jueves, 28 de noviembre de 2013

Argentina Ante El Caso Eichmann




ARGENTINA ANTE EL CASO EICHMANN

En la noche del 11 de mayo de 1960 un comando de agentes israelitas, que había ingresado a la Argentina con documentación falsa, secuestraba a Adolf Eichmann cuando éste regresaba a su casa del trabajo que tenía como técnico electricista en la fábrica de automóviles Mercedes Benz ubicada en la localidad de González Catán, en la provincia de Buenos Aires. El secuestro ocurrió alrededor de las 20 horas momentos después de que Eichmann bajara del colectivo de la línea 203, en la parada de la ruta 202, que quedaba a cien metros de una humilde casa de la calle Garibaldi, en la localidad bonaerense de San Fernando, en la que vivía con su familia.
Eichmann vivía pobremente junto a su familia en una casita que había construido con sus propias manos en la periferia de Buenos Aires. Cada día viajaba 2 horas y media entre su casa y su trabajo, subiendo y bajando de varios colectivos a la ida y a la vuelta. Ante su víctima indefensa, amparados por la oscuridad de la noche y la soledad del lugar, los israelitas llevaron a cabo el secuestro largamente planeado. La idea era secuestrarlo y llevarlo a Israel para asesinarlo luego de un simulacro de juicio. Consumado el secuestro lo obligaron a que escribiera y firmara una carta en la que asumía su identidad y aceptaba "voluntariamente" ser trasladado a Israel para someterse “a la justicia”. Lo mantuvieron encadenado a una cama nueve días, hasta que la noche del 20 de mayo, drogado y disfrazado, lo llevaron al aeropuerto de Ezeiza. Entre empujones y chacotas, como a un mecánico borracho a quien deben sostener para que no se desplome, lo cargaron al avión de la línea israelí El-Al que Tel Aviv había fletado a Buenos Aires dos días antes con la excusa de participar de los festejos del sesquicentenario de la revolución de mayo.
El 23 de mayo el premier David Ben Gurion anunciaba ante el Parlamento que Adolf Eichmann estaba bajo arresto en Israel  y que sería juzgado de conformidad a la ley de 1950 sobre los nazis y los colaboradores nazis.
Después del anuncio de Ben Gurion en Buenos Aires comenzaron los rumores del que el secuestro había ocurrido en la Argentina.
¿Cuál fue la actitud Argentina una vez confirmada la especie, teniendo en cuenta que el secuestro de Eichmann violó la legalidad de la República Argentina, no una sino muchas veces (Israel introdujo personas con identidades falsas, privó de libertad a un hombre que tenía documentos argentinos, lo mantuvo en cautiverio diez días, para finalmente sacarlo clandestinamente del país)?.
Podemos dividir la reacción Argentina en dos planos:
a)- La reacción del Poder Ejecutivo y,
b)- La reacción del Poder Judicial.

A)- REACCIÓN DEL PODER EJECUTIVO.

Negociación directa con Israel
Ante los rumores, el 26 de mayo el presidente argentino, Arturo Frondizi requirió información sobre el caso al Ministerio de Relaciones Exteriores, que ignoraba lo ocurrido. Recién el 2 de junio el ministro Diógenes Taboada informo a la prensa de que estaban reuniendo información y antecedentes sobre el caso, que “en el supuesto de confirmarse constituiría un acto violatorio del derecho internacional y del derecho interno”.
El 7 de junio tomó estado público una nota de la embajada israelí en Buenos Aires, en respuesta a un requerimiento argentino. En la misma se decía que después de una intensa búsqueda Eichmann había sido localizado en Argentina y que un grupo de “investigadores voluntarios” había tomado contacto con él y “le preguntaron si estaba dispuesto a ir a Israel para ser juzgado” y que “después de pensarlo Eichmann manifestó su voluntad de ir espontáneamente a Israel para ser juzgado”. La nota manifestaba además que el grupo de voluntarios trasladó a Eichmann fuera de la Argentina “con su plena conformidad” y lo entregó a los servicios de seguridad israelíes. Luego decía que si en tal procedimiento hubo una violación de la soberanía argentina el gobierno de Israel manifestaba su pesar al respecto, pero pedía que se tuviera en cuenta el especial significado del acto, “tratándose del hombre que carga con la responsabilidad del asesinato de millones de personas pertenecientes al pueblo judío”. Por ello esperaba del gobierno argentino “comprensión ante tales valores morales e históricos”.
La Argentina rechazó tales explicaciones y retiró a su embajador en Tel Aviv. El gobierno argentino lamentó además las formas de la nota israelí, que saltando toda cortesía diplomática hacia “la afirmación gratuita de que en la Argentina residen numerosos nazis”. El comunicado argentino decía además que si bien no se especificaba en la nota hebrea si los “voluntarios” eran o no agentes del estado judío, el hecho de que el gobierno de Israel se haya solidarizado y felicitado públicamente a los autores del hecho lo hacía responsable. El gobierno argentino manifestaba en su nota que Israel debió seguir los caminos legales para conseguir la extradición de Eichmann. Finalmente ponía en duda el consentimiento “voluntario” de Eichmann y protestaba por la violación de su soberanía, exigiendo la restitución de Eichmann en una semana, así como la punición de los individuos culpables de la violación de la soberanía Argentina y consignaba que de lo contrario acudiría a las Naciones Unidas, intención que fue notificada al Consejo de Seguridad el día 10 del mismo mes.
El día 11 Ben Gurion respondía a Frondizi mediante una carta en la que no dejaba dudas de que Israel no restituiría a Eichmann, para posteriormente reclamarlo por las vías legales correspondientes. Por lo tanto, y después de una infructuosa reunión entre Golda Meir y el delegado argentino en la O.N.U., Mario Amadeo, la Argentina pidió oficialmente el tratamiento en el Consejo de seguridad.

En el Consejo de Seguridad
El 22 de junio se produjo el debate. Después de pasar revista a los hechos que generaron el incidente, el delegado argentino acusó a Israel de violar la soberanía argentina. La acusación se fundaba en los artículos 33 y siguientes de la Carta de las Naciones Unidas. La posición argentina era que el supuesto “consentimiento” de Eichmann no invalidaba la violación denunciada puesto que por la actitud demostrada por Israel estaba claro que Eichmann hubiera sido trasladado a Israel con o sin su consentimiento, de tal manera que, ante esa falsa libertad de opción, el hecho de que hubiera consentido el traslado carecía por completo de importancia. Argentina decía que tampoco correspondía considerar a Eichmann como falso refugiado, por cuanto el asunto era de incumbencia exclusiva de la Argentina que, por otra parte jamás ahondo en la indagación de ningún refugiado, sosteniendo que si se hubieran investigado exhaustivamente los antecedentes de cada refugiado tal vez mucho de los que acusaban a la Argentina de albergar refugiados indeseables no estarían vivos.
Respecto al conflicto planteado, Argentina señaló que había agotado las posibilidades de negociación directa que preveía la Carta de la O.N.U. y por ello solicitó que el Consejo de Seguridad dicte una resolución declarando que los hechos considerados afectaron la soberanía Argentina poniendo en peligro la paz y la seguridad internacionales, y que a su vez el Consejo de seguridad requiera al gobierno de Israel que proceda a una “adecuada reparación”.
Golda Meir contestó el planteo rechazando la “igualación” de Eichmann  con sus víctimas. Explicó lo que era la “solución final”, que involucraba “culpablemente” a Eichmann y rechazó “perpleja” la acusación hecha al Estado de Israel por actos que, si bien reconocía como efectivamente violatorios, habían sido cometidos por “particulares”.
Agotados los discursos de los distintos delegados, el Consejo de Seguridad votó el proyecto de declaración presentado por la Argentina, al que se le incorporaron las enmiendas propuestas por Estados Unidos.  Fue aprobado por 8 votos a favor, ninguno en contra y la abstención de Rusia y Polonia. En su parte resolutiva declaraba:
1.Que los actos como el que se halla en consideración, que afecten la soberanía de un Estado miembro y por consiguiente causen fricción internacional, pueden, si se repiten, poner en peligro la paz y la seguridad internacionales;
2.instase al gobierno de Israel a hacer una reparación adecuada, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y las normas del Derecho Internacional; y
3.expresa la esperanza de las relaciones tradicionalmente amistosas entre Argentina e Israel seguirán prosperando.

Expulsión
Luego del pronunciamiento del Consejo de Seguridad de la O.N.U., el día 30 de junio, la Argentina preciso en un comunicado lo que entendía por “reparaciones adecuadas”: Al efecto se remitía a la nota de protesta del día 8 de junio, lo que significaba que para reparar la violación cometida Israel debía restituir a Eichmann: También se exigió a Israel un pronunciamiento al respecto.
El 4 de julio Tel Aviv respondía con la reiteración de las diversas expresiones oficiales israelíes, en las que se volvía a lamentar lo ocurrido en cuanto a la violación, pero sin asumir oficialmente la responsabilidad del estado.
La respuesta Argentina, el 20 de julio, rechazó los términos de la interpretación judía, así como los elementos aportados y la solución propuesta, reservándose su irrenunciable derecho de adoptar las medidas que creyere oportunas. En un clima de creciente endurecimiento, fueron publicados los documentos de la maniobra del avión de EL-Al, que evidenciaban la connivencia del estado de Israel con los captores.
Por fin, el 22 de julio se declaró “persona no grata” al embajador Arie Levavi, quien abandonó el país el 26, despedido calurosamente por representantes de las entidades judías locales (D.A.I.A y A.M.I.A).

Voltereta

El 3 de agosto Argentina e Israel daban una declaración conjunta que decía: “Los gobiernos de la República Argentina e Israel, animados por el propósito de dar cumplimiento a la resolución del Consejo de Seguridad del 23 de junio de 1960, en cuanto expresa la esperanza de que se mejoren las relaciones tradicionalmente amistosas entre ambos países, resuelven considerar concluido el incidente originado en la acción cometida por nacionales israelíes en perjuicio de los derechos fundamentales del estado argentino”. Cuando se concluyó con la lectura del documento, los periodistas preguntaron por la “reparación adecuada” que debía Israel: El subsecretario del relaciones exteriores respondió que el retiro del embajador argentino en Tel Aviv, la declaración de persona no grata del embajador hebreo en Argentina y el reconocimiento “formal” de la violación por parte del gobierno israelí, eran suficientes para “declarar concluido el conflicto”.
Se trató de un viraje diplomático incomprensible e incoherente con el tono impreso en un comienzo. En 1986 Frondizi, consultado sobre esa voltereta, negó que hubieran existido presiones de la banca, o de alguna entidad o nación para que la Argentina cambiara su postura de forma tan radical en tan pocos días. Dijo que “el gobierno estaba preocupado por las expresiones de antisemitismo que aparecieron en el país a raíz del conflicto, lo que llevó a buscar una salida”.

1967

Aunque los gobiernos de Argentina e Israel habían coagulado la polémica desatada por el secuestro de Eichmann en agosto de 1960, la cuestión seguía abierta ante las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad mantenía en su temario el reclamo argentino. Para desactivarlo sin hacer mucho ruido, desde 1963 se hicieron consultas y gestiones entre embajadores y funcionarios, aunque sólo en 1965 la Cancillería ordenó al representante ante la ONU que retirase la "cuestión Eichmann" del temario.

Pero la última foja de aquel expediente recién se firmó en septiembre de 1967, cuando a través de un telegrama secreto y cifrado el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina autorizó al consejero de la embajada en Tel Aviv a ir a un banquete celebrado para homenajear al ex embajador israelí en Buenos Aires Ari Levavi. Era el mismo diplomático a quien en 1960 el gobierno de Arturo Frondizi había expulsado del país como protesta por la violación de la soberanía argentina con el secuestro de Adolf Eichmann.

B)-LA REACCIÓN DEL PODER JUDICIAL

El Poder Judicial en la Argentina, por lo menos formalmente es independiente del Poder Ejecutivo. En el caso Eichmann la cuestión judicial corrió por un camino separado que podría considerarse cómico si no le hubiese costado la vida a una persona y no se hubiese mancillado la soberanía de una nación.

Tragicomedia
El expediente por el secuestro de Adolf Eichmann se inició el 12 de julio de 1960, cuando el desaparecido ya llevaba casi dos meses aparecido, ahora en una cárcel israelí. La esposa de Eichmann, Veronika Catalina Liebel de Eichmann, protestaba por la captura de su marido, y subrayaba “el agravio inmerecido cometido contra la soberanía nacional”. La causa se tramitó ante el juzgado penal federal número 1, a cargo de Leopoldo Insaurralde.

El 2 de agosto, el juez le pide al jefe de la Policía Federal que individualice al autor o autores del secuestro, y que una vez hecho esto los ponga a disposición del juzgado en calidad de incomunicados. No parecía fácil, cuando todo el planeta sabía dónde estaba Eichmann y en manos de quién. El 9 de septiembre, con picardía, la policía le contesta a Insaurralde que “se resolvió efectuar una revisión de los recortes periodísticos que tratan sobre el particular, a los efectos de una mayor ilustración”. La respuesta a lo que el juez pedía estaba en los diarios.
Los equívocos recién comenzaban. El 29 de agosto, Vera Eichmann firmó una petición al juez: “ha llegado a mi conocimiento que don Otto Adolfo Eichmann será reintegrado a la embajada argentina en Tel Aviv de un momento a otro”, especulaba. Tras unas pocas diligencias inútiles, el año se terminaba y el juez seguía perdido. El 16 de noviembre de 1961, el fiscal Francisco D'Albore se despierta: le reclama a Insaurralde que vía exhorto solicite la declaración del propio Eichmann y de cuatro israelíes que según las noticias parecían haber participado del secuestro. D'Albore también pide que la policía averigüe si en los registros oficiales figura la salida del país de Ricardo Klement (identidad que utilizaba Eichmann), y exige que la Dirección de Aviación Civil informe sobre los vuelos de aviones israelíes en mayo, con el detalle de tripulantes y pasajeros.
El juez mueve su primer dedo el 18 de diciembre (tres días después de que Eichmann fuera condenado a muerte), para pedirle al entonces Ministro de Relaciones Exteriores  Miguel Angel Cárcano que tramite el exhorto ante las autoridades judiciales de Israel “con carácter de muy urgente”. Cancillería contesta que el juzgado debe traducir el escrito “al idioma israelí”, “diligencia que no puede cumplir este ministerio por carecer de traductor capacitado para ello”. Más contratiempos risibles: el 18 de enero de 1962 llega una nota desde la embajada argentina en Israel, que avisa que una de las personas solicitadas, un tal “Eriedman”, en realidad se llama “Friedman”. Y pregunta qué hacer entonces. Pasan las semanas. El 14 de marzo, Insaurralde le pregunta al Ministerio de Relaciones Exteriores qué pasó con el famoso exhorto librado en diciembre. Nada. Vuelve a escribir el 16 de abril, ya a otro canciller: Arturo Frondizi había sido derrocado el 29 de marzo por un golpe militar.
Aunque cueste creerlo, la policía contesta que no sabe si Ricardo Klement (Eichmann) salió del país. El 3 de abril, la Dirección de Aviación Civil admite que no tiene más datos sobre el avión israelí. El 31 de mayo, Insaurralde escribe al Ministerio de Relaciones Exteriores que “atento a las circunstancias que son de dominio público”, solicita que “informe con la debida premura sobre el estado de tramitación del exhorto que se librara el 26 de diciembre pasado”. Minutos después, Eichmann era asesinado.
El 19 de junio, Migraciones contestaba que no había sido posible localizar la lista de pasajeros del avión de El- Al. Habría que preguntarle a la Dirección de Circulación Aérea y Aeródromos, que el 4 de septiembre avisaba que ahí no sabían nada, pues sólo hacían el parte meteorológico y aceptaban el plan de vuelo. El jefe de Migraciones en Ezeiza dijo que ellos no hacían control de salida. Y la Policía  manifestaba que averiguó en el archivo de Migraciones, y que allí las planillas y fichas de viaje se mantienen durante un año y luego se destruyen.
Como un chiste tardío, el 29 de agosto Israel responde el famoso exhorto librado ocho meses antes. Luego de deshacerse en los más atentos saludos, “la cancillería tiene el honor de comunicarle que las instituciones jurídicas competentes llegaron a la conclusión de que a su pesar no existe la posibilidad de acceder al exhorto”. Enojado, el fiscal D'Albore escribía que en la respuesta israelí ni siquiera se advertía el argumento legal que la cortesía y consideración internacional exigían. El 20 de diciembre, el doctor Insaurralde dictaba sentencia: “se ha comprobado la conducción de Adolfo Eichmann fuera de los límites de Argentina” decía; pero continuaba diciendo, “han resultado estériles los esfuerzos del Tribunal tendientes a individualizar a quienes de una u otra manera tuvieron intervención en el episodio”. ¿El resultado? Sobreseer provisionalmente en el presente sumario.
En el año 2005, muchos años después de que Eichmann muriera en la horca, Israel admitía la participación de la Mossad en el secuestro.
A pesar de la pobre actuación Argentina, Arye Wallenstein, uno de los corresponsales a los que se les permitió asistir a la ejecución, llevada a cabo la noche del 31 de mayo de 1962 contó  que Eichmann camino erguido hacia el patíbulo y que mientras el reverendo canadiense William Hull rezaba por él, pronunció sus últimas palabras: “Señores pronto volveremos a reunirnos. Ese es el destino de todos los hombres. He vivido creyendo en Dios y muero creyendo en Dios. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria!. Esos son los países con los que tuve una relación más estrecha y nunca los he olvidado. Tuve que obedecer la ley de la guerra ya mi bandera. Estoy preparado”.

Por R. I., Argentina

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