miércoles, 3 de junio de 2015

De la Geopolitica a la Financio-Politica

DE LA GEO-POLITICA A LA FINANCIO-POLITICA



Aun hoy en día se escriben y se comentan los textos de Geopolítica que fueron muy estudiados durante los principios del siglo XX. Y se sigue analizando el tema de Rusia y Euroasia frente a la geopolítica marítima de USA-Inglaterra, etc…
Podemos en este sentido analizar, por ejemplo, los libros de Karl HAUSHOFER, como el de “Los fundamentos geográficos de la política exterior” escrito en 1927.
Karl Haushofer el más conocido de los analistas de la geopolítica, nacido en Munich en 1869, se incorpora al ejército bávaro en 1887. Profesor en la Academia de Guerra, cuando terminó la Primera Guerra Mundial, en la que participó activamente, era coronel. Poco después defiende una tesis doctoral sobre “Las líneas directrices de la evolución geográfica del Imperio japonés 1854-1919”, siendo nombrado en 1921, encargado de cátedra en el Instituto de Geografía de la Universidad de Munich, donde permanecerá hasta 1939. Desde 1919 está ligado por una estrecha amistad con Rudolf Hess, y se vincula al Tercer Reich institucionalmente en tanto que Presidente de la Academia Alemana (Deutsche Akademie) o miembro de la Sociedad para la Germanidad en el Extranjero (Volksbund für das Deutschtum im Ausland), y sus obras tienen gran predicamento en el III Reich. En 1924 se convirtió en el director de la revista Cuadernos de Geopolítica (Zeitschrift für Geopolitik), publicada en Munich hasta 1944, entre cuyos objetivos principales se encontraba examinar la situación geo-política de Alemania en el mundo a fin de mejorarla.

La geopolítica está muy ligada a la lucha de las naciones y los grupos étnicos por el espacio vital, por las alianzas que convienen para preservar ese poder nacional y la idea de autarquía como remedio a las agresiones exteriores.
Así podemos leer en Haushofer:
“La política exterior está vinculada al espacio vital del Estado, en el que este se ha desarrollado, y es su primer deber mantenerlo y agrandarlo si cabe. Al mismo tiempo, en el interior del Estado se tiene que definir una política que preserve la capacidad de bastarse por sí mismo (autarquía).”
(…)
“Es el deber de esta política exterior velar por este espacio vital y conservarlo al menos tal y como lo han heredado generaciones pasadas, expandirlo cuando resulte demasiado limitado, sin poner la existencia del pueblo en peligro de muerte…”
(…)

En esta medida, los Estados compiten unos con otros por la ocupación de la mayor superficie terrestre posible, debido a la presión demográfica que soportan, y esa competición por el territorio conduce normalmente, aunque no necesariamente, a la guerra.

La idea de guerra por territorios y de necesidad de territorio para alimentar al pueblo es la base de esa idea de geopolítica. Está basado ello fundamentalmente en la noción (que es falsa en gran parte) de que los males del pueblo vienen de esa falta de territorio suficiente:
“No hemos sido capaces de explicarle al obrero alemán que la falta de espacio estaba detrás de la mayoría de los males que sufría”.

Entonces se habla de las naciones que como Australia, USA, Rusia, Brasil, Canadá y las potencias colonialistas Inglaterra o Francia, son las que disponen de esos territorios sobrantes.
El propio Hitler se refiere varias veces a Inglaterra o Rusia con su dominio sobre grandes territorios (propios o coloniales) frente a una Alemania muy poblada pero sin territorios coloniales tras 1918.
El colonialismo subyace en esta idea geopolítica, el propio Haushofer dice:
“No hemos comprendido tampoco que gran medio de educación hubiera podido ser nuestro antiguo Imperio del Pacifico meridional: habría podido abrir nuestro espíritu a vastos espacios y a los océanos y completar de este modo nuestro pensamiento demasiado continental, nórdico, reducido, centrado alrededor de Europa”.

Es evidente que este planteamiento geopolítico, nacionalista, colonialista y autárquico dominaba la mentalidad de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, cuando el colonialismo se desarrolla y la lucha entre nacionales por materias primas, territorios que colonizar y dominio nacional frente a otras potencias fueron la base de la política.
Pero es un error considerar que los condicionantes geopolíticos fueran siempre la base del poder. Durante siglos lo fueron otros condicionantes como las presiones étnicas o los temas religiosos. Un señor feudal del siglo XII estaba más condicionado por otros temas que por los geopolíticos. Y los grandes movimientos étnicos sobre Roma no entendían de geopolítica sino de presiones de pueblos contra pueblos.
La geopolítica exige un orden nacional que medite sobre su futuro y necesidades como tal Nación, considerada como un Ente ‘vivo’ de valor superior a todo otro Ente.
El capitalismo nace dentro de la estructura nacional (la Revolución francesa genera esa idea de Nación uniforme, jacobina y capitalista al liberalizar las relaciones económicas corporativistas y gremiales), y eso hace que en sus facetas iniciales el capitalismo alimente esa misma tendencia geopolítica: necesita materias primas, consumidores, territorios de dominio que son ‘Mercados’ propios protegidos.
Las brutales hambres y miserias del capitalismo desde 1800 llevan a grandes migraciones y al colonialismo.
Pero el capitalismo democrático lleva en su esencia la idea mundialista, el poder del dinero, no de la Nación. Es la semilla de algo que poco a poco destruirá el animal del que se alimenta al inicio, la Nación, de la que se sirve como alimento para su desarrollo.
En el momento en que el capitalismo llega a dominar el poder, cuando los usureros y las grandes corporaciones llegan a superar al mismo Estado nacional, expandiéndose en multinacionales, Bancos con negocios en varios países, intereses que superan las cifras del propio Estado, el nacionalismo es un enemigo a batir, es un corsé que retiene al capitalismo.
Los nacionalistas siguen con sus ideas geopolíticas de dominio nacional cuando el capitalismo democrático ya ha superado la idea de dominio nacional por el de dominio financiero global. La idea de un dominio mundial económico que supere a las naciones estaba ya en el capitalismo de inicios del siglo XX bajo la influencia de las grandes corporaciones multinacionales y de la banca usuraria, con gran participación en esas ideas de los lobbies sionistas como Rothchild, Rockefeller, Kuhn Loeb, etc…
Hay que reconocer que el marxismo comprendió la caducidad del nacionalismo anterior y, dirigido por judíos como Engels y Marx, asumió el mundialismo, la eliminación de fronteras en aras de un economicismo mundial… idea similar, aunque políticamente inversa, a la del capitalismo global.
Los marxistas se empeñaron en ‘hace científica’ su idea de que toda la historia era un tema económico, de relaciones de clase y su lucha, despreciado totalmente otras influencias no ‘clasistas’. Este reduccionismo llevó a incluso generar una inevitabilidad del comunismo ‘científico’ que ha resultado la más jocosa de las falsas utopías.
Y el capitalismo ha hecho lo mismo, al anuncia y difundir la idea del ‘fin de la historia’, que es sacralizar como ‘científico’ de futuro el gobierno mundial, la globalización, el Mercado mundial, la eliminación de razas y naciones fundidas en un solo Mercado.
Por ello hoy seguir con la geopolítica es absurdo, ya no tienen sentido el poder de una nación, el enemigo no tiene Patria ni Nación. Las naciones son solo zombis manejadas por los intereses y poderes del capitalismo financiero, y la llamada democracia es solo una máscara para ocultar a las masas el verdadero poder financiero que las maneja.
El comunismo es un absurdo económico, porque la igualdad ni existe ni es positiva, y su fracaso económico es esencial dado que precisamente fracasó brutalmente incluso en aquello que era su idea central, lo económico. Para colmo se basa en un marxismo mundialista que no reconoce más que lo Económico, precisamente lo mismo que hace el capitalismo.
Hoy por tanto no hay que fijarse en temas geopolíticos en la medida que se hacía en el siglo XIX sino en la lucha anti mundialista, anti capitalista. No se trata de derrotar a USA si con ello solo hacemos que desplazar el centro capitalista a China o a otra ‘Nación’, dejando a USA solo como una zona más del dominio del nuevo zombi dominante.
Hoy el problema es lograr un poder suficiente para derrotar a los zombis que maneja el capitalismo. Y ese poder no es una nación sino pueblos enteros, grandes masas en diversas naciones capaces de liberar a los ‘estados’ zombis. La geopolítica sigue en pie solo en el sentido de que no sirve un solo zombi rescatado, es preciso unir grupos de poder étnicos o nacionales capaces de resistir al enemigo mundialista.
Por tanto toda idea de dominio ‘nacional’, de una nación sobre otra, es contraria a la liberación anti capitalista. Ya no importa el territorio o la frontera, sino lograr que se unan naciones y pueblos contra el capitalismo mundialista. Hoy el egoísmo nacional es un enemigo en la lucha contra el poder mundial financiero.
Todas las naciones son esclavas actualmente, y yo lucharía con aquella nación que se libere de la esclavitud, sea cual sea…  incluso contra el zombi ‘nacional’ propio que siga en poder de la finanza.
Solo tras destruir el monstruo global financiero es posible reconstruir las naciones como núcleo natural, étnico, cultural, razonable y posible.
El sistema pretende destruir la identidad étnica y nacional porque desea uniformizar el mundo, toda diferencia es un peligro para el sistema global, recuerda la base natural y se opone a la igualdad mundialista del Mercado. Nosotros defendemos la identidad de los pueblos pero no su egoísmo ‘geopolítico’ de dominio. Hoy es precisa la difícil ecuación de apreciar las diferencias para unir a los que las defienden contra los que solo desean uniformidad bajo el poder del dinero

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