jueves, 31 de octubre de 2013

La Doncella-Andres Marquez






Prologo



La Doncella






Agare.

Un día soleado de la época más bizarra de su vida.

Allí se la podía ver de espaldas, observando el melancólico amanecer a través de los amplios ventanales de su habitación.

Mirando, observando, acechando el único mundo que conocía. Cielos, nubes y brumosas mañanas.

Ya no había silencios incómodos para la doncella Mariale aunque ella no ignoraba que mucho de lo que podía ver no era más que una imagen de un algo que no poseía formas precisas. Presentía esto y mucho más por venir, ahora que era la señora de la tierra de Aveineamen. En realidad se sabia ajena a muchas cosas, misterios que no lograba desentrañar, eventos por ocurrir en esta parte de su vida que recién iniciaba.

Observaba todo preguntándose si lo que percibía algún día estaría a su alcance, si algún día podría visitar las tierras que sus llorosos ojos contemplaban, aldeas lejanas, praderas restallantes de vida y fresco verdor, caminos sinuosos y angostos y eso desconocido que a veces creía poder ver del otro lado de la muralla construida por los Luvirez.

Solo había una exquisita nada, un extraño pero saludable deliquio de los sentidos, algo así como un éxtasis bañado en sangre como había leído en un antiguo cántico.

Caminaba placidamente por la almena norte del alcázar. Siempre había amado esa parte, tan inaccesible que ni siquiera se molestaban en colocar guardias pues del otro lado la pared caía mas de 40 metros hacia un océano encrespado y violento.

La Doncella amaba ese paisaje que le ofrecía el mar fundido con el horizonte llenándola de un primigenio encanto. Nunca pudo precisarlo y mucho observaba y mucho sentía su alma pero no comprendía de donde le nacían las emociones que la embargaban. Quizás la melancolía le nacía de sus recuerdos de la infancia, con su prima la Doncella Disdiaus, aquellos hermosos momentos en los Laberintos.

Extrañaba a su tío, el señor Dib…

Y ellos no regresarían para explicarle que era eso de Afuera.

Solo tenia 18 años, solo pureza y amor supremo en su corazón, era un ser único e inocente, conservado lejos del mundo, un espíritu divino como el soplo del Abismo de Ann.

Allí, asustada por lo que empezaba a descubrir en su corazón, un nuevo universo, sintiendo tambalear todo lo que era su pequeño mundo. Era extraño pero oía voces que la llamaban, como de pequeños crios, puros aunque alejados de ella por un velo de maldad. Ahora la invadían y la llenaban de sentimientos nuevos, escuchaba gritos de dolor que la conmovían pero no los comprendía, voces apagadas que gemían por una ayuda que no llegaba; no lo sabia pero esto, poco a poco, la conducía al nuevo sendero del miedo y la desconfianza, un sendero nuevo para ella que solo había vivido en la certeza pues el temor nace de lo desconocido y ella desconocía lo que existía fuera de lo que Ann le había enseñado, solo sabia de los grandes misterios del Bien.

No conocía al hombre.

Ella, que conocía el bien como nadie, ahora miraba al hombre directamente a los ojos.

Y eso lo atemorizaba….

Entonces surgió el deseo de cantar, un deseo doloroso, despiadado. Sus labios se abrieron, sus pechos se irguieron y cerrando los ojos hizo nacer de su pura y bella alma, la vibración que  dio vida  a una voz como jamás antes fue escuchada, una voz única, clara y límpida como el agua que desciende de la montaña en la época de deshielo.

Y su canto era de gloria y esplendor antiguos, de amor perdido y perdón, Sus palabras invocaban a la libertad del viento cuando juguetea con los árboles y al consuelo que trae la lluvia en los días de estío, al silencio que se apodera del corazón de aquellos que se aman al mirarse, a las cosas sencillas y hermosas de la vida, a los misterios del futuro, a la paz de los cisnes blancos al descansar en los lagos y a la frialdad de la nieve al caer, a la dulce fragancia de las primeras flores, al olor a tierra cunado llovía.

Y mientras cantaba tuvo una visión que la arrastro mas allá de los bordes del mundo, a un universo distinto, con tierras extrañas. Vio personas reunidas, miles, extrañas ciudades, extraños seres de acero, fuego y oscuridad, eventos trágicos y horrorosos, vio una guerra espantosa y un campo de batalla plagado de muertos, a un Whalterior (Señor de La Guerra) victorioso, coronado de sangre y lloroso.

Entonces, en medio de su temor, lo supo.

Supo la razón por la cual se tuvo que mantener apartada del hombre y su mundo, ignorante su alma a los sentimientos de esas tierras.

Supo que debía partir hacia ese lugar, hacia ese otro lado donde el la esperaría.

Solo el Bien puede redimirlo.

Y para ella, no habría Regreso.

Supo del Amor, supo de la máxima revelación de Ann, ese amor más grande y más poderoso que cualquier cosa de este mundo.

Ese Amor, que a el le traería redención.

Entonces la Visión se desvaneció junto con su voz y sus miedos. En ella ya no había lágrimas ni razones para llorar. Todo era un preludio hacia un destino que no podía precisar del todo, lo veía a través de un velo que permitía adivinar la forma, pero nada más.

Continuó su recorrido a lo largo de la almena, contemplando el mar. Se cruzo de brazos y por un momento deseo que nada de esto tuviese lugar, pero Ann era sabio y debía confiarse a sus designios.

Pronto llego al borde y contemplo con muda admiración el bello amanecer  mientras pensaba que el sol era el ser mas generoso pues son su luz convertía todo en oro, el agua, el aire, las rocas y a ella misma.

-¡Astro pletórico de Luz y Belleza, inunda mi corazón de calor y aleja las sombras que me persiguen!

Una brisa fría alboroto sus oscuros cabellos mas no hizo nada por acomodarlos. Cerró los ojos y al hacerlo una lagrima cayo de sus ojos verdes deslizándose tímidamente por su nívea mejilla.

Al abrirlos, supo que bajo ese mismo sol, sobre ese mismo mar, un barco llamado Maderthe (Esperanza) traía a ese Whalterior.

Su nombre era Thryer Kamar Ann-Tharez…

2 comentarios:

  1. Muy linda la prosa poética dedicada a la Doncella. Ojalá se le dé, querido camarada.

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