martes, 20 de agosto de 2013

Somos Una Docil Majada De Ovejas Seguimos Hacia El Abismo


COMO UNA DÓCIL MAJADA DE OVEJAS SEGUIMOS HACIA EL ABISMO
Por Patria Argentina, Santiago Roque


Publicamos este texto sobre Argentina, pero que podría ser transpuesto totalmente a España y a los demás países demo-capitalistas actuales.


Ninguna de las apreciaciones que formulara antes de las elecciones y en los dos meses posteriores, han sido desmentidas. El 28 de junio "nada iba a cambiar" y efectivamente, "nada cambió". Los hechos lo comprueban.
Los Kirchner, a pesar de resultar "perdedores", han vuelto a ocupar el centro del ring con apenas unos pocos amagos y fintas. La oposición supuestamente "victoriosa" ha desaparecido y desertó del magnífico rol que se auto-asignaba a partir del mes de julio en adelante.
La que debería haber sido la primera derrota kirchnerista, tan anunciada por la oposición y bandera de lucha de los sectores agropecuarios - la revocación de los "superpoderes"- no sólo ha sido prolongada, sino que además se convalidaron las retenciones que "distraídamente" había introducido el Congreso para un sector de la Prov. de Buenos Aires.
Pero los Kirchner no terminaron ahí. En apenas una quincena se alzaron con el futbol y, consecuentemente, se aseguraron del control del "circo" mediante su manipulación política durante el próximo Campeonato Mundial en Sudáfrica y de lo que resta hasta el 2011. Y para no pecar de tímidos, están empeñados ahora en imponer una Ley de Medios Audiovisuales, con la intención de traspasar el poder mediático del monopolio Clarín a un eventual monopolio de las "telefónicas", en el que seguramente tendrían algún interés económico, pero que no debe desecharse de que también incluya algún tipo de sociedad política con los intereses anónimos de dichas multinacionales, vaya a saber con qué fines inconfesables.
En síntesis: los Kirchner "perdieron las elecciones" pero inexplicablemente - por abandono o complicidad de la "oposición"- volvieron a "recuperar el poder", tal vez con una cuota mayor al que poseían antes del 29 de junio.
En última instancia, la actitud vergonzante y vergonzosa de de la supuesta "oposición" en estos dos últimos meses, nos confirman cada vez más que no estamos nada equivocados cuando sostenemos que “son todos socios"; no solo porque viven de una ficción en la que no creen ("la democracia"), sino porque indudablemente estarían unidos por el hilo conductor de las "efectividades conducentes" de las que hablaba H. Irigoyen (los negociados y el dinero del Estado del que usufructúan).
¿Qué futuro tiene la Argentina?
Con estas realidades tangibles y concretas de las que somos testigos todos los oras ¿Qué futuro tiene la Argentina? Ninguno, excepto el de profundizar su decadencia.
Me gustaría afirmar que tenemos un futuro de promisión, floreciente, esplendoroso. Pero de continuar la actual tendencia, no puedo imaginarme otro futuro que no sea el de la disolución como Nación.
Usted, seguramente, me estará calificando de pesimista. No, absolutamente. Por favor, piense y déme las evidencias positivas y fundadas que me permitan alentar el optimismo. ¿En qué hechos concretos se basa para ser optimista? No los time. Bueno, entonces usted no es optimista, simplemente es voluntarista. Ésta es una forma disfrazada, falsa y muy engañosa del optimismo. En realidad, lo qiie usted alienta es el deseo de que las cosas sucedan según lo que a usted le gustaría o quisiera o le convendría que pasaran.
¿Qué se puede hacer para impedir que la tragedia Argentina se profundice?
A mi criterio muy poco. Porque el mismo Sistema o Régimen - a través del apoderamiento del Estado - es el que ha creado las condiciones que nos condujeron a esta situación y lodos los días trabaja en el mismo sentido para asegurar el ejercicio de su dominación, porque ha usado y usa el Poder del Estado para triturar la convivencia entre los argentinos y utiliza el poder de la Nación casi exclusivamente para fines privados.
El primer paso es darse cuenta que dentro del Sistema no hay solución. El Sistema debe ser derrocado y substituido por una nueva concepción política, jurídica, cultural y económica que energice las fuerzas vítales de la Nación -hoy aplastadas e incapacitadas de actuar ni de influir - y las proyecte en la Fundación del verdadero Estado Nacional Argentino.
Una Nación es un pueblo organizado y estructurado jerárquicamente por una minoría de individuos selectos por su excelencia moral, espiritual e intelectual No hay convivencia social sin minoría excelente. Esto es un hecho incontrastable de la Historia Universal, cualquiera sea el régimen o sistema político que se haya creado. La constitución viva, transjurídica de una sociedad nacional consistirá siempre en la acción dinámica de una minoría sobre una mayoría, la que se expresa institucionalmente en una relación de mando y obediencia, a través de una jerarquía de funciones.
El pueblo argentino se ha degenerado en masa y la minoría dirigente calificada, por su excelencia moral e intelectual (no por la riqueza), ha desaparecido y fue reemplazada por asociaciones ilícitas de políticos logreros, demagogos, corruptos y envilecidos, serviles y funcionales a los intereses del Sistema o Régimen de dominación, que colocaron al estado al servicio de los interese privados. Prácticamente no existe diferencia entre la masa y la minoría corrompida de los políticos que deberían ejercer la función directora. En síntesis: la Argentina carece desde hace décadas de una dase dirigente formada por los mejores.
La masa se encuentra en un estado espiritual y material, cooptada y controlada por los personeros y partidos accidentales del Sistema o Régimen, que la hacen impermeable a todo razonamiento y predicación. No quiere dejarse influir y no está dispuesta a escuchar.
Para que la masa vuelva a ser un pueblo, debe sufrir en su propia carne las consecuencias de su desviación moral Sólo el dolor, el sufrimiento y el fracaso - en el orden político, económico, en la inseguridad, la desorganización, etc.- pueden crear en la masa las condiciones de una nueva actitud de sincera humildad, que le haga volver la espalda a todas aquellas ilusiones y teorías que pretendían prescindir de una minoría directora y excelente (Ortega y Gasset, José; España Invertebrada; 1922). Esto implica, normalmente, una situación muy traumática y como ya se señaló, extremadamente dolorosa. En su transcurso puede disolverse la sociedad y desintegrarse territorialmente el país. Pero no hay otra forma.
Mientras ello no ocurra, será necesario tener mucha paciencia y perseverancia en continuar ininterrumpidamente con la formación espiritual, moral e intelectual de la que deberá constituirse en la nueva minoría directora, de forma de estar en aptitud de asumir sus funciones directoras cuando la masa se recupere de su anterior desviación moral y acepte ser dirigida nuevamente.

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