miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Qué Es Lo Que Nos Pasa? Eduardo Nuñez



¿QUÉ ES LO QUE NOS PASA?



por Eduardo Núñez, Psicólogo.


Hace años el psiquiatra y médico humanista Enrique Rojas publicó un magnífico libro titulado “El hombre light”. El libro en cuestión no tiene desperdicio pues hace una radiografía muy precisa de la sociedad postindustrial y de todas las enfermedades sociales que le son consustanciales al estilo de vida actual. El libro viene a decir que el hombre “light” es un hombre sin valores, y así es en una gran mayoría de la fauna y flora que puede uno toparse a lo largo y ancho de la geografía y en todas las situaciones y contextos de nuestra vida cotidiana.
Decía D. José Ortega y Gasset que “no sabemos lo que nos pasa, y eso es lo que nos pasa". Vivimos unos momentos en que los ciudadanos de Europa nos enfrentamos a un gran avance dictatorial de las instituciones gubernamentales que intentan un control policial sobre nuestras mentes, nuestros pensamientos, nuestras libertades individuales y nuestro derecho diferencial a ser diferentes, valga la redundancia, sin causar perjuicios a terceros. Y en esta situación es necesario poner los medios a nuestro alcance para impedir que mediante legislaciones arbitrarias el poder intente limitar y controlar nuestras vidas y nuestros actos.
Para colmo, cada vez menos ciudadanos sienten el deseo de saber, lo cual es hasta cierto punto comprensible en el seno de una cultura cuyos individuos se caracterizan por no querer saber, por no querer pensar en lo que conduce a saber de uno mismo. No es el saber tecnológico o científico. Para huir de sí mismos los seres humanos se alejan cada vez más internándose en su aventura cósmica de la conquista espacial. Pero el no querer saber de sí mismos tiene un alto coste en malestar y síntomas psicopatológicos e invalidantes.
Un ejemplo de esto son las adicciones y las toxicomanías. Estas conductas adictivas, así como las drogodependencias generalizadas en nuestra cultura están destinadas a intentar obturar ese malestar psíquico y esos síntomas mediante el no pensar y el no querer saber, intentando generar la ilusión de que el consumo de sustancias y objetos son los que van a poder producir ese bienestar anhelado.
Y en este contexto son pocos los que se analizan a sí mismos y se interrogan sobre su existencia intentando darle un sentido al sin sentido de la vida, o mejor dicho, al sin sentido de su vida. Y esto es vital para todos, de vez en cuando es necesario tomarnos un tiempo para autoanalizarnos y tratar de darle un sentido a nuestra vida. Este ejercicio lleva tiempo porque el pensamiento requiere tiempo y el tiempo es de lo que está hecha la vida.
Otra muestra de que vivimos en una sociedad enferma es el alto índice de mujeres que se sienten desgraciadas a causa de su físico y en particular por su exceso de peso, sea éste real o imaginario, y esto se ha tornado en una manifestación sintomática de nuestra cultura. Junto a las toxicomanías y las adicciones en general y a la depresión, las anorexias, las bulimias y obesidades se hacen presentes como los nuevos síntomas de esta sociedad de consumo globalizada e indiscriminada. La anorexia nerviosa no es solo un trastorno de la alimentación, manido concepto éste que desvía y confunde la posibilidad de su cura. La anorexia es una problemática en la que están comprometidos el deseo y el amor, sobre todo el amor. Y esto es algo que nunca se dice.
De hecho la palabra amor es la palabra más prostituida que existe en nuestra sociedad, hasta el punto que se identifica en muchas ocasiones exclusivamente con el sexo. Y esto es algo que obedece a la pereza mental propia de nuestra época estéril. Es comprensible, ya que es más fácil hablar de sexo que hablar de amor.
Sin embargo, escribimos para que nos quieran más, cantamos para que nos quieran más, hablamos para que nos quieran más. En definitiva, vivimos para que nos quieran más. Amar es querer ser amado. Si difícil es amar, más difícil aún es conseguir ser amado. Y más difícil todavía es conseguir sentirse amado.
Así llegamos a la conclusión de que a la sociedad actual le falta amor sincero y verdadero, y esto es fundamental para la vida. Y aquí la principal manifestación de patología se da en la disociación o separación del amor y el sexo. El hecho de que en muchas personas estos dos deseos (porque los dos son deseos) no vayan juntos es muy significativo. Hablar de amor no es fácil, es más fácil hablar de sexo. El concepto de amor es amplio, difuso, cambiante y muy subjetivo. Pero en una sociedad enferma y falta de verdadero amor nos encontramos con fenómenos como el de la telebasura que muestra formas groseras de relación. Hoy en día, en las series televisivas se están presentando unas relaciones amorosas de usar y tirar. Y, desgraciadamente, esto se ve no sólo en la televisión sino en la realidad social. Las relaciones humanas son más groseras y utilitarias que nunca. El problema es que la gente joven cree que el amor es sólo eso y no saben que el amor puro y duro no es sólo romanticismo, pero tampoco algo tan inmediato y práctico. Por supuesto que se pueden encontrar discrepancias entre el sentimiento amoroso de una persona y otra ya que no todos amamos igual, es más, no todo el mundo sabe amar. Y este es otro problema, que cada vez hay más gente que no sabe amar. Así, no es rara la pareja desequilibrada en la que uno quiere mucho mientras que el otro simplemente se deja querer. Y así son cada vez más frecuentes las formas erróneas y desequilibradas de amar, unas propias de hombres y otras de mujeres. Por fortuna, todavía la mayor parte de la gente es intuitiva para el cariño y también sabe ser apasionada. Y entre cuatro modestas paredes, dos personas corrientes pueden vivir hermosos y maravillosos momentos de amor. No es necesario ser un astro del cine para ello.
Hoy se trivializan los sentimientos más importantes, y así podemos escuchar eso tan “romántico” de que el amor es un conjunto de reacciones químicas que aguanta 36 meses. Yo no puedo asegurar si 36 meses o sólo seis. Lo cierto es que durante el enamoramiento suceden ciertos cambios en nuestro organismo, que hacen que estemos en las nubes. Luego las cosas cambian, la química cerebral se tranquiliza, y la pasión también, y si el amor permanece sobrevendrá otra clase de amor, más profundo y más vulnerable por las amenazas de las discusiones, la monotonía, el aburrimiento, la incomunicación, los celos, etc…. Factores que ponen en peligro la relación.
Pero, ¿se puede vivir sin amor? El amor no es necesario para vivir, pero sí para que merezca la pena vivir. El amor es la emoción más deseada, querer y ser querido, amar y ser amado es el sentimiento más importante. Quien lo probó, lo sabe.
Si nos paráramos a pensar un poco en todo esto nos daremos cuenta de por qué las relaciones humanas y sociales no funcionan muchas veces. Y esto no es perder el tiempo, al contrario, es ganar el tiempo. 

 

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