miércoles, 20 de mayo de 2015

La Compasion Hacia los Animales Frente al Animalismo Moderno

LA COMPASIÓN HACIA LOS ANIMALES
FRENTE AL ANIMALISMO MODERNO



Pareciera que todo lo que en nuestros días es llamado “anti-sistema” estuviera relacionado con un neohippismo recalcitrante que no deja margen de maniobrabilidad para personas decentes que tengan esta misma visión ideológica. Así pues, se ha vuelto excusa que hay que consumir todas las drogas posibles pues como “el estado reprime” y no te permite “ser libre” entonces ser un drogadicto (o alcohólico) de tiempo completo es la forma de rebelarse ante esa represión; como la sociedad “te explota y te impone reglas” con sus códigos de vestimenta para ir a trabajar y cumplir horarios, entonces vestirse como un andrajoso y ser un vago de tiempo completo es la mejor forma de rebelarse y así muchos ejemplos más.
Infortunadamente, este mismo pensamiento y “forma de vida” se ha enquistado entre el gremio de los “ecologistas/animalistas” como si fuera una especie de paquete completo, un triple-play que hay que adquirir en combo para ser un antisistema de verdad-verdad: droga + vegetariano/ecologista/animalista + andrajoso/vago. Yo no asisto a marchas anti-taurinas porque, a pesar de que apoyo la causa, no quiero verme mezclado con los mismos sujetos desagradables que también asisten a las marchas pro-aborto/pro-comunidadgay/anti-militares, etc… Sin embargo, y es curioso, tampoco veo a muchos “camaradas” pronunciarse de manera efectiva a favor de los animales o en contra de su maltrato; a veces pareciera que por el lado fascistoide también se cumpliera lo del combo triple-play tipo american redneck: anticomunista + separatista/xenófobo + cazador de pavos/alces/ciervos/palomas con rifles ridículamente avanzados/coleccionista de perros de pelea. Por supuesto, también conozco el caso de aquellos que son vegetarianos éticos, ayudan animales en condiciones de desventaja y son decentes como personas, afortunadamente; pero creo que son minoría.
Cuando un comportamiento que debería ser normal empieza a volverse moda, definitivamente es porque estamos llegando al borde del abismo como sociedad, y mucho más enfermo es cuando una aberración logra el mismo estatus. Ahora es “moda” tener un gato como mascota, cuando antes era común ver a la gente perseguirlos con escobas como si fueran ratas y ni qué hablar de las formas atroces de torturarlos que aun hoy muchos enfermos practican no solo contra ellos sino contra perros y otras especies. Es positivo, por supuesto, pero es triste que adopten al animal para ponerlo como un objeto decorador en vez de verlo como un gesto humanitario ante un ser en desventaja y qué desconsolador es ver cómo estos mismos infames que alguna vez acogieron a un animal en su hogar, no tienen el corazón para ir a un sector apartado a abandonarlo y dejarlo a su merced cuando ya el animal está condicionado a vivir protegido y ha perdido muchos de sus instintos que le permitirían defenderse mejor ante la adversidad; así es el talante de muchos de estos neoanimalistas, de estos ecologistas urbanos de fin de semana.
Por el lado de los predicadores del amor y las buenas costumbres tampoco escampa. Las fiestas del santoral en las que se usa animales como diversión tirándolos desde una torre, prendiendo sus cachos en fuego, lanzándoles dardos y patadas, colgándose del cuello de un ganso hasta ahorcarlo (todo esto puede verse en el documental “To love or to kill: man vs Animal” que tuve el infortunio de ver hace casi 10 años ya) muestran ese desprecio hacia los animales como seres inferiores, seres al servicio y para el uso del hombre; irónicamente, algunas de estas horribles prácticas se realizan en honor a San Francisco de Asís, el amigo de los animales. Ahora bien, no pretendo inducir al error (en el cual caí alguna vez pero salí gracias a Korand Lorenz) de pensar que somos “inferiores” a los animales, que nuestra especie debe desaparecer ni ese tipo de ideas. Ni siquiera soy capaz de adoptar la idea budista de que “toda vida debe ser respetada” pues aún asesino zancudos y jejenes sin misericordia cada vez que se vienen a ocuparse de mi sangre y el mismo odio lo dirijo hacia las cucarachas, especialmente las de alcantarilla, rojizas y regordetas de comer porquerías urbanas; creo ante todo que debemos ser fieles a nuestra especie y mucho más a nuestra raza a pesar de que haya tantos (demasiados, quizás) de los nuestros que no merezcan siquiera el más mínimo respeto. Sin embargo, es innegable que necesitamos un equilibrio, una forma de llevarnos bien con los animales sin caer en fundamentalismos de veganos-nueva-era ni en un laxismo total hacia su abandono y su maltrato. Al respecto dice Lorenz: “…la compasión por seres vivientes que no pertenecen a la propia especie es exclusiva del hombre… El amor entre seres vivientes es una emoción importante e insustituible. En suma, es la que impone al hombre imperante la responsabilidad por la vida en nuestro planeta.” Necesitamos pues, más compasión en el sentido de que a partir de este sentimiento podemos ayudar a los indefensos. Sin embargo, también es muy claro al afirmar: “Aunque sea muy importante despertar en el hombre esa compasión por todo cuanto convive con él en la corteza terrestre, y aunque la compasión sea inalienable al amor a lo viviente, es preciso trazar una limpia divisoria entre los sentimientos que nos inspiran animales y hombres.”
Admiro y respeto a quienes optan por el vegetarianismo ético y lo practican sin mirar con desprecio a quienes consumen carne. Creo que es posible ser carnívoro y a la vez proteger o ayudar a un animal siempre que pueda, lo que critico de comer carne es el hecho de hacerlo buscando placer en el mero acto de consumirla, lo que en cristiano creo que equivaldría a comer por gula; ahí está el punto: empezar a abandonar ese cruel hábito de matar para divertirse.
Me siento afortunado en cierta forma de vivir en una ciudad donde, paulatinamente, se ha inculcado el respeto y la protección de los animales y donde incluso se destinan recursos públicos para lograr este objetivo. Aun así, se ven casos infortunados de quienes al parecer no entienden o no quieren entender lo sencillo que es pensar de esta forma. No es necesario caer presa del sentimiento enfermizo de vivir pensando en el sufrimiento de tantos animales por los cuales poco o nada podemos hacer hasta llegar al punto de caer en el acaparamiento de animales, situación que puede llegar incluso a ser peor que si los dejáramos simplemente seguir en las calles, pero sí podemos experimentar un poco de compasión hacia ellos y ayudarlos cuando podamos. No soy cristiano, pero creo el ejemplo de un Francisco de Asís respecto a su trato y amor por los animales aún sigue vigente tanto para ateos/agnósticos como para cristianos por igual, pues, cerrando con palabras de Lorenz: “La inhibición, el mirar hacia otro lado ante los sufrimientos de los animales, entraña el peligro de llegar a convertirse en un hábito.”

*Citas tomadas de "Decadencia de lo humano", Lorenz, Konrad. Ed. Plaza y Janés

Alexandre, Colombia.

2 comentarios:

  1. Muy buen contenido...Solo que el contraste de colores hace MUY pesado leer el blog.

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    1. Como contraste? Cual seria el color indicado?

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