jueves, 23 de mayo de 2013

El Concepto De Heroe En El Mundo Actual-Ramon Bau




EL CONCEPTO DE HÉROE EN EL MUNDO ACTUAL

"Para vivir honradamente es necesario desgarrarse, confundirse, luchar, equivocarse, empezar y abandonar, y de nuevo empezar y de nuevo abandonar, y luchar eternamente y sufrir privaciones. La tranquilidad es una bajeza moral". Tolstoi 

Devenir Europeo

En este mundo actual es difícil recordar que es un acto heroico, aunque todos tenemos una cierta intuición de ello, pero a menudo sin concretar su esencia y razón.
Primero hay que dejar de lado las ideologías cuando se trata de catalogar al hecho heroico, lo que ya es una primera dificultad en este mundo unilateral. Tan heroico podría ser catalogado al sacerdote que moría martirizado por la República por llevar la comunión a las casas particulares en 1936, como lo sería el comunista que luchaba por los derechos elementales de los trabaja-dores en New York y fue apaleado y asesinado por matones de la patronal.
Tampoco podemos fijarnos sólo en el hecho en sí… curiosamente se puede ser igual de héroe muriendo que matando… heroicos eran los mártires echados a los leones en Roma por no renegar de su Fe, como el soldado que logró resistir ante fuerzas muy superiores a costa de graves heridas o muerte.
Robar es un delito, pero cuando una persona se arriesga a robar sacos de arroz en Corea del Norte para dárselos a sus familias hambrientas sabiendo que será detenido tras ello y torturado, también es un acto heroico.
Ni siquiera el riesgo o dificultad grave es algo en sí heroico, en los circos un equilibrista efectúa actos tremendamente peligrosos sin que sea en absoluto algo heroico, mientras que si lo mismo, e incluso algo menos arriesgado, lo hiciera una persona normal para salvar a un niño en peligro en un acantilado, sí lo sería.
Una vida dedicada a ayudar a los necesitados puede ser heroica sin haber puesto en peligro la vida en absoluto. Hay vidas heroicas sin riesgos mortales críticos.
Tampoco podemos mirar sólo la intención ética o elevada, un acto noble y entregado no siempre es heroico, aunque sea digno de admiración.
Aun más, el mismo hecho puede ser o no heroico según el entorno en que se realiza. Así el ataque de los soldados, por muy noble que sea su misión, en el frente ante ametralladoras, no se considera heroico pese a su peligro, mientras que si lo hiciera un civil para salvar a alguien si lo sería.
En el diccionario Larousse se define heroico como “Se distingue por su gran valor, fortaleza o virtudes”, pero ya hemos visto que ni el valor, ni la fortaleza ni las virtudes por sí mismas definen lo heroico.
Realizar un atentado terrorista muy arriesgado que precisa gran valor no es un acto heroico. Resistir las duras condiciones de tra-bajo de una mina años y años requiere fortaleza pero no ser un héroe. Una vida honrada, virtuosa y noble es digna pero no heroica.
Vista la dificultad para definir exactamente lo heroico, pese a su inmediatez por el sentido común, es mejor ir primero a su significado literal: Viene del griego ‘Heros’, semi-dios, jefe militar épico.
Heroarquia es la base de la palabra Jerarquía (‘hieros’ en griego significa Sagrado, origen de Jerarquía (Dic Corominas).
Si analizamos con cuidado este origen veremos ya una de las bases del acto heroico: debe ser un acto ‘espiritual’, en el sentido de elevado en su objetivo y hecho, que corresponda a una exigencia interna ética y ejemplarizante. Es esa cualidad moral la que convierte las demás condiciones de extremo valor, riesgo, esfuerzo, etc… en hechos heroicos.
Ahora bien, como la palabra ‘espiritual’ o ‘moral’ pueden ser interpretadas mal hoy en día, como si fuera un tema exclusivamente ‘religioso’, creo que la mejor forma de entender el tema heroico es bajo el planteamiento de Schopenhauer: Héroe no es quién acomete actos materiales extraordinarios sino quien acomete su propia vida como un acto contrario al Egoísmo utilista. El acto heroico es un des-plante de la Voluntad a la Utilidad, y siempre es un acto TRAGICO.
O sea, el heroísmo es combatir el egoísmo y la utilismo hasta un grado excepcional.
De esta forma Schopenhauer concreta en el mundo agostico lo que los griegos llamaban ‘Sagrado’ (‘hieros’), pues combatir de forma extrema el propio egoísmo y utilidad es un acto ‘sagrado’, elevado, excepcional entre los humanos.
En este sentido hemos de diferenciar los Grandes Hombres, aristas excepcionales, personajes históricos deslumbrantes, etc.., del Heroísmo como tal.
Es interesante analizar esta diferencia pues hoy se combate por igual a los grandes hombres y a los héroes, estamos en la era de la vulgaridad.
Carlyle en Los Héroes no sabe distinguir entre Héroe y Gran Hombre, de forma que su lec-tura puede confundir ambos términos. Así podemos leer en su obra: “Hoy es corriente creer que el culto al héroe, tal como lo entiendo, ha decaído, desapareciendo finalmente. Nuestra época parece negar la existencia de grandes hombres… Enseñad a nuestros críticos un gran hombre, un Lutero, inmediatamente comienzan a aniquilarlo, vulgarizarlo, como dicen, no a venerarlo, sino a medirlo para acabar empequeñeciéndolo”
Así es, poetas como Dante o Shakespeare, Lutero o Cronwell, Napoleón… literatos… son las víctimas de los biógrafos actuales, con el único interés de despreciarlos y acusarlos de cualquier cosa, sea o no verdad. Un ejemplar perfecto de ese despreciable tipo de biógrafo
es el judío Stefan Zweig, que siempre actúa igual en sus biografías: no niega los grandes hechos de sus biografiados pero siempre indica que como personas eran despreciables, miserables, etc… inventándose o falsificando su vida personal, mientras mantiene la obra externa intacta, para así ocultar mejor su objetivo de aniquilar al ‘Gran Hombre’.
Pero una cosa es un Gran Hombre y otra un Héroe. Por tanto hemos de juzgar siempre el acto heroico según su grado de anti-egoísmo, su grado de combate y oposición al interés pro-pio.
De esta forma el militar que actúa gloriosa-mente en la lucha no siempre es un héroe absoluto, puede haber actuado por necesidad de supervivencia, por deseo de victoria, por buscar honores o recompensa….
El Santo que lleva una vida ejemplar solo será Héroe absoluto si no lo hace pensando en su salvación, en una ‘recompensa futura tras la muerte’.
No es que, pese a ese ‘interés,’ no haya un cierto heroísmo en el combatiente extraordinario y el santo sublime, pero su heroísmo será tanto más puro cuando menos motivaciones egoístas existan.
Es en este sentido que León Degrelle me dijo una vez que era mucho más dura la lucha en 1970 que en el Frente del Este de 1944, por-que en el Frente no había otra salida, la lucha era en parte para sobrevivir, y además el entorno favorecía el heroísmo, casi todos luchaban al máximo, el combatiente se sentía impulsado al heroísmo. En 1970 nada impulsaba al sacrificio, sin esperanza ni medios y en un entorno contrario del todo.
Degrelle fue un Héroe no tanto por su excepcional lucha en el frente sino porque cuan-do estuvo ya a salvo en España, perseguido a muerte en todo el mundo, sin esperanza alguna de victoria futura, siguió fiel a la lucha, escribiendo, efectuando actos, apoyando, jugándose que lo exilaran o secuestraran, como así se intentó varias veces, entonces, sin nada que ganar y mucho que perder fue cuando mostró ese ‘alma ardiendo’ que le hace un Héroe de verdad.
En ese grado de anti egoísmo, podemos decir que Cristo es el Héroe por antonomasia, incluso para un ateo (incluso sin creer en su realidad histórica, sino como ‘idea’), la Idea de Cristo es el sacrificio absolutamente voluntario de tortura y muerte por amor a la Humanidad, para ‘salvarla’. Es el anti-egoísmo puro.
En el caso de Rudolf Hess su heroísmo puro se inicia cuando pudiendo salir de prisión si renunciaba a sus principios y aceptaba las acusaciones, como hicieron otros, se mantuvo firme y prefirió seguir toda la vida en prisión, aislado, torturado y en condiciones infectas de trato. Allí pulió hasta la perfección su heroísmo anterior.
Tolstoi dice que la ‘tranquilidad es una bajeza moral’, y Santa Teresa decía que ‘el mayor pecado es querer ser feliz’, Nietszche, tan alejado aparentemente de estas ideas ‘cristianas’, en realidad las apoya, combate el rebaño, la vulgaridad, el engorde, la vida placentera:
“Deseáis si es posible abolir el sufrimiento. Y no hay objetivo más insensato. En cuanto a nosotros nos parece que preferiríamos hacer la vida aun más elevada y difícil” (Más allá del bien y del mal).
“Fuente de alegría es la vida. Pero donde-quiera que viene a beber la chusma, la fuente queda envenenada. Y al llamar alegría a sus torpes ensueños han envenenado hasta el lenguaje”.
Cuando a alguien se le pregunta cuál es su objetivo en la vida, cada vez son más los que contestan “ser felices” y la esencia de esa ‘felicidad’ es la ausencia de dolor, el cumplimiento de las necesidades (las ‘utilidades’) y la posesión de elementos representativos, mate-riales, capaces de dar ese placer. Y en todo ca-so satisfacer necesidades psicológicas como seguridad y auto aprecio, sin ninguna referencia a cumplir algún Deber superior o acción contra su propio interés.
El tipo humano del Héroe, vive y ama tan intensamente la Vida que no le importa imponerse una Tarea superior, no egoísta, dominar su interés, para dar a esa vida un sentido digamos ‘extra humano’, como diría Schopenhauer, en tanto que lo propiamente ‘humano’ es el interés propio y el egoísmo.
Personajes que leemos en las sagas vikingas, aquellos griegos que parecen imposibles en Tulcidides, esos espartanos en las guerras médicas o aquellos romanos de una sola pieza de la historia de la etapa Republicana, esos resistentes de Berlín sin esperanza en 1945, los héroes homéricos personajes ideales que reflejaban una realidad, todos ellos hombres pero que parecen más personajes de una Tragedia ideal, aunque sea real, que unían a su valor, su sentimiento y su calidad humana.
En esta época de enanos morales, de mercaderes, que todo lo quieren igual, cuando todo Héroe es presentado como un neurótico, todo genio es un peligroso orgulloso, todo humano excepcional es una sospecha que me-rece ser denigrada, es cuando debemos apreciar el Heroísmo en su pureza.
Podemos soñar en el Héroe, pero cuidado con el ‘anti Héroe’, el bárbaro de las cloacas, el que es ‘especial’ por su miseria moral, el ex-céntrico de la basura, el que se cree diferente pero en realidad lo es por abajo.
Estamos en la era de los anti Héroes, de los ‘famosos’, de los figurines y los millonarios del ‘tener ‘ sin ‘ser’, cuidado con confundir Siegfried con una mezcla del alegre vicioso y el atrevido mercader.
Nuestros Héroes no buscan ganancias sino sacrificio, no son masoquistas, sino alegres héroes que buscan algo superior al mero placer personal.

Ramón Bau

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