miércoles, 17 de julio de 2013

La Iglesia Catolica Y el Holocausto



LA IGLESIA CATOLICA Y EL HOLOCAUSTO

Vamos a hacer un breve comentario de base sobre el tema que trata el libro de Jonah Goldhagen sobre ‘La Iglesia católica y el Holocausto’, donde acusa al antisemitismo cristiano como la base de todos los males.
Libro del mismo autor de ‘Los verdugos de Hitler’ donde exponía que el régimen de Hitler fue tremendamente popular y por tanto que los alemanes fueron ‘culpables’ del pretendido ‘Holocausto’ al favorecer y apoyar la deportación.
Hay dos grandes problemas respecto a la posición de la Iglesia, o mejor del cristianismo, respecto al llamado ‘Holocausto’:
1- El llamado antisemitismo cristiano.
2- La posición de ‘silencio’ de la Iglesia ante el tema del holocausto durante la guerra y después de ella.

1- El llamado anti-semitismo (mal llamado) cristiano viene de muy antiguo, antes de la revuelta protestante, que por otra parte no dejó de tener una clara denuncia del judaísmo desde el propio Lutero en adelante. Por tanto no podemos hablar de ‘antisemitismo católico’, sino en todo caso ‘anti judaismo’ cristiano.
Viene de tan antiguo como el Evangelio, y tiene dos grandes bases:
a)- El Evangelio. La descripción evangélica de la vida de Cristo es la base de la real posición ‘anti-sionista’ del cristianismo. No anti-judía, pues si se leen los evangelio con detalle la idea clara es que los ‘malos’ son los fariseos y saduceos, el sanedrín sionista... no el pueblo judío al que el propio Cristo apoyaba, predicaba y alaba.
Por tanto la raiz última y más esencial es el relato anti-sionista (tomando la terminología actual) del Evangelio, o sea de la propia palabra de Cristo para los cristianos.
La propuesta del sionismo actual es tratar de falsificar el propio Evangelio, proponiendo que la ‘culpa’ es común, de toda la humanidad, no de los fariseos y saduceos. O sea cambiar el texto Evangélico, que para un cristiano en palabra divina.
En realidad, a nivel teológico, es cierto que los fariseos y saduceos son solo la ‘punta de lanza’ del Mal, del pecado general por el que Cristo viene a redimir a la humanidad. Así pues la Pasión de Cristo no es producto solo del sionismo sino del Pecado general de la humanidad, representado y personificado en su máxima expresión en el fariseismo evangélico.
Y así mismo esta es la posición lógica: el cristianismo no es anti-judío, sino que combate el pecado del mundo, y dentro de ese pecado, de esa conducta repulsiva del hombre, el sionismo es su parte más indigna, no su totalidad.
Por tanto no existe una posición ‘racista’ en el Evangelio contra la raza judía, sino contra el poder sionista (fariseo-saduceo-sanedrínico en su expresión de entonces). No hay nada que cambiar ni perdonar, en todo caso solo es preciso explicar bien el tema.

b)- El anti-judaismo cristiano se desarrolla históricamente no por mera raiz evangélica, pues muchos apóstoles eran judíos, y en general su vida inicial se desarrolla en Jerusalem, en las propias Sinagogas, entre judíos de forma exclusiva hasta el Concilio de Jerusalem I, donde se determina la no necesidad de circuncisión (propuesta por Pablo de Tarso) y la extensión cristiana al mundo goim.
Por tanto si leemos los ‘Hechos de los Apóstoles’ veremos que el inicio de la agresividad nace del mando religioso-.político judío, que persigue, combate y asesina si puede a los cristianos iniciales. Se lee claramente como la Sinagoga oficial organizó la persecución a los cristianos, fomentó su denuncia a las autoridades paganas romanas o locales. Esta posición es la que provoca la reacción anti-sionista del cristianismo desde el inicio, que se materializa a partir del siglo II en textos y acusaciones ya concretas cristianas contra el poder de la Sinagoga.
El enfrentamiento de la Sinagoga contra el cristianismo ha sido permanente, total, y mucho más radical en su odio e insidia que el de los medios cristianos contra la Sinagoga. Pero evidentemente las consecuencias de ese enfrentamiento han sido sangrientas para ambos grupos: los judíos sufrieron progroms y los cristianos la usura.
Así pues el perdón debería pedirse inicialmente por el poder sionista, por la condena y asesinato de Cristo y por la persecución anti-cristiana inicial. Y solo luego podría pedirse excusas (dentro de esa manía actual de excusarse todos) de las consecuencias de esa posición inicial.
Juan Pablo II, presionado por el poder político, pidió ya perdón oficialmente por los desmanes que la Iglesia hubiera podido fomentar contra los judíos. Creo que, contra lo que dicen muchos NS, esa petición de perdón es justa, o sea es razonable desde una visión cristiana pura. Si se han cometido, y así ha sido en algún caso, errores y excesos por culpa de la Iglesia en algunos momentos, es justo pedir perdón, incluso cuando el culpable de otros crímenes y excesos no lo haya pedido a su vez. El cristianismo enseña a ser generoso, en exceso según mi propia visión, y prefiere reconocer las culpas aunque el ‘adversario’, no haya reconocido las suyas, posición que muestra generosidad de corazón (quizás excesiva, debilidad en muchos caso), frente a la insidia y dureza del sionismo que jamás ha querido reconocer sus crímenes, como todo buen malvado de corazón.
Veamos un caso reciente: el cardenal judío Lustiger se ha opuesto a la beatificación de Isabel la Católica, debido a su decreto de expulsión de los judíos. Hay muchos Santos que han sido profundamente anti-judíos, con escritos muy duros al respecto. Pero la situación política actual hace que sea mejor santificar a una monja judía, Judith Stein, que editaba propaganda anti NS y por ello fue a un campo donde murió de tifus, que santificar a una reina que expulsó a los judíos de España.
Mi opinión puramente personal es que realmente la expulsión de judíos de un país no es un acto como para ser santificado. Puede ser comprendido e incluso podría juzgarse históricamente (o sea con la mentalidad de la época) como normal, pero no es como para santificar a nadie. De la misma forma que una monja que en plena guerra hace política parcial (no humanitaria sino políticamente implicada) y muere por ello tampoco es un ejemplo de santidad.
Pero... “¡Ay del vencido!” dijo ya Cesar.

2- La posición de la Iglesia católica respecto a los hechos de la II Guerra Mundial y los judíos es un tema que debe entenderse desde una base inicial clara: La Iglesia no es un centro de Historia, y por tanto su posición en este tipo de temas no es ‘teológica’ sino puramente política u ocasional. No se trata de un tema teológico o religioso sino de una mera posición temporal.
La Iglesia no tuvo nunca noticias o conciencia de una voluntad de exterminio contra los judíos por parte de Alemania, entre otras cosas porque esa voluntad no existió.
Tuvo clara conciencia de excesos y crueldades en los campos de concentración alemanes, y sin duda los denunció a menudo, pero también tenía conciencia de los aun mucho mayores crímenes anti cristianos que se cometieron desde antes de la guerra en la URSS y en las zonas de poder comunista, y que los alemanes protegían al cristianismo en esas zonas.
En una palabra la Iglesia condenó siempre la brutalidad de la guerra, pero no tuvo nunca la idea de que en Alemania se quisiera cometer una matanza generalizada racial. La deportación la lamentó pero como tal deportación, no como una ‘llevada a matadero’, cosa que no era así.
Algunos obispos habían aceptado que una deportación para crear un estado judío podía ser aceptada por la moral cristiana si esa deportación se efectuaba de forma no violenta y sin denigrar la persona humana (cosa que la guerra no permitió). La posición de la Iglesia fue siempre condenar toda violencia o injusticia, dejando libertad para arreglar las ‘patrias’ o ‘naciones’ según la voluntad política de cada momento, tema que no es de su incumbencia.
Una vez en guerra la iglesia no podía hacer nada, condenar la guerra era lo único, pues tratar de que en una guerra se hagan las cosas sin violencia es como pedir peras a un olmo.
Por ello para la Iglesia siempre fue mucho peor la violencia anticristiana comunista, realizada en la paz y sin una causa militar o un ambiente de violencia externa. La persecución comunista contra el cristianismo, fomentada por muchos judíos comunistas, es muy anterior a la guerra mundial, y se llevó a cabo en muchos paises, y no se refería a deportaciones sino a asesinatos masivos. La quema de conventos en España es anterior a la guerra civil, por ejemplo.
Por tanto, en resumen, la Iglesia calló lo que no conocía, porque no existía. Y condenó siempre los malos tratos o violencias, matanzas, etc... que conocía y que consideró siempre como algo repugnante propio de la guerra en general y de todos los bandos.

Tras la guerra, la iglesia se encuentra con gobernantes masones y marxistas, con los que debe convivir, y es humano, indigno pero humano, que trate de ‘hacerse perdonar’ su posición justa anterior mediante los medios que puede: resaltar y santificar los muy poco sacerdotes muertos en los campos (por delitos de acción y propaganda anti NS, no por ser sacerdotes), y en cambio olvidar o no resaltar los miles y miles de cristianos asesinados y torturados por los marxistas o masones. Eso es repugnante pero muy acorde a la política que siempre la Iglesia ha llevado de contemporanizar y adular al que manda. No es teología, es pura política.
Los errores de la Iglesia en temas políticos no son algo que condenen al cristianismo sino que solo desprestigian a los hombres que llevan en ese momento la Iglesia
Con este texto, escrito por alguien que no es cristiano, pretendo solo hacer ver que el cristianismo y el NS no son incompatibles en su comprensión de los temas.

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