miércoles, 21 de agosto de 2013

Contra La Viviseccion:Tortura De Los Animales






CONTRA LA VIVISECCION: TORTURA DE LOS ANIMALES

Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los animales.” Friedrich Nietzsche

Uno de los muchos temas olvidados y casi tabú en nuestros días es el maltrato y asesinato sistemático de animales, esto es, la vivisección.
Crueles investigadores torturan psíquica y físicamente a animales en el curso de innumerables experimentos que son llevados a cabo en laboratorios a lo largo y ancho del mundo, hasta el punto de que llegan a morir nada menos que medio millón de animales cada día, por la sádica curiosidad de averiguar cuánto tardan en morir si se les aplica tal o cual tortura, o para ver cómo reaccionan a tales shocks, venenos, traumas, mutilaciones, etc, esperando que de tales experimentos puedan extraerse conclusiones válidas y aplicables para el hombre. Por supuesto, la mayoría de las veces ni siquiera son anestesiados.
Los animales que tan útiles nos son y han sido siempre desde tiempos ancestrales de otras formas, que tantas veces han ayudado a los humanos a salvar la vida, reciben así el agradecimiento de nuestros gobernantes y parlamentos en todos los países del mundo, sin que ni siquiera su dolor haya servido a sus torturadores para aportar dato alguno de relevancia a la medicina.
Eduard Diógene, farmacéutico del Hospital Universitario catalán de la Vall d'Hebró, nos advierte: “Los estudios toxicológicos con animales de experimentación son pruebas legales de obligado cumplimiento en todos los países, a pesar de que no pueden hacerse extrapolaciones directas a los humanos porque su valor predictivo es muy bajo. Por ejemplo, la prueba DL50 es inútil.” Carl Jung también observó que durante su educación médica en la Universidad de Basilea encontró la vivisección horriblemente bárbara y, sobre todo, innecesaria.
Escribía el presidente de la Liga Internacional de Médicos por la Abolición de la Vivisección, Dr. Vernon Coleman: "Hace muchos años que me opongo a la vivisección; no sólo porque es increíblemente bárbara e imperdonablemente cruel, sino también porque resulta inútil, estéril, inadecuada, carente de resultados formativos y peligrosamente engañosa."
Pero infligir dolor a los animales es una costumbre milenaria. Desde tiempos inmemoriales, algunos pueblos gusta de sacrificar reses de la manera más horrenda y dolorosa; les abren la garganta con un cuchillo y luego esperan a que en medio de espantosos sufrimientos mueran desangrándose. En la actualidad hay, aparte de esos modos ‘rituales’ de matanza, otros grupos de amantes del derramamiento de sangre, como los fanáticos de las peleas de perros, algunos cazadores y los que disfrutan con las corridas de toros.
Las religiones también han tenido un papel activo en lo que respecta al trato para con los animales y la vivisección. Con el puritanismo religioso de diversos cultos de no profanar cadáveres, ni siquiera los de indeseables delincuentes y asesinos, se prohibió la experimentación con estos cuerpos y se favoreció en cambio la experimentación con animales vivos, muchísimo menos fiable que aquélla, contra lo que pudiera parecer.
Por el contrario, las creencias reencarnacionistas de ciertas religiones han hecho que sus prosélitos amen a los animales como si fueran casi un alter ego, porque cuando ven una rata o un pájaro saben que puede tratarse de la reencarnación de algún ser querido muerto o simplemente de una buena persona. Los hombres de la Iglesia han estado, por su parte, divididos en dos posturas: los que decían que los animales también eran criaturas de Dios (con San Francisco como ejemplo máximo), y los antropocentristas que se creían con derecho a tratarlos como objetos ya que la especie humana es la Reina de la Creación y los animales no tienen alma (!). Razón de más, pues si no tendrían alma, al estar privados de esta forma de la vida eterna, habría que procurar hacerlos felices en la terrenal.
Idéntica es la incoherencia de los argumentos que los defensores de la vivisección esgrimen. Nos dicen que los animales en realidad no sufren porque carecen de sensibilidad, que son como las máquinas, y a la vez nos dicen que estos experimentos sirven para extraer a partir de las reacciones de su sistema nervioso conclusiones aplicables al sistema nervioso de humano. Con esto, no sólo están admitiendo que sí tienen sensibilidad, sino que además van más allá y quieren hacernos creer que todas las especies son iguales, y que lo que es válido para una también lo es para las demás.
Las teorías en las que pretenden ampararse los vivisectores según las cuales los animales no tienen inteligencia ni sentimientos caen por sí solas. De hecho, incluso la experimentación misma con animales ha derribado sus mitos. De las pocas cosas que se ha podido sacar en limpio con esta práctica criminal, es que algunos animales, antes de verse sometidos al enorme dolor que les causan con estas pruebas, prefieren suicidarse si se les presenta la ocasión. Así como también ha quedado demostrado que es posible morir únicamente de dolor. Y, tal como dice Joaquín Bochaca en su magistral obra sobre la experimentación y maltrato a los animales La vivisección; crimen inútil (Ediciones Nothung): “Precisamente la excusa de los vivisectores para justificar su conducta hacia los animales consiste en proclamar que éstos no tienen sensibilidad ni inteligencia. Si tales vivisectores y sus apólogos tuvieran algo, no ya de sensibilidad e inteligencia, sino simplemente de sentido común, se darían cumplida cuenta del contrasentido en que incurren cuando, por una parte, comparan las reacciones fisiológicas, psicológicas y nerviosas de los animales con las del hombre, y por otra pretenden que ellos pueden hacer con los animales lo que les plazca porque los animales no sufren.” (p. 13)
Por otra parte, cualquier persona que haya disfrutado alguna vez de la compañía de algún animal, sin duda habrá visto infinidad de ejemplos de algo que no tiene otro nombre más que inteligencia. Es más, gracias a la observación, que frente al fracaso de la vivisección ésta sí ha dado grandes frutos, se ha podido constatar que todas las especies, razas e individuos poseen distintos grados de inteligencia. ¿Cabe prueba más irrefutable de que, efectivamente, sí poseen inteligencia? 

 
Asimismo, la propia vivisección ha demolido también el mito de la igualdad. Como dijo el doctor Kenneth Starr, doctor de la Unidad Especial para la investigación y el Tratamiento del Cáncer de Australia: "No es posible aplicar a la especie humana información experimental derivada de la inoculación del cáncer en animales". Pues bien, el cáncer lleva dos siglos de historia torturando incontables millones de animales para demostrar continuamente la inutilidad de ese proceder.
Y como con el cáncer, lo mismo ocurre con las demás enfermedades. Una misma enfermedad puede tener características diferentes en cada especie. Lo que en unas especies produce ciertas reacciones, en otras es inocuo; lo que es mortal para unas, para otras no lo es en absoluto. ¡Incluso se llega al extremo de que lo que cura cierta enfermedad en unas especies, en otras provoca esa misma enfermedad a los individuos sanos! Y muchas veces, aún cuando la vacuna o antídoto sea efectivo contra la enfermedad para la que está destinado, provoca otros males aún peores, los famosos efectos secundarios, cuya magnitud difícilmente puede ser previsible. Y esto sucede no sólo entre las especies, sino también entre las razas de cada una de las especies. Y, ya en menor medida, tampoco los individuos responden igual ante las mismas enfermedades o vacunas. Siempre es emocionante recordar preciosos ejemplos de valor y altruismo a lo largo de la historia europea en que muchos médicos importantes experimentaban sus vacunas en sí mismos.
De esta forma, la vivisección, a lo largo del tiempo, se ha cobrado (aparte de los innumerables millones de animales sacrificados para nada) cientos de miles de vidas humanas por haber sido colocados en el mercado medicamentos que eran efectivos en alguna otra especie animal, pero que resultaron nocivos para la nuestra. El cloramfenicol, el isoproterenol, el paracetamol, la metaqualona, el orabilex, etc., medicamentos que se suponía que curaban enfermedades no necesariamente importantes o dolorosas, han causado, aparte de todas estas muertes, importantes daños y secuelas, presumiblemente heredables, peores que los síntomas de la enfermedad que curaron o no curaron. El profesor Fickentcher, del Instituto Farmacológico de la Universidad de Bonn, dice: “Normalmente, los experimentos en animales no sólo fallan en su intento de contribuir a la seguridad de los fármacos, sino que tienen el efecto contrario.”
La vivisección también ha podido cobrarse la vida de otros tantos cientos de miles y millones de humanos de la forma inversa. Vacunas importantísimas estuvieron a punto de perderse y muchas que se habrán perdido o habrá sido retrasado su descubrimiento (como, de facto, sucedió con algo tan elemental como la anestesia) porque, aunque sean efectivas para el ser humano, no lo son para los animales en que se experimentaron. En el caso de la Penicilina, su eficacia se descubrió porque en lugar de probarse en el tipo de ratas habitual para tales experimentos, en las cuales la vacuna no habría sido efectiva, se probó en otro tipo de ratas en que sí dio resultado.
Pero la tesis de la citada obra de J. Bochaca va mucho más allá, desmonta el entramado que se esconde detrás de la actual industria de la medicina, que motiva el aumento de enfermos y enfermedades, el deterioro y rebajamiento de la calidad y la salud humana relacionado con la eliminación de la segregación de los bancos de sangre por criterios raciales, la prohibición de algunos medicamentos inocuos y hasta efectivos como el Laetrile (y posiblemente también el Bio-Bac, por citar un ejemplo de actualidad), y el retraso, de años y décadas, en retirar del mercado a otros nocivos pero más caros. De hecho, hay muchos medicamentos que se siguen recetando y que se sospecha que son cancerígenos. Tal como escriben los doctores Herbert y Margot Stiller, “prácticamente ningún experimento con animales se basa en una base científica, ya que no poseen validez o fiabilidad. Son una especie de coartada para las compañías farmacéuticas, las cuales esperan protegerse de este modo.”
Pero sobretodo: incluso con ‘utilidad’, el dolor y la tortura no pueden ser usados tan alegremente incluso si son ‘útiles’ para el hombre. es además de un tema de utilidad, un tema de ética y estilo.
También se ocupa de los antibióticos y del abuso que de ellos se hace. Tal abuso trae consigo consecuencias desastrosas, como, por ejemplo, el debilitamiento de nuestro propio sistema inmunológico, cual músculo que se atrofia por falta de uso, y, además, el fortalecimiento por mutación de bacterias causantes de diversas enfermedades, que a su vez ocasiona el resurgimiento de algunas de ellas y agravamiento de otras poco importantes que habrían desaparecido por sí solas. A la larga matan más gente de la que curan; pero, por desgracia, las masas no son capaces de asociar más hechos que los que se suceden a corto plazo. Y los medios de comunicación nunca llevan la contraria al poderoso lobby del dolor, sumiendo en el completo silencio a sus retractores y en la mayor ignorancia a la sociedad. 

 
¿Quién está detrás de todo ello? La respuesta no es simplemente lo más visible. Hemos de pagar millones, millones y más millones de euros en nuestros impuestos, tanto el ciudadano desconocedor de esta industria del dolor como los que la repudiamos, para sufragar los gastos de estos inquietos científicos.
Sin embargo, los investigadores son sólo los instrumentos de quienes manejan el negocio, y éstos a su vez están sujetos a una instancia aun superior.
En toda la Historia, solamente ha habido un gobierno que ha prohibido la práctica de la vivisección (ya sea con o sin anestesia): el Reich nacionalsocialista de Adolf Hitler. De hecho, muchos de los dirigentes nazis, entre ellos Hitler, eran vegetarianos éticos, al igual que algunos de sus precursores ideológicos, como el compositor y escritor Richard Wagner.
Un famoso autor ecologista francés, Luc Ferry, de ideología liberal, autor de El nuevo orden ecológico (Tusquets Editores, 1994), montó un gran revuelo hace unos años con su libro por dedicarle un capítulo a la Ecología del régimen de Hitler. Ferry es un profundo anti-nazi, pero admite que las leyes más protectoras con la Naturaleza son las del nazismo. De hecho, tras recibir el poder, Hitler ordenó inmediatamente la elaboración de una ley de tales características, convirtiéndose su régimen en el único gobierno que ha prohibido la vivisección en toda la Historia mundial, práctica que se volvió a retomar en Alemania tras la ocupación en 1945 por las potencias capitalistas y marxistas.
La ecología nazi tiene doble mérito, ya que no sólo es la mejor y más firme que ha existido, sino que además se llevó a la práctica en una época en la que nadie hablaba de protección a la naturaleza y cuando era totalmente desconocida la misma palabra “ecología”. Recordemos que el movimiento ecologista surge en la década de los 60, sin que llegue a cobrar fuerza significativa hasta los años 80.
Otro famoso autor ecologista, Levy-Strauss, también anti-nazi, dice abiertamente que los nacionalsocialistas fueron los primeros ecologistas. De no ser el nacionalsocialismo una ideología maldita por los medios de masas, no existirían infinidad de tabúes entre los que se cuenta éste, y Hitler, así como Goering, Darré, Frick, Hess y demás dirigentes nazis, habrían pasado a la historia como tales.
En España la ecología fue impulsada por la relativamente famosa organización nazi CEDADE (Círculo Español De Amigos De Europa), nacida en 1966. CEDADE dedicó artículos a los incendios provocados, a la lluvia ácida y reclamó la protección de las ballenas.
En el caso de Joaquín Bochaca, sí estamos ante un escritor nazi. Y por lo tanto, su obra no es nada fácil de conseguir. Él, por su parte, escribe sobre el tema: “En la Alemania nacionalsocialista, la salud pública alcanzó unos grados a los que no había llegado antes ni llegó después. (...) Y estos resultados se lograron sin recurrir a la Vivisección.”
Y, efectivamente, no es casualidad que en la Alemania Nacional Socialista hubiese tal salubridad. Algunos argumentarán que ello se debió a las medidas eugenésicas que tomaron los nazis para el pueblo alemán. Y claro que gran parte de su salud se debió a ellas, pero tengamos en cuenta que hablamos de sólo 12 años en el poder, ni siquiera una generación entera. No es tiempo suficiente para explicar tan abismal diferencia por sí solo, tuvo que haber más factores. Sin duda, la prohibición de la vivisección fue uno de ellos.
No es de extrañar tampoco encontrarnos con datos tan apabullantes como que en Alemania, desde la desaparición del Tercer Reich, en sólo 25 años haya aumentado cerca de 165 veces la cifra de niños nacidos con malformaciones.
La escritora Rosa Sala también observa en su Diccionario crítico: “Se puede atribuir a la medicina del Tercer Reich el mérito de haber sido la primera en demostrar de manera fehaciente la existencia de una vinculación entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón gracias a los estudios de Franz H. Mülles (1939) y de Erich Schöniger y Eberhard Schairer (1943). (...) La consecuencia de todo ello fue que los nazis llevaron a cabo la campaña antitabaco más agresiva de la historia moderna. Los carteles de “Prohibido fumar”, que por entonces aún no formaban parte del paisaje cotidiano, proliferaron en todos los edificios públicos, especialmente en las salas de espera, dado que se había intuido ya el riesgo del tabaquismo pasivo. La propaganda no dejaba de recordar que ni Mussolini, ni Hitler, eran fumadores, mientras que Churchill y Stalin [y Roosevelt] lo eran de forma notoria. La preocupación por los peligros del tabaco en los jóvenes llegó a extremos grotescos”.
Por último, Bochaca nos recuerda que hay medios alternativos a la vivisección y de mayor fiabilidad que los tests Draize y LD-50, que son los más conocidos de estos desconocidos procederes. “Rüsch propone, por su parte, la alternativa lógica: El tejido humano, obtenido en las biopsias, los fetos abortivos, los cordones umbilicales, las placentas, etc. pueden ser utilizados en la investigación médica y son de una utilidad particular en la inmunología y toxicología, que es donde más se usan los animales en la Vivisección. Otras áreas de aplicación son la cancerología, embriología, endocrinología, genética, patología, farmacología, virología y teratología (estudio de la malformación del feto). Muestras de tejidos tomados en las autopsias de los miles de personas que mueren a diario pueden servir para estudio de prácticamente cualquier enfermedad y en cantidad muy superior a la que se necesite. Pero, claro, esas muestras humanas serían gratuitas, y en torno a ellas no podría montarse un colosal negocio. Además, se correría el riesgo de llegar a resultados positivos; el número de enfermos disminuiría y entonces el negocio dejaría de serlo para volver a ser lo que nunca debió dejar de ser: un apostolado.”
Es nuestro deber de cada uno concienciar al mayor número de personas de estos crímenes que son llevados a cabo, ya que son “unas prácticas que -incluso en una época tan despiadada e inhumana como la actual- de ser conocidas por el gran público provocarían el repudio general”.
Por otra parte, es curioso que usemos el adjetivo "humano" para designar a algo solidario, benévolo o compasivo; en contraposición de "inhumano". Sin embargo, los humanos tienen más de bestias salvajes que las propias bestias salvajes, y los animales muestran aspectos más humanos que los propios humanos. Frente a quien comete adulterio, los animales son en su mayoría monógamos, frente a quien caza por placer, los animales matan para comer, frente a la madre que no quiere a sus hijos, los animales son sumamente protectores y, además, demuestran una fidelidad al amo que le lleva a anteponer la vida de éste a la suya para vergüenza de muchos humanos materialistas y/o que no son capaces de amar a nada más que a su propia persona.
Para terminar, un último consejo: más vale prevenir que curar, no sólo para evitar el daño que provoque la enfermedad, sino para evitar sobre todo el de sus curaciones, que pueden ser peores. No toméis ningún fármaco, salvo caso de fuerza mayor.

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