miércoles, 15 de mayo de 2013

La Mujer En La Ideologia NacionalSocialista-Jorge Mota

 

LA MUJER EN LA IDEOLOGÍA NACIONALSOCIALISTA


“Para La madre el hijo significa el futuro, la prolongación de la propia vida; de suerte que el amor materno anula, por decirlo así, la dualidad y separación de ambos seres. Otro tanto significa para los varones la comunidad armada, que asegura la casa y el hogar, la mujer y los hijos y, por consiguiente, todo el pueblo con su provenir y su actividad. El Estado es la forma interna de una nación; es la nación cuando está “en forma” Y la historia, en su sentido amplio, s ese mismo Estado cuando lo pensamos, no como movido, sino como movimiento. LA MUJER, EN CUANTO MADRE, ES HISTORIA; EL HOMBRE EN CUANTO GUERRERO Y POLÍTICO, HACE LA HISTORIA”.
(Oswald Spengler, “La Decadencia de Occidente”, Tomo I, p. 185)

NACIONALSOCIALISMO MOVIMIENTO POPULAR.

Para comprender de una manera completa la concepción ideológica del nacionalsocialismo en el tema de la mujer, se debe tener muy presente que el movimiento de Hitler era eminentemente popular. Esta matización es muy importante pues en la mayoría de los países el término “fascista” equivale a un movimiento burgués. Naturalmente esto resulta inexacto –basta tener en cuenta que el propio Mussolini fue un disidente del Partido Socialista- , pero en la práctica muchas veces esto es así.  Fuera de los casos de Alemania –y aun- que en otra dimensión, Argentina-, la mayoría de movimientos “fascistas” están compuestos, en gran medida, de pequeña y media burguesía. La burguesía tiene una actitud paternalista con el problema obrero, carece de política social y su actitud ante los trabajadores manuales está motivada por sentimientos humanitarios y no de justicia aunque, como hemos podido comprobar en España, si bien la actitud no resulta acertada –otorga favores en vez de derechos-, en la práctica el resultado es en ocasiones más satisfactorio que la de otros movimientos calificados de socialistas. Basta comparar los alquileres de los pisos de la época de Franco, con los actuales. El gobierno congelaba los alquileres en beneficio de los inquilinos mientras que los socialistas lo han liberalizado beneficiando a los propietarios. Lo mismo podemos decir en cuanto al despido libre. La política social de la dictadura protegía el trabajo mientras que la de los socialistas protege al capital. Las dictaduras llamadas “fascistas” han tenido también alguna militancia obrera en sus filas, pero su política no ha sido nunca básicamente popular. 

FEMINISMO Y FEMINEIDAD

Con el nacionalsocialismo el problema es fundamentalmente distinto. Los programas y la ideología en el III Reich, eran pensados, exclusivamente para la masa del pueblo alemán. Cuando Hitler habla de Economía dice que le tiene sin cuidado el caviar que puedan comer tres o cuatro mil personas, que lo importante es la producción de carne o patatas; cuando habla de arte, quiere hacer teatros gigantes con capacidad para muchos miles de espectadores, para poder así ofrecer un precio asequible; y también, cuando se habla de la mujer se hace desde el punto de vista de la masa femenina de una nación. Esta matización es importante porque cuando se dice que la mujer es ante todo la madre, ello aparece a los ojos de nuestra época como un signo de “machismo”. Nada más lejos de la realidad. Ejemplos como los de Hanna Reitsch o Leni Riefenstahl son notables. De ninguna manera se impedía a la mujer que actuase en el terreno de los hombres, pero eso no se fomentaba pues no era realmente natural. Era más bien una excentricidad. La política nacionalsocialista hacia la mujer se dirigía a la masa de población, a los miles de mujeres de la industria farmacéutica, a la población campesina, a las mujeres de los talleres y las fábricas. Esas mujeres, algunas de las cuales, muchas, contribuían con su sueldo al mantenimiento de toda la familia, no querían derechos, querían justicia. No pedían poder estudiar una carrera, les bastaba con poder cuidar a sus hijos e incluso con poder tenerlos.  Aún hoy, cuando se ha producido un cambio tan profundo en la sociedad actual, los problemas no han cambiado básicamente. Frente a la mujer política, a la titulada universitaria, a la deportista, coexiste una masa de mujeres que deben disimular su embarazo para poder ser admitidas en una fábrica, que deben instruirse en los medios anticonceptivos para evitar el embarazo antes que el contrato de trabajo sea definitivo, que no pueden tener hijos, o tener más hijos, porque no disponen del dinero o la seguridad de trabajo necesarios para poderlos tener. Madres que desean estar más con sus hijos y no pueden por sus horarios laborales, junto a madres que se buscan trabajos o se instalan en una galería comercial, para pasar el rato, mientras se gastan lo mismo o más de lo que ganan con sus “negocios” o carreras, pagando guarderías, canguros, mujeres trabajadoras que les limpien la casa, comida pre-cocinada, etc. Este es un panorama real y dramático. La madre que maldice al hijo que le ha impedido permanecer en el trabajo que acaba de encontrar, la que se lamenta de apenas poder ver a sus hijos, las que viven en una continua carrera entre el trabajo y la casa, atendiendo a ambas cosas por medio de un esfuerzo muchas veces excesivo y teniendo que aguantar a una caterva de intelectualoides que elaboran doctrinas teóricas en tertulias filosóficas y que quieren convencer a la mujer trabajadora de que el trabajo y no la familia es lo importante...
Imaginemos una cadena de producción en la cual hay que efectuar unas soldaduras a medida que la cinta transportadora avanza. Imaginemos ese trabajo durante 8 hora, sin poder distraerse ni un instante, en medio de una nave llena de ruido y chispas de las soldaduras y comparémoslo con el trabajo en casa cuidando de los hijos y del hogar, y veremos la débil base, sobre la que se asienta la teoría de los “derechos de la mujer”.  Puede argüirse que en III Reich el número de mujeres “famosas” en actividades típicamente propias de hombres fueron pocas, pero si antes hemos mencionado a Hanna Reitsch y a Leni Riefenstahl es difícil mencionar nombres similares en el bando aliado. No conocemos ninguna mujer general, aunque si son famosas las “soldadas” rusas empleadas como carne de cañón. Así pues dejando la demagogia a un lado, dejando teorías y trasladando el tema al terreno de la realidad, podremos comprender e interpretar en su debida dimensión la postura del nacionalsocialismo en el terreno de la mujer. Ante todo el nacionalsocialismo quería una mujer femenina, no intentaba crear “milicianas” con uniformes varoniles y con armas de fuego. El fotografo de Hitler Hienrich Hoffman nos relata una anécdota reveladora:
“Personalmente, no tenía él nada que objetar contra el lápiz de los labios o el barniz de las uñas condenados con tanto desdén por los miembros del Partido. Un día, en medio de una discusión sobre el cabello corto, los elementos conservadores abogaron porque “las mujeres de pelo cortado no fuesen admitidas en las reuniones del Partirdo”. Pero Hitler tomó su defensa.
“Rechazó el uniforme primitivo dibujado para las Bund Deutscher Mädel. Declaraba que en materia de uniforme femenino podíamos seguir el ejemplo de las otras asociaciones... Cuando desfilaron ellas por primera vez ante el Führer, se volvió este hacia mi yerno Baldur von Schirach, que era entonces el leader de la juventud del Reich, y le dijo:
“-Embutidas en esos viejos sacos, esas pobres muchachas repelen las miradas masculinas. ¿Es que se ha empeñado el Partido en crear una raza de solteronas?
“Por orden de Hitler, una modista muy conocida en Berlín dibujó unos nuevos uniformes para las secciones femeninas del Movimiento de la Juventud Hitleriana. Aquellas prendas, más elegantes, fueron adoptadas inmediatamente (1).
De la misma manera, en un importante discurso pronunciado ante los mandos del partido, Hitler expuso la misma idea:
“He luchado siempre contra la forma de vestir demasiado puritana de las muchachas de nuestra Sección Femenina. Siempre he sostenido la opinión de que no hemos de hacer repulsivas a nuestras mujeres, sino atractivas (Risas y aplausos). Han de dar la impresión de que están “sanas”; pero no deben dar la impresión de ser, digamos, demasiado primitivas. En el vestir no hay que retroceder de pronto a la Edad de Piedra (aplausos). Hay que mantenerse precisamente en la época en que vivimos. Mi opinión es que si se ha de confeccionar un abrigo, también este abrigo se puede hacer elegante, que no por ello va a resultar más caro. Y una blusa puede tener también un corte bonito. ¿Por qué una muchacha que le guste ir bien vestida ha de encontrar en mi dificultades? ¿Para qué...? ¿Es que realmente hay algo repugnante en el hecho de que se vista para aparecer bonita? A fuerza de ser sinceros, hemos de decir que a todos nos agrada verlas bonitas (aplausos). Y creo que, precisamente por tratar a la mujer con delicadeza, la llevamos así a su esfera más natural; así las llevamos al terreno que le corresponde. Al fin y al cabo, su misión no consiste sólo en “embellecernos” la existencia, sino que llegará el día en que traigan al mundo niños hermosos, con lo que serán la promesa más segura de que mañana tengamos un pueblo sano” (2).

LA MATERNIDAD

Aquí se plantea pues el tema más debatido y criticado sobre el concepto de la mujer en el nacionalsocialismo. ¿La mujer ha de ser básica y exclusivamente madre? Realmente esto no es ni mucho menos así para el nacionalsocialismo, pero es indudable que la maternidad es el objetivo prioritario, aunque desde luego ni mucho menos el único. Pero ser madre implica muchas obligaciones y entre ellas la de la educación del hijo. Una madre inculta, sin inquietudes, sin sensibilidad no resultaría apropiada. Así pues, la mujer debe estudiar, debe tener una formación completa y general y una cultura extensa. De ello depende fundamentalmente el futuro. Muchas habrán escuchado la norma de las tres “K”, Kirche, Kuchen y Kinder (Iglesia, Cocina, Niños) , sin embargo el significado real de estas tres “K” era Kirchen, Kultur, Kinder, es decir Iglesia, Cultura, Hijos. Esto no quiere decir que fuese parte del programa. Era una expresión popular que la propaganda ha tergiversado.
“La revolución nacionalsocialista dio a las discusiones existentes desde hace años sobre la posición y el campo de actividades propio de la mujer en el conjunto nacional, una dirección muy determinada: la mujer es la madre, que da al pueblo nuevas generaciones. Mantiene unida la familia. Su principal tarea consiste en la crianza y educación de los hijos.
“Esta decisión parece ser ante todo de naturaleza heredobiológica y racial, y así es en realidad. Sobre todo lo demás se encuentra el interés de la nación por tener hijos sanos, aptos y capaces, que sean los portadores de la vida del pueblo en el futuro. Pero esa determinación aparentemente biológica de la mujer implica un factor espiritual. En tanto la familia coloque las bases permanentes de todo ulterior dominio de la vida por la joven generación, se requerirán las energías espirituales de la mujer. Pero si la mujer, para ser guardiana de la familia, ha der ser algo más que esto, entonces, junto a esta trascendental misión, se plantea el problema de la educación de la mujer para esta misión” (3)

LA FAMILIA

En este texto sencillo, corto y elemental se pueden distinguir pese a todo dos aspectos fundamentales. La mujer debe mantener unida la familia y educar a los hijos. ¿No resulta absurdo preconizar por un lado la actividad laboral de la mujer, y después crear legiones de psicólogos que deben educar a los jóvenes desarraigados inmersos en el mundo de la droga y del alcohol? No resulta muy aventurado predecir que en una familia en la cual la madre pueda estar muchas horas con sus hijos y haya seguido cursos de psicología –ya que ahora está tan de moda el término- y posea una formación cultural extensa, con inquietudes por diversos temas que puedan transmitir o discutir con sus hijos, es poco probable que se produzcan esos casos de jóvenes cansados de la existencia, que desean vivir a “tope” aunque sea por un corto período de tiempo. Suicidas a cámara lenta que son conscientes de su suicidio, pero que no encuentran un motivo mejor para vivir.
Hace algún tiempo un importante modisto me decía que el padre es un invitado en la familia. Que cuando el padre abandona la familia todo queda igual, pero que cuando es la madre la que lo hace, se produce un problema profundo y a veces irremediable. En este orden de ideas la misión de mantener unida la familia es fundamental y a ella destina el nacionalsocialismo importantes esfuerzos. ¿Qué mejor que tener un psicólogo en cada familia en vez de llenar de consultorios toda la nación? Consciente de esta misión el Partido Nacionalsocialista, una vez llegado al poder, tenía como importante misión contribuir a la unidad familiar.
“...difíciles de tratar son las personas caracterizadas con el concepto común de “asociales”  porque se adaptan sólo difícilmente a la organización social y constituyen por ello un peligro para toda la comunidad. Cuando tienen todavía un fondo sano y están por ello aún en condiciones de mejorar, representan un importante objeto de la educación nacionalsocialista. La asistencia pública no tiene ya desde hace tiempo ninguna posibilidad a su favor. Pero el Partido dispone aún de algunos medios eficaces para su salvación para la comunidad. Una familia de esta clase se encuentra en la gran ciudad; calle oscura, piso interior mas oscuro aún; no paga el alquiler o lo paga con retraso; abandona a los hijos. La primera misión del grupo local de beneficencia nacionalsocialista es la vigilancia de esta familia; después impone una curadora que se esfuerza en poner en orden la casa y el cuidado de los hijos y en educar a los padres en el cumplimiento de sus deberes. El Partido se pone de acuerdo con el taller donde el marido trabaja para que el alquiler sea enviado directamente al casero, sin pasar por las manos del marido... En forma parecida se procede con los alcohólicos, que abandonan a sus familias y no cumplen con sus deberes de manutención de los suyos. En otros países se considerarían suficientes las medidas de policía; la asistencia nacionalsocialista se esfuerza en conseguir que los descarriados vuelvan al buen camino, asegurando primero la existencia de la familia. El grupo local del Partido se encarga, en el acto, de la protección especial de la familia y de ocurrírsele al marido embriagado maltratar alguna vez a la mujer y a los hijos, los hombres del grupo intervendrán sin demora con toda su autoridad. Más importante aún es el trabajo educativo, que toca al hombre en su amor propio y se esfuerza en devolverle al sentimiento del deber. Como se ve, se trata de algo más que de medidas oficiales (4)
Es fácil y simple comprender que del buen funcionamiento de la familia y de lo sólidamente que esté formada, depende toda la nación. Una cadena es tan fuerte como su más débil eslabón, dice un famoso lema alemán. Es evidente que los cimientos garantizan la estabilidad de la casa, pero aunque ello resulta evidente para todo el mundo, los sistemas capitalistas y comunista se esfuerzan en querer construir un edificio sólido sobre arenas movedizas, pues no de otro modo pueden calificarse a una gran mayoría de familias actuales. La frase tan oída de “en mi casa hago lo que quiero” o “esto es mi vida privada”, no resiste un sólido análisis. No existe ningún ser humano capaz de subdividirse y ser el Dr. Jekyll y Mr. Hyde al mismo tiempo. Quizá como la famosa novela,  eso pueda conseguirse por medio de una droga, pero no por conductos naturales. No puede esperarse de ningún ser humano de este planeta que pueda ser diferente en el trabajo, en la familia o en cualquier otro ámbito de actividad. No es posible que una persona los días festivos se emborrache, pegue a su mujer, gaste el dinero en el juego y durante las horas de trabajo sea una persona serena, honrada y respetuosa. La estabilidad de una nación se apoya en la estabilidad de las familias que la forman y, parodiando a Fichte, esto es así y es así porque así es.



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