesto que continúa comprendiendo con tanta claridad las voces de los pájarosque hablan de aquella patria. Un día ese espíritu se encontrará despierto, contoda la frescura matinal de un enorme sueño: entonces matará al dragón,aniquilará los pérfidos enanos y despertará a Brunilda -¡y ni siquiera la lanzade Wotan podrá obstaculizar su camino!” (1)."

Después de una discusión sobre el nacionalismoalemán de Nietzsche, que se muestra, dice Rosenberg, por los vestigios deAntisemitismo y sentimientos anti-franceses manifestados mientras estaba deservicio médico durante la guerra Franco-prusiana, vuelve a la investigación deNietzsche sobre la crisis espiritual que había acosado el siglo diecinueve

"...Él sabía que habían sido detenidaslas aguas de la religión y que había dejado detrás de sí pantanos y charcas;que las naciones se habían separado como enemigas y que deseaban hacersepedazos las unas a las otras; que las ciencias habían seguido hacia adelantesin ningún tipo de moderación y en la más ciega seguridad en sí misma. Sinembargo, las clases cultas y los Estados se habían mantenido gracias a una “espléndidamentedespreciable economía monetaria”. Nunca el mundo fue tan mundano y pobre enamor y cortesía como durante esta época. Las clases educadas no representabanya ni la caridad ni el refugio. Más bien se volvían más inquietas y menosconsideradas y amables. Todo, incluido el arte contemporáneo y las ciencias,estaba contribuyendo a la “aproximación a la barbarie”. Los elementos 'cultos'probaron ser los más grandes enemigos de la cultura, pues ellos buscaronengañarse respecto a la esencia de enfermedad general que sufría Alemania y deeste modo obstruyeron cualquier tipo de cura. La verdad, sin embargo, respectoa la cual esta sociedad liberal y sin amor estuvo predicando tanto entonces, sehabía convertido en un término por completo deslucido para muchos, y lospoderes ya no tenían ningún miedo a nada escandaloso o fuera de lo ordinario.De acuerdo con Nietzsche, la “verdad” de la época liberal es una criaturatranquilizadora y confortable que debe continuamente apoyar todo poderestablecido y que de ningún modo debe soportar ningún tipo de protesta en sunombre. Con todo, ella misma se convertía en un nuevo centro de Inquisición,manteniendo un silencio absoluto contra todo fenómeno contrario. Era por tantoobvio que una cierta melancolía y MUSTINESSS pesase fuertemente sobre losmejores de la época –una eterna vejación debida a la batalla entre el disimuloy la honestidad, una batalla que se libró en su propio pecho. Había una faltade confianza en sí mismo, pues era incapaz de ser al mismo tiempo guía yproveedor de cultura para los demás.
El espíritu de un periodismo desarraigado, quese llamaba ,ocasionalmente, a sí mismo filosofía, se precipitó sobre lasuniversidades. Con el Fausto y el Nathan el Sabio en sus labios, “el lenguaje ylas perspicacias de nuestros nauseabundos jornaleros literarios”, alcanzó elpodium con una variedad culta e inteligente de conferenciante. Nietzsche estabaen contra de todo esto: si se habla de pensadores y de filósofos, es necesariopara un filósofo tener una “masculinidad brava y recta”. En esta época, sinembargo, este tipo de hombre se había dejado de ver y se encontraba muyraramente. Este siempre decadente curso de los eventos produjo un ambiente quedebido a sus insuficiencias, así como a sus propias naturalezas delicadas,Hölderlin y Kleist tuvieron que perecer; ellos no habrían sido capaces deresistir el clima de la así llamada cultura alemana. Sólo “naturalezas fuertes,como Beethoven, Goethe Schopenhauer y Wagner pudieron soportarlo”. Inclusotales figuras solitarias, con todo, necesitaron comprensión y compañeros antequienes pudieran ser tan abiertos como si tratasen con ellos mismo; uncompañero en cuya presencia el estorbar del silencio y la presunción fuesenaliviados. Si de este compañero hubieran sido privados, se habría fomentado enellos una desesperación creciente por el desarrollo del espíritu alemán. Habríasido la peor acción posible que se podría hacer contra tales inusuales hombres,conduciéndoles tan profundamente dentro de ellos mismos que habrían emergido enerupciones volcánicas. “Todavía existirá siempre aquel semidios que soportavivir y que vive victoriosamente bajo tales terribles condiciones, si deseasoír su canción solitaria, escucha la música de Beethoven”. En otro lugarNietzsche declara, “¿Cómo se puede encontrar un gran y productivo espíritu desí mismo entre un pueblo que ya no es una unidad interna, con su estrato'culto' tan mal instruido e interiormente subvertido? ... ¿Cómo puede esteespíritu resistir si la unidad de la percepción Volk ha muerto; si sabe queaquella parte que se llama a sí misma la parte culturizada del Volk, y que seha apropiado para sí misma del espíritu artístico de la nación, falsifica ycolorea esta percepción?”
Incluso ante la perspectiva de esta total evaluación,Nietzsche tiene la esperanza una vez más fundadas en el fuerte corazón alemán,en una forma alemana de escepticismo, en “el elevado espíritu de Federico elGrande entre los intelectuales” y más de una vez declaró que cuando sólo elrebaño animal era alabado y se le otorgaba honores en Europa; que esta Europatenía que alcanzar el poder un tipo humano totalmente diferente para alterar eldestino. Ofreció una minuciosa crítica de toda la estructura social, un críticadel movimiento marxista, que en aquella época había estado ya falsamentetildado de socialista –una crítica que, en lógica y devastación, es impensableincluso hoy. Para él, el marxismo es la tiranía de los menos, los estúpidos,i.e., de los superfluos, de los envidiosos y los actores de corte, llevada a suconclusión final. Era de hecho la última consecuencia de las “ideas modernas” yde su posterior anarquía. Nietzsche, sobre todo, se opuso a la tentativa dedestruir el concepto de propiedad, ya que tal destrucción del concepto de propiedadpromovería una destructiva lucha por la existencia...
Es comprensible que pensamientos de estanaturaleza –los cuales fueron puestos primariamente en forma razonada y mástarde como aforismos- cuando fueron presentados al auto-satisfecho mundo liberal,fuesen ignorados o asesinados con risas. Los hombres de esta época no tuvieronconocimiento de ellos, incluso cuando Nietzsche proféticamente interpretó lacompleta hipocresía de aquel paraíso descrito en el programa marxista de lasociedad ideal sin Estado en la cual no existiría la lucha de clases.
“El marxismo requiere una total subyugación detodos los ciudadanos ante un Estado incondicional como no ha existido nunca”.La premonición de la dictadura marxista que vemos marchar contra nosotros desdeMoscú como nuestro mortal enemigo, está claramente descrita aquí. Ella misma seha aliado con aquellas fuerzas que Nietzsche había trazado como seresparticularmente peligrosos. No podemos decir que Nietzsche pudo darse cuenta entodos sus detalles de toda la estructura y psicología del comunismo. Nietzschesabía, no obstante, que a pesar de todo el conocimiento, el camino dedesarrollo embarcado sobre él probablemente no podría ser revertido en unperiodo corto de tiempo; que la gran crisis de Alemania y de todo el continenteeuropeo habría de resultar de esta mezcla de liberalismo, plutocracia yanarquía. Estaba profundamente convencido de que esta mezcla introducida por latotalidad del movimiento liberal –y aquí mostró un inagotable odio haciaRousseau como el autor espiritual de las contiendas – tenía que dirigir al mástemeroso altercado y quizás también a la tiranía. Creía que “la democratizaciónde Europa es, al mismo tiempo, un acuerdo involuntario para la crianza detiranos –esta palabra se ha comprendido mal en todos los sentidos, incluyendoel espiritual.”
Esta clara comprensión de las más radicalesposibilidades de desarrollo sitúan a Nietzsche como alguien aparte -comopensador y como filósofo activo y militante- de todos los movimientos de sutiempo. El descubrimiento de Nietzsche de la confusión artística de estilo y suclara convicción de un presente desarraigado que alentaba toda las variedadesde tradiciones auto-contradictorias se combinaron en él, para constituir unacrítica de toda su época; y una más astuta y más cáustica no puede serimaginada."

Según Rosenberg, el colapse espiritual deNietzsche se reflejó en su cambio de actitud hacia Wagner. También fuesintomático de una época que mostró escasa simpatía por aquel que cambiaba susvalores. Esta desfavorable actitud fue un fenómeno completamente europeo.Alemania sola no era la culpable de la muerte espiritual de Nietzsche-

"... Incluso si, en muchos campos, unprofeta u otro de nuestra tiempo permanece algo más cercano a nosotros, FriedrichNietzsche como una personalidad total y como un observador imperturbable detoda una época destinada al colapso, ¡fue ciertamente la más grande figura dela intelectualidad alemana y europea mundial de su tiempo! Respecto a todas susposteriores declaraciones y críticas, debemos concluir que él se sentía heridocada vez que hacía una declaración, y que se volvía sobre el inmediatoinfligidor de la herida. Esto habría sucedido de la misma manera, si él hubiesevivido en Francia, en Inglaterra o en cualquier otro estado. Por dondequiera elmismo fenómeno de decadencia estaba en marcha, destrozando las tradicionesestablecidas sin ser capaces de crear nuevas o de construir nuevosideales..."

Alemania habría heredado la misión sincera deNietzsche de salvar Europa. Los ejércitos alemanes no sólo estaban defendiendoAlemania, sino a toda la civilización occidental-

"El Kulturbürger europeo, cuyos poderesde resistencia estaban agotados por la somnolencia, está siendo aplastado porun condenado fanatismo destructivo del marxismo; un fanatismo, el cual,notablemente en alianza con el Marxismo judeo-occidental, ha sacudido no sóloAlemania, sino todo el continente europeo en sus fundamentos. Si, por tanto,nosotros estamos orgullos de que hoy sola la Alemania nacionalsocialistatodavía defienda esta vieja Europa, podemos proclamar, de alguna maneradiferente de Nietzsche en el siglo diecinueve, que hoy nosotros somos los“buenos europeos”, ya que este es un derecho por el cual nosotros hemos luchadohonorablemente. Al mismo tiempo, empero, para que no caigamos en aquellaTartufería tan acertadamente condenada por Nietzsche, debemos humildementeadmitir que muchos fenómenos de la vieja época pueden ser todavía detectadosentre nosotros; que muchos pequeños burgueses están todavía viviendo en aquellamohosa atmósfera en la cual Nietzsche sufrió tan malamente; que hay muchopensamiento limitado, esquemático, que todavía no ha alcanzado aquella libertadque Nietzsche soñaba y en la que también soñamos nosotros; y que muchaspersonas están en peligro de llegar a ser filisteos en lugar de ser como Fausto.Pero, a pesar de estas percepciones, sentimos en nuestra experiencia el grancurso de una nueva época, y sabemos que aquella que hemos aguantado y que hadejado a la nación alemana actual la voluntad interior para una resistenciaimproductiva, es juzgada también en la profunda emoción del solitario Nietzsche–emoción que se prolongó a través de una vida dolorosa, en la cual la soledad amenudo le llevó a la desesperación y a la acusación. Al mismo tiempo, empero,su vida fue siempre llevada hacia adelante por la incondicional necesidad deesta confrontación con el futuro...
Así, nosotros los nacionalsocialistas vemoshoy los efectos de aquellos poderes      –proveniente del pasado- que empezaron a desarrollarse en el siglodiecinueve; un peligroso, destructivo esfuerzo cuya gran úlcera desarrollada hallevado a una espantosa enfermedad de la esencia europea. Y, al mismo tiempo,vemos varios profetas en medio de estos arroyos insalubres, profetas impelidosa elevar sus voces para hacer añicos estos valores que eran tan contrarios a lacreatividad y para ayudar a desarrollar un nuevo orden de vida.
Hoy honoramos al solitario Friedrich Nietzschecomo uno de ellos. Después de que nos despojemos de todo aquello que estiempo-límite y también de todo aquello que es demasiado humano, esta figurapermanece hoy cerca de nosotros espiritualmente y, alargando hacía atrás en eltiempo, le saludamos como un pariente próximo, como un hermano espiritual en lalucha por el renacimiento de una mayor espiritualidad alemana y para laformación de un pensamiento tolerante y abierto. Le saludamos como elproclamador de aquella unidad europea, la cual es indispensable para la vidacreativa de nuestro viejo continente, un continente el cual está siendo hoyrejuvenecido por una gran revolución."

(1)- El Nacimiento de la Tragedia, Ed. de AndrésSánchez Pascual, Alianza Editorial, 1995, §24, p.189. (Nota del traductor)

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