sábado, 5 de abril de 2014

Como Un Dios Griego-Professor Hans F. K. Günther

COMO UN DIOS GRIEGO...
“Like a Greek God...”


Translated by Vivian Bird from
Professor Hans F. K. Günther’s Lebensgeschichte des hellenischen Volkes


Fragmento de una escena pintada en una vasija de figuras rojas griega que representa a Ulises, Agamenón y Tersites (de izquierda a derecha).
[Günther (1929) 21]


Los poemas homéricos describen a los dioses y diosas como rubios y de ojos azules; la palabra griega para nombrar el cabello rubio es generalmente "xanthós", en cuya definición entraremos luego. La Ilíada describe a Deméter como rubia, y a Afrodita con el pelo dorado; describe a Atenea con los ojos azules, y de hecho se refiere a ella cincuenta y siete veces como "la esposa con los ojos azules de Zeus, Atenea". La palabra es "glaukopis", que puede deducirse de glaukos, y que significa "brillo, destello". Más tarde, Píndaro describió a Atenea como glaukopis y xantha, referiéndose claramente a sus ojos azules y sus cabellos dorados.

Después de Homero, es más raro encontrar la expresión glaukopis; sin embargo, aparece en ocasiones aisladas, como por ejemplo en Sófocles (Edipo en Colono, 705) y con Aristófanes (Las Tesmoforias, 317). Una conversación entre un griego y un romano en las "Noches Áticas" del escritor romano Aulo Gelio, donde compara los nombres de los colores en los dos lenguajes, nos da información sobre la palabra glaukopis. En la obra (II, 26, 18), glaucum se define como "gris-azul", y la descripción glaukopis para la diosa Atenea es cambiada por "caesia", "la de los ojos de azul celestial" (II, 26, 19). La misma tradición de una Atenea de ojos azules, volviendo otra vez con Homero, se encuentra en la saga de Bisa y Mérope: en donde, según Boeus (en Antonino Liberal, Colección de las Metamorfosis, 15) Agrón se burla de los ojos claros de la Diosa y alaba sus propios ojos, oscuros, e incluso con el poeta romano Higino, en el primer siglo antes de cristo, Hera y Afrodita se burlan de la Diosa Atenea por sus ojos claros: quod caesia erat. El término glaukopis era sinónimo de glaukómmatos, "de ojos claros", en contraposición a melanómmatos, "de ojos oscuros". Así, en un comentario de un pasaje de la Iliada (IV, 147), el héroe aqueo Menelao fue descrito por Pisandro como "de pelo rubio, ojos claros y elevada estatura", y de este modo él uso la palabra glaukómmatos (xanthokómes, mégas en glaukómmatos).

La Odisea describe al dios Radamantis como rubio, a Afrodita con el cabello dorado y a Atenea, una y otra vez, con los ojos azules. Además, se usa el nombre de "Apolo Febo", derivado de phoibos, que significa "destello, brillante, resplandeciente", que no sólo describe la naturaleza de un dios solar, sino que también hace referencia al color de su piel, su pelo y sus ojos. Por otra parte, el dios del mar, Poseidón, es descrito en la Odisea (III, 6) como de ojos y cabellos oscuros -un dios del mundo prehelénico, cuya derrota ante Atenea en la batalla de Ática, fue representada en el frente del Partenón, en la Acrópolis-.

Otras figuras del mundo humano eran caracterizadas como de piel y ojos claros en los poemas homéricos; así Aquiles, Menelao y Meleagro eran descritos rubios en la Ilíada, igual que Briseida y Agamede entre las figuras femeninas; Helena es llamada "brillante" (III, 121). La Odisea describe en muchas ocasiones (Wilhelm Sieglin las ha registrado todas) a Menelao como rubio, describe a Penélope y a Hermíone también rubias y a Afrodita como de cabello dorado. La Ilíada y la Odisea mencionan a princesas y diosas con los brazos níveos, y a mujeres mortales de brazos blancos y pies de plata.

Karl Jax ha observado que entre las referencias homéricas a las mujeres y niñas mortales, como también a las diosas de los poemas homéricos, el cabello oscuro está totalmente ausente, y Georg Finsler ha puntualizado que el color rubio del cabello es considerado como hermoso y sorprendente hasta tal punto, que el poeta, en un momento de descuido, incluso llama rubio a Ulises, que generalmente es aceptado como de pelo oscuro.

Sin embargo, la descripción de los rasgos físicos de Ulises, "el astuto", necesita un análisis más profundo. Ulises se distingue de la imagen del resto de héroes homéricos. En la Ilíada (III, 193/94, 210/11) es descrito como un "gigante sentado", porque cuando está sentado junto a Agamenón parece tan alto como éste, no así cuando está en pie, que no parece tan alto pero sí de mayor envergadura, más ancho de hombros y de pecho. Así Ulises no es como los otros héroes, alto y delgado. La Odisea le describe (VI, 231) como de piel clara y, en otro fragmento (XIII, 397, 431), el pelo de su cabeza aparece como rubio (xanthós); sin embargo, se nombra a su barba oscura (XVI, 176). En relación con el color de pelo Ulises también es descrito en la Odisea (VI, 231; XVI, 175; XXIII, 157/58) como hyákinthos, de "jacinto", que tradicionalmente se traduce como "castaño" o "marrón". Este "color jacinto" es, sin embargo, como Wilhelm Sieglin ha demostrado, un color más bien "rojizo", porque el jacinto que crece en la Hélade es un subtipo de flores rojizas.

El corpulento, robusto y de barba oscura Ulises no es del mismo tipo que el resto de héroes aqueos, ni en lo que respecta a los rasgos físicos ni tampoco en lo relativo a lo mental. La descripción de su personalidad como "rica en astucia" problablemente no fue hecha por el poeta conscientemente, sino que Ulises debe considerarse como una figura del mundo prehelénico que el poeta trata de equilibrar a la imagen de los heroés aqueos en la medida de lo posible. Considerar que Ulises es una reliquia de una raza extraña, más cercana a un remanente arcaico de tipo asiatico -que sin embargo continua siendo distinguible-. Ulises es una figura como Palamedes, un héroe de la saga de los aqueos de Troya pero que, sin embargo, sólo aparece en los poetas posteriores a Homero; mitad aqueo y mitad oriental, rico en astucia y audaz, parte oriental, parte nórdica, diferente en todos los sentidos de hombres nobles y abiertos de corazón como Aquiles, Patroclo, Agamenón y Menelao. El Conde de Gobineau también ha observado estos elementos extraños en Ulises. Él lo consideraba un griego con ancestros fenicios. Ulises podía ser valiente cuando era necesario, pero prefería la astucia; su lenguaje es persuasivo y seductor; las mentiras no le preocupan, la traición no le consterna, las artimañas astutas no le causan problema. Elocuente, astuto, traicionero y peligrosos, parece más un comerciante pirata de Sidón o un senador de Cártago, mientras que su riqueza de pensamiento, su imperturbabilidad, su capacidad de dominar sus pasiones y su ocasional moderación y modestia, que procede, en su caso, del cálculo racional, es más bien del tipo nórdico. V. Bérard era de la opinión de que la Odisea fue escrita por un griego, pero que su héroe, Ulises, era fenicio. De este modo, la naturaleza física y mental de este héroe ha llamado una y otra vez a conjeturas y controversias sobre su posible origen prehelénico, la última de ellas de la mano de Wolfang Aly. Aly sostiene que Ulises es una figura del mundo prehelénico cretense.

En la figura de Ulises, "rico en astucia", vemos el influjo del mediterráneo oriental en el mundo preindogermánico, la influencia de la raza de Oriente Próximo, que era frecuente en este mundo, es más fuerte en todo caso que que el influjo de la raza occidental (mediterránea); pero con esta figura la Hélade posterior también hace su aparición, una Hélade en la cual a través del mestizaje de los inmigrantes indogermanos, junto con los desdencientes de la población original, con las incursiones desde Asia Menor, el influjo de la raza oriental penetró más y más en los estratos superiores. En el curso posterior de la historia griega, un hombre mezcla de nórdico y oriental, como Ulises, aparece cada vez más en los estratos dominantes, tornándose, con el tiempo, más oriental que nórdico, hasta terminar llenándose la Hélade, al final, de hombres de raza predominantemente próximo-oriental. La deshonestidad, la falsedad, la picaresca, la corruptibilidad y la traición ensucian cada vez más las páginas de la historia helénica. En estas circunstancias, el griego aparece al final muy alejado de su naturaleza indogermánica primigenia, lejos de la elevada pureza de los pueblos indogermánicos originarios; más alejado, de hecho, que el periodo persa, iranio o aqueménida, en cuya fe, el Mazdeísmo, se incrementó esta pureza indogermánica, desde el aborrecimiento de la mentira hasta la confesión orgullosa de su naturaleza. Los hombres de raza próximo-oriental siempre se han considerado como más astutos que los hombres de otros tipos. Los fenicios, un pueblo con una impronta próximo-oriental importante, eran descritos por Homero (Ilíada, XIV, 288) como "hombres traicioneros" y "estafadores". Lo que detectábamos como próximo-oriental en Ulises, la incapacidad de seguir una camino en su vida moral y el arte de calcular los rasgos mentales de otros hombres y de otros grupos humanos, aparecen en el periodo helénico más tardío, no sólo en los mercaderes que viajan de un sitio a otro sino que también en los comerciantes de lengua griega, a quienes despreciaban los romanos -aunque de esta forma de pensar también se impregnasen los sofistas y las opiniones que enseñaban-. En el discurso para Flaco (17), y en las cartas a su hermano Quinto, Marco Tulio Cicerón (Cartas, 30, I, 16, 28; 53, II, 4) describió la forma de pensar de muchos de los helenos de su tiempo, quienes parecían en su opinión, como en la de los europeos occidentales de tiempos posteriores, de una naturaleza "oriental".

Evidencias de la ciencia racial sobre el tipo racial de los aqueos y los griegos de la época homérica, están representadas en una afirmación de la Ilíada (XXII, 401); allí, Héctor el troyano es descrito con el pelo oscuro, incluso como no aqueo, como un extraño o un enemigo. Esta distinción representa, desde una visión racial histórica, un error o una injusticia, porque los troyanos estaban emparentados con los griegos, ya que eran una de las tribus prehelénicas, indogermánicas, procedentes de la cuenca baja del Danubio. Briseida, la mujer troyana, es descrita como rubia en la misma Ilíada (XIX, 283); lo que hace olvidar la controversia. Con la descripción de Héctor el poeta quiso hacer incapié en el contraste racial. Esto llegó a Dio de Prusa, también llamado Dio Crisóstomo, un escritor que nació en torno al 40 d. C. y vivió hasta el principio del segundo siglo después de Cristo; el prestó atención (21, 16) al hecho de que la belleza de los helenos debía ser distinta de la de los bárbaros: los helenos eran rubios como Aquiles y Patroclo y los bárbaros oscuros, como muestra la descripción de Héctor.

El campesino y poeta boecio Hesíodo (en torno al 700 a. C.), representa a los dioses, diosas, héroes y heroínas homéricos como gente rubia. Casi cada vez que nombra a Atenea hace referencia a sus ojos azules, hasta en siete ocasiones, y describe a Dionisio (Teogonía, 947) como rubio, igual que Ariadna y Loleia (Fragmento 110).

A la idea de los hombres bellos y hermosos pertenecen, desde el punto de vista helénico, no sólo rasgos como la piel clara, el pelo claro y los ojos azules, sino también la estatura elevada y la complexión delgada y esbelta. El uso frecuente de la frase "alto y bello" (kalós kai mégas), que también aparece numerosas ocasiones en Homero, puede encontrarse en la literatura helénica desde Heródoto hasta Luciano; utilizado para hombres, mujeres y niños. En la descripción que se hace en la Odisea (VI, 151) de Nausícaa se demuestra que al nacido de sangre bella y noble, de acuerdo a la perspectiva helénica, le corresponde una elevada estatura; la misma idea se encuentra en la descripción que Néstor hace de Telémaco en la Odisea (IV, 38). Aristóteles dice, en su Ética a Nicómaco (IV, 7), que al bello le corresponde un cuerpo alto; los cuerpos pequeños pueden ser bonitos y bien formados, pero nunca bellos. La raza occidental está notablemente representada por esa gente de baja estatura y de un tipo bien formado. Bajo la sensibilidad nórdica, la naturaleza del cuerpo y mente de la raza occidental no es suficiente para alcanzar la verdadera "belleza", porque la idea de una persona bella exige una cierta grandeza del alma, una grandeza del alma a la que los helenos llamaron megalópsychía, como el magnamitas romano o el hôchgemüete de la Edad Media germana. El alma racial de los occidentales o atlanto-mediterráneos es demasiado ligera para la gravedad del sentimiento nórdico, muy vacía en contenido, para las características corporales que pueden ser consideradas como "bellas".

La Ilíada no sólo permite ser reconocida por como distingue los rasgos corporales característicos de los helenos de la primera época; sino que también muestra con dos ejemplos como los griegos del periodo homérico veían al hombre feo de los estratos inferiores, del mismo modo que las artes plásticas permiten reconocer que elementos corresponden a los griegos libres o a los esclavos de origen autóctono o extranjero. La Ilíada llama a dos hombres de pelo rizado: Eurybates, el heraldo de Ulises, como un hombre con los hombros redondeados, y Tersites, el "charlatán inconmensurable" y "el primer demagogo de la Hélade", como se le conocía habitualmente. Ambos pertenecientes al estrato inferior, y por lo tanto descendientes de la población prehelénica, de las tribus indogermanizadas. Tersites tenía las piernas arqueadas y cojeaba; su cabeza, que había empezado a perder el pelo, es de forma puntiaguda o afilada: "su cabeza puntiaguda, tenía poca lana en la coronilla" (Ilíada, II, 219). Es llamativo que la forma de la cabeza sea mencionada aquí, porque difiere de la usual en el estrato superior. Con esta cabeza "puntiaguda" (phoxós), se entiende bien la forma enfermiza de la también llamada "cabeza de torre" (Turmschädel), o la forma cráneal de la raza oriental, que en muchos hombres de esta raza puede ser descrita como "puntiaguda". Tersites también se representa en las artesplásticas como un hombre de raza oriental, con la cabeza puntiaguda y la nariz proyectada. En una copa de Ática que data de alrededor de 450 años a. C., el poeta de fábulas Esopo (sexto siglo a. C.), quien probablemente pertenecía a la casta de los esclavos, es también representado con rasgos de Próximo Oriente.

En su Filoctetes (440 ss), Sófocles ha interpretado a Tersites de acuerdo a la tradición homérica, de tal modo que hace a uno pensar en las características corporales y espirituales de la raza oriental. Esta raza parece estar provista frecuentemente de embaucadores y demagogos, para quienes su propia capacidad de sentirse agusto acomodándose a la personalidad ajena sirve tambien para el cálculo del espíritu humano, y la sobreactuación locuaz de sus propios sentimientos y los deseos de las multitudes emocionadas. La descripción en la Ilíada de la naturaleza mental y corporal de Tersites, el "charlatán inconmensurable", responde a la repulsión sentida por una casta dominante nórdica a la que pertenece el poder, frente al hombre inferior que se atreve a criticar el poder noble. Adolf Schulten ha demostrado que Polibio (III, 33) describió a los tirrenios, originarios de Asia Menor, como Thersitai. El nombre de Tersites ha sido aplicado a un hombre con origen en Asia Menor, que Homero podría haber percibido.

La evidencia de la poesía homérica muestra, al menos, como en la era de los poetas eran imaginados los dioses, diosas, héroes y heroínas. De este modo, puede inferirse dela Ilíada y la Odisea, que las características corporales al igual que los rsgos mentales eran consideradas como heredadas y heredables, y que pueden ser cultivadas y refinadas en las sucesivas generaciones mediante la elección cuidadosa del matrimonio. Estas evidencias de la poesía muestran que los individuos humanos y los pueblos ven sus divinidades de acuerdo a laimagen de su propia composición racial, como Jenófanes (fragmento 14) y Aristóteles (Política, I, 2, 7) han remarcado, y de la Ilíada y la Odisea puede deducirse, que al menos las familias dominantes de un pueblo que ve a sus dioses como hombres altos de piel clara, rubios y de ojos azules, deben corresponderse con esa imagen. Evidencias de los últimos siglos confirman que los poemas homéricos distinguieron correctamente las peculiaridades raciales de los helenos de la historia temprana: estos griegos eran de un tipo predominantemente nórdico.

Otto Reche ha señalado un detalle importante sobre una palabra que por si sóla representa una afirmación importante sobre la naturaleza racial de los griegos: la palabra "iris", del iris de los ojos. Iris procede de arcoíris; un pueblo con los ojos oscuros, negros o marrones, nunca hubiera comparado el color de los ojos con un arcoíris. Sólo los ojos claros, los azules, verdes azulados o grises de la raza nórdica, o los ojos verdosos o de color parcialmente claro de la gente con aportes nórdicos, puede explicar un término como "iris". Esta palabra sólo puede haber sido escogida por una población preponderantemente de ojos claros.



Sources/Fuentes

Hans F. K. Günther, Rassengeschichte des hellenischen und des römischen Volkes. Mit einem Anhang: Hellenische und römische Köpfe nordischer Rasse (Munich: J. F. Lehmanns Verlag, 1929) 18—22.

Hans F. K. Günther, Lebensgeschichte des hellenischen Volkes (Pähl: Verlag Hohe Warte, 1956) 98—104.

Hans F. K. Günther, “Like A Greek God.... Translated by Vivian Bird from Professor Hans F. K. Guenther’s Rassenkunde des Hellenischen Volkes.”Northern WorldVI, 1 (1961) 5—16.

fuente:
http://www.vnnforum.com/showthread.php?t=126033

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