jueves, 28 de noviembre de 2013

Europa, Nuestra Nacion-Joaquin Bochaca


EUROPA: NUESTRA NACIÓN

La idea, aunque no se precise claramente, y sobre todo, aunque no se formule, no por eso deja de ser intuida por todos los europeos, sobretodo por los realmente grandes. El concepto de una unidad de destino. ¿Cómo surgió el concepto mismo de Europa? No ya desde el punto de vista geográfico, sino del político, de la Europa cultural y moral, de la Europa que nosotros hemos sentido distinta a las demás partes del mundo por ciertas determinadas características del modo de pensar y de obrar, de los sistemas filosóficos y políticos, de las tradiciones, recuerdos y esperanzas, es decir, Europa como individualidad histórica y moral, que puede recurrir a toda una serie de nombres, hechos y pensamientos que han marcado en ella, a través del paso del tiempo, una huella indeleble. Y, enmarcando todo este conjunto de facetas, en el concepto de la unidad racial de Europa, que si primero se circunscribe a la pequeña península de Asia que es nuestro Continente, luego se amplía proyectándose al Nuevo Continente, las dos Américas, Australia y Nueva Zelanda, más los bastiones blancos en Sudáfrica.
Es difícil precisar una fecha exacta, pero ya Alejandro antes de la batalla del Gránico, al arengar a sus tropas en el corazón de Asia, aludió a "Europa", y aunque es evidente que se refería a un concepto geográfico que ya trascendía a su pequeña Macedonia, no es menos cierto que igualmente aludía a, un determinado hábito civilizado, aun cierto modo de pensar y de sentir, privativo, suyo, y distinto de los llamados "bárbaros". Aquí lo que importa, en definitiva, es el factor espiritual, la “voluntad”; es el elemento moral el que predomina con mucho sobre el físico. No se puede negar que el hecho de haber habitado durante milenios, nuestros antepasados arios, estas tierras, físicamente conformadas de un modo determinado, haya influido de una cierta manera en nuestra "forma mental" aunque si se puede pensar que tal influencia geográfica no es decisiva. Un europeo de élite que podríamos traducir en el lenguaje actual por un europeo "de clase" se comporta igual tanto si ha nacido en Londres como en París, en Johannesburgo como en Valencia o en Sydney. Es la herencia de los antepasados, que forjaron una historia grandiosa, de antigüedad varías veces milenaria, que, como los genes, llevamos dentro desde nuestro nacimiento y que, a la vez nosotros enriquecemos y hacemos cada vez .más compleja con nuestra experiencia, nuestros pensamientos, nuestros afectos, para transmitirla a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos.
En 1796, el gran filósofo inglés Burke se refería a "aquel sistema de educación mas o menos igual en toda esta parte del mundo, que suavizó, fundió y armonizó los colores del conjunto, creando una semejanza de hábitos sociales y de formas de vida, mediante la cual NINGÚN EUROPEO PODRIA SENTIRSE JAMAS COMPLETAMENTE EXILIADO EN PARTE ALGUNA DE EUROPA". Burke tenía pues una concepción d ¡afana de lo que quería decir Europa y europeo, especialmente cuando en su “Reflexiones sobre la Revolución Francesa" aludía a los tres principios que habían dado vida a las tradiciones, a la civilización y a los altos valores del mundo europeo: la homogeneidad racial, el espíritu característico de los "gentlemen" (gentilhombres) y el de una ética propia, en la que se trasponían y completaban las viejas creencias paganas de los nórdicos y los celtas con el Cristianismo.
La realidad intrínseca de Europa ha posibilitado que en momentos históricamente dramáticos, una fuerza centrípeta ha hecho que los europeos se uniesen bajo una sola bandera, mientras que una vez superado el peligro, otra fuerza centrífuga les ha derivado otra vez por los caminos del individualismo brillante pero localista y parcial. En el fondo siempre perduró el concepto de Europa como un gran cuerpo civilizado, culturalmente uno y políticamente dividido en muchos estados, pero ligados por un continuo e incesante entrecruzamiento de relaciones que se expresaban en un “derecho público europeo", y en una DOCTRINA DEL EQUILIBRIO en la que serian maestros los ingleses; un cuerpo que tenía usos, costumbres, particularidades de vida completamente propias, y en el que tan admirables resultaban la fecundidad alemana como la claridad francesa, el sentido común pragmático inglés, la genialidad italiana y el estilo del viejo caballero español.
Carlos V, su hijo Felipe II, Luís XIV, Napoleón, los hermanos Pitt, Hitler, están a punto de conseguir la soñada unidad de Europa, por la que han suspirado todos sus hombres realmente grandes. En el último momento empero, el destino se ha mostrado adverso. Ha faltado el último impulso decisivo, cuando tal carencia no ha sido consecuencia de la acción demoledora del parásito, viejo maestro en enfrentar a europeos entre sí, utilizando precisamente como palanca los más caros sentimientos nacionalistas o para ser más exactos, mininacionalistas, de patriotismo de campanario de aldea - de los diversos nacionalismos contrapuestos.
Al parásito no le interesa una Europa unida, auténticamente unida. Y al decir unida no me refiero a una unidad aduanera o comercial, a una unidad mercantil, materialista: me refiero a una unidad TOTAL, es decir espiritual Y material, por este orden, como expresión de la idea complementaria de alma y cuerpo. Al parásito no le interesa la actualización, la realización de la unidad de Europa, porque esta Idea presupone la negación de su contraria, tal como expresa Hegel.
Una Europa unida AUTENTICA, es decir, una Europa conformando un todo político y regida por europeos racial, política, culturalmente intachables, presupone el final incruento pero definitivo, de todos los falsos Mesianismos con los que desde su celebrado “contrato” con Jehová está afligiendo al Mundo el Gran Parásito: es el fin del Materialismo y del Hedonismo como sistemas de vida, como filosofía vital; es la desaparición por las alcantarillas de la historia del Capitalismo Privado y del Capitalismo de Estado, de los falsos Socialismos, del Arte degenerado, de la rebelión contra lo bello, de la glorificación de lo feo, viscoso, repelente, enfermizo y contrahecho, de la democracia como tiranía de los demócratas; es, en una palabra, un Nuevo Amanecer, para el Hombre Ario, el Horno Europaeus, el de la Capilla Sixtina y la Novena Sinfonía, el del Derecho Romano, las Siete Partidas, Notre Dame de París, el Coloso de Rodas y la Puerta de Brandenburgo. De cuya estirpe salieron un Miguel Angel, un Leonardo da Vinci, un Shakespeare, un Cervantes, un Beethoven, un Velázquez, un Wagner, un Edison, un Watt, un Bach, Goethe, Voltaire, Moliére, Calderón, Lope, Dante, Petrarca... Es el final de la gran aventura del Advenedizo, del Intruso, del Parasito TOTAL, no sólo económico, sino político, social, e incluso biológico, al presentarse además como abogado del mestizaje... para los demás. Es el nuevo empezar cumpliendo la maldición divina, ahora rumbo a Oriente, arrastrando por los polvorientos caminos los carromatos donde lleva sus aparejos de feria para engañar a los incautos, para obtener dinero, para obtener más dinero, para comprar poder, para comprar más poder, para comprar aún más poder con el que obtener dinero, y con este dinero más poder, para sobornar a este y a otro, para comprar a la prensa y a los medios de comunicación, para obtener influencia para obtener dinero, para obtener poder... en un eterno morderse la cola, cual reptil enfermo, actor de su desgracia y de la de los demás, azote del mundo, receptáculo inmundo de estremecedoras aberraciones, paranoico engendro, error de la Naturaleza.
Para la actualización y realización total de Europa a la que he aludido antes es preciso abandonar las viejas supersticiones políticas, las trasnochadas ideas seniles de los vividores de la política considerada como "modus vivendi”; es preciso echar de una vez por la borda las creencias estúpidas que constituyen el arsenal ideológico del estereotipado liberal todavía anclado en el siglo XIX, y que dice no creer en nada, aunque en el fondo está dispuesto a creer en todo lo que le gusta, es decir todo lo que le dictan las corrientes de la izquierda y al que nada le satisface tanto como lograr implantar una tiranía tan feroz como hipócrita contra todos los que no piensan como él. Para la Idea Europa, preludio de la Realidad Europa, pues la idea precede necesariamente a la acción los que creemos y queremos lo que creemos, es decir, los que creemos y queremos Eu ropa, debemos realizar la síntesis de la acción y de la libertad (la verdadera; no la del falso trilema demagógico Libertad Igualdad Fraternidad), del dinamismo y del libre albedrio. Nuestro movimiento, en su esencia y en su carácter, no es estático, sino dinámico. Respetamos, admiramos y amamos profundamente a nuestros predecesores, a los creadores del movimiento mundial ario que se inmolaron en 1945 ante el Número y la Estupidez, arropados por el dinero. Pero sabemos que nuestro movimiento es un organismo que se desarrolla sin cesar, basándose, eso sí, en las enseñanzas recibidas para afrontar los nuevos problemas que la sociedad se va planteando. Nuestra Idea no se petrificará jamás, pues no depende de nosotros ni de una generación determinada, ni de un pasado reciente con sus realizaciones y su heroísmo, sino que está indisolublemente ligada a toda la historia de Europa, a su futuro y al impulso vital de los europeos.
La política es arte de realidades. La realidad es siempre atrayente, ni espectacular. Muchas veces es difícil e ingrata, cual la vida. Encarémonos pues, con el problema de Europa sin separarnos de la Realidad. ¿Qué es hoy Europa para nosotros? Es ciertamente, una realidad en el campo de la Idea. Nada más, si acaso es una realidad histórica y geográfica. Sin duda es una unidad cultural. Pese a todas las presiones antirracistas, es una unidad racial. Pero no es todavía una unidad política, es decir, una unidad TOTAL. Y no lo es por no haber llegado jamás a actualizar sus potencialidades, y sobre todo, a aglutinarlas. Ya hemos aludido al Gran Parásito, pero el Gran Parásito no ha llegado a matar la idea de Europa, ni siquiera a sus partes dispersas, las mini-naciones de ayer. Y sabemos con Nietzsche, que todo lo que no nos mata, nos fortalece. Los anticuerpos sanos de Europa debieran de haberse impuesto a los gérmenes patógenos. No ha sido así, no está siendo así, la culpa es nuestra.
Debemos desterrar de una vez de nuestra mente la idea infantil de auto-justificación. El gran "dadá" de los hipernacionalistas de papá y de sus actuales nietecitos de la derecha reaccionaria ha sido y es culpar a los demás. Y concretamente al enemigo, al que a veces se le ha osado llamar por su nombre: el Establishment, el Sionismo, Israel, etc... Aunque todo no se reduzca a esos gentilicios, podríamos decir que los tiros van por ahí. Pero de esa denuncia, ciertamente arriesgada a veces, no se ha pasado. Y eso es un error. Estaría por decir que ese es el error en que se cae una y otra vez. El Parásito es un parásito por decisión de Dios, de la Naturaleza, pero no por eso pasa a ser "malo", ni tampoco es "bueno" porque sus aduladores interesados quieran creerlo así. El Parásito es un parásito y se comporta como tal siguiendo la Gran Ley Cósmica. Aunque esto no incluya necesariamente a todos los individuos que componen el Parásito, sus células vivas. Es ridículo enfadarse porque el Parásito se comporta como un parásito. Es infantil lamentarse de la fuerza del enemigo, que al fin y al cabo, lucha con las armas que la Naturaleza le ha dado; es inútil buscar culpables, pues estamos hablando de Política, es decir de Realidad, no de Teología, o de Moral convencional. Si acaso hay culpables, políticamente no hay más que uno, colectivamente hablando: los propios europeos. Son ellos en el espacio y en el tiempo, los que con sus torpes egoísmos particulares, llamados genéricamente “patriotismos" de campanario, han hecho posible la gran victoria del enemigo, que hoy es indiscutible y se caracteriza en el gran rascacielos onusino de Mannhattan, en Nueva York, y en Moscú, y en general en toda Europa.
¿Cómo hacer Europa? Dice Yockey que Europa no se hará con un plan. Y es que ni Europa, ni nada grande, se ha hecho ni se hará jamás con arreglo a planes y programas. Hace falta toda la profunda ignorancia humana e histórica, todo el analfabetismo político de derechas e izquierdas actuales, para no saber que nada se ha hecho en la Vida con arreglo a planes ni programas. Se hace canalizando una corriente de ideas, todas en una misma dirección, las cuales, además, deben gestarse en un SENTIMIENTO, pues si creemos con Schopenhauer, que todo emana de la Voluntad, si no se QUIERE algo no se piensa en ello.
Ni planes ni programas, todavía menos programas electoreros. Hitler ganó unas elecciones en 1933, pero ni hay ningún Hitler ni estamos en 1933, ni se trata de Alemania, aunque haya todavía algunos botarates cuyas grandes actividades políticas se circunscriban a coleccionar botas y cascos "de la época". Ya está bien de infantilismo. Para esto no vale la pena jugarse la vida ni arriesgar la posición y el sueldo mensual, ni siquiera perder el tiempo hablando en público. Aún cuando haya electoreros que prefieran trabajar el nacionalismo local que a veces, además, debe lidiar con otros nacionalismos internos que les parece de mayor y mejor rendimiento inmediato. Los viejos estandartes tricolor, rojigualdo, ikurriño, cuatribarrado, verde-blanco-rojo, rosa turquesa verde botella, etc. muchas veces no sirven sino para envolver mil combinaciones electorales. Pero Europa no puede esperar nada de los electoreros. Aún cuando un hipotético Partido Europeista ganara simultáneamente las elecciones en el par de docenas de naciones relativamente independientes de la Europa residual, Europa tampoco se haría: enseguida surgirían las mil y una discusiones bizantinas sobre “tácticas", "estrategias" , sobre prioridades nacionales, sobre "garantías” frente al Estado, sobre idiomas más o menos oficiales; sobre capitalidades nacionales y regionales, sobre mil irredentismos, sobre “imperativos" religiosos y sobre mil nimiedades más. Creo que sería conveniente que se considerara que una competición electoral no hubiera “hecho" a la URSS ni a su antecesora, la Rusia Zarista; ni a los Estados Unidos de América, ni a la Gran Bretaña, ni a Francia ni a Alemania. Fue necesario un Lenin, un Ivan el Terrible, un propietario de esclavo que los quiso convertir en obreros de los que se puede prescindir cuando no hacen falta, como Abraham Lincoln, hizo falta un Cromwell, el dictador de la clase media; hicieron falta medio centenar de reyes durante mil años en Francia, hizo falta un militar, como Bismarck en Alemania. Unas elecciones no fundaron a la China de Mao, ni a la República de Argelia. Unas elecciones para terminar, no crearon la unidad española. Es absurdo creer que porque estemos en el siglo XX, uno de los más ignorantes, pese a los progresos de la técnica que no somos capaces siquiera de controlar, las cosas van a suceder ahora de diferente manera. En todos los casos que acabamos de mencionar se pasó de los enfrentamientos electoreros, o se pasó por encima de ellos. Y eso porque en todos los enfrentamientos electoreros, las pasiones más mezquinas, más ruines, las tendencias más disolventes, los egoísmos y los particularismos más exclusivistas, tienen más atractivo que la voluntad creadora. Aquellas se amparan en el rencor, la envidia, la ambición incontrolada, los complejos de inferioridad y las manías persecutorias; está en la razón y en el sentimiento. Una lucha desigual si vemos al hombre tal cual es.
Nada se ha hecho en el mundo sin lucha, Europa pudo tener su "parto normal" en la década de los 30 a los 40. Las fuerzas del pasado (Democracia, Liberalismo, Comunismo) conducidas por el Sionismo, dividieron a los europeos entre sí, con el apoyo de los extra-europeos (rusos) y los "menos" europeos (americanos) . NO habrá "parto sin dolor". Habrá lucha, no la traerán los llamados "fascistas" numéricamente poco importantes, y sin influencia "política" ni militar de momento, pero si Europa llega a ser una realidad total (es decir, política) un día será "fascista" , es decir socialista y nacional-europea, o no será viable. El nacionalsocialismo es el futuro de Europa, si es que lo tiene. Si no hay una Europa REAL, fuerte y unida TOTALMENTE, en sus bases cultural, política y racial, no existe para nuestros descendientes inmediatos tal vez ni para nosotros mismos - futuro alguno. No ya como miembros de una comunidad política sin peso específico e influencia en el mundo, sino ni siquiera como seres libres. Tal vez ni siquiera como seres vivos.
Se pueden citar ejemplos históricos clásicos en que la absorción del Hombre Blanco se hizo por medios militares, matanzas como en Haití, Etiopía, Georgia (en el Cáucaso), pobladas por antiguas colectividades blancas, exterminadas por los negros en los dos primeros casos y por los eslavo-asiáticos en el último. O bien por medios de infiltración racial (mestizaje): La India, Egipto. O los casos flagrantes de "polución" de la Raza en Francia e Inglaterra, así como en Portugal, de efectos casi irreversibles. Hay un paralelo entre el mestizaje y la baja en picado de la civilización y la cultura, así como del aumento de la delincuencia, esto es innegable.
Algunos han depositado sus esperanzas en la llamada "Euroderecha" que juega al filo-semitismo para hacerse tolerar. Esto es un cretinez política, porque aunque Tixier hable de que los argelinos residentes en Francia serían tolerados en "su" Europa derechista, nadie se lo creería, aparte de que la salvedad "sólo argelinos" es un memez, y ni los judíos, beneficiarios a la larga de la mestización de Europa, ni los árabes y negros, a la corta, serían tan ingenuos para tragarse esa hostia molinera, la cual sólo serviría para quitarles partidarios. Tales declaraciones sólo demuestran una de estas dos cosas: o bien estos euroderechistas son, políticamente hablando, unos pigmeos o bien son unos oportunistas que intentan capitalizar el malestar de viejos y gloriosos países, para llevarlos a una vía de garaje. Por tal razón se les deja figurar, durante unos pocos años o meses en que serán derribados. Si actúan como lo hacen por pura "táctica" son todavía más cretinos. El enemigo tiene una pericia secular en el camuflaje político. Esa pericia la han alcanzado los dos o trescientos personajes que mueven el mundo, en un aprendizaje casi desde la cuna, al ser elegidos por cooptación en el seno de las grandes familias del Dinero y la Administración del Establishment que gobierna el mundo, llámese Bilderberg, Comisión Trilateral, Gran Sanhedrín, Gran Oriente, o como se prefiera, Por muy inteligentes que se crean que son los líderes ultraderechistas, les falta mucho por aprender, por vivir, y por supuesto, los medios de que disponen, aún potencialmente, son risibles comparados a los del enemigo. El euroderechismo se queda cortado del cuerpo de Europa por definición, por la imagen que de sí mismos dan sus líderes y por ampararse en algo tan descreditado como la derecha clásica, que no puede entusiasmar a la juventud física, ni menos a la juventud mental y espiritual; y que sólo tendrá a su lado a los viejos conservadores de la burguesía acomodada el gran capital se incorporará, naturalmente, a la burguesía acomodaticia de la Administración y de los Partidos y a los beatos siempre dispuestos a mirar al Vaticano, el cual, por otra parte sólo apoyaría a los "euro-derechistas" en el caso de una imposible victoria suya. Los señores de Roma son especialistas en esto de volar en socorro de la Victoria.
La Euroderecha sólo podrá fiarse, en la calle, de cuatro matones que, a la hora de la verdad, se pasarán al grupo populachero que mejor les pague o se refugiarán en el gangsterismo, la Euroderecha no tiene Espíritu ni tiene Cuerpo, es un Fantasma que el enemigo además caricaturiza asimilándolo maliciosamente. Si los repudian, ¿a qué diablos adoptar muchos de nuestros símbolos?; ¿a qué tanto alzar el brazo? Si sus dirigentes son hombres de honor suponemos que lo son, mantendrán la misma actitud donde quiera que vayan?. ¿Levantarían el brazo en Israel, cuyo reconocimiento han solicitado?.
Y acabaría diciendo que el futuro es impredecible, pero que, como en Política la Desesperación es una Estupidez, debemos estar preparados. Preparar nuestros Cuadros de Mando; no sólo políticos, sino ideológicos. Que nadie piense en salvamentos milagrosos, ni en pronunciamientos militares, que además en Europa no serán tolerados. Spengler y Yockey anunciaban una época de grandes guerras, que vería al fin nuestra destrucción o nuestro Nuevo Amanecer. Nosotros no venimos a ofrecer una visión optativa del porvenir, diciendo ante un auditorio de criaturas que si hacemos esto nos hundiremos, pero que si hacemos lo otro nos salvaremos. Se trata de Vida orgánica, no celuloide de Hollywood, con un final feliz. El final lo decidiremos nosotros. Venceremos o perderemos, pero cumpliremos nuestro deber, como los espartanos en las Termópilas. No somos boyscouts que proponemos una buena acción diaria, sino nacional-revolucionarios que decimos a adultos que tienen dos salidas: luchar o ser aplastados, a muy corto término.
Yo propondría como motivación de conducta la misma que proponía la Iglesia Católica preconciliar: o hacemos Europa por atrición o sea, por amor imperfecto; por temor a lo que no dejará de suceder cuando el sionista nos entregue a la Gran Termitera afro-asíática o la hacemos por contricción, por arrepentimiento de lo que todos hemos permitido que sucediera, y por amor. Amor a todo lo que Europa representa, el Arte, la Civilización y la Cultura.

Joaquín Bochaca.
Nº 105 Marzo 1982, CEI

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