viernes, 12 de junio de 2015

El socialismo y la cosmovisión nacionalsocialista

El socialismo y la cosmovisión nacionalsocialista

 

Al hablar de nacionalsocialismo la propaganda anti-nazi ha impuesto hasta tal punto ciertos puntos de vista que es habitual que incluso sus defensores sigan estas líneas impuestas, mantengan la total ignorancia que existe sobre las obras de gobierno del Tercer Reich que resultan de una terrible importancia y actualidad para el mundo entero, y se centren en la discusión de temas como, por ejemplo, el judaísmo y la raza antes que en los aspectos que hicieron del nacionalsocialismo un movimiento realmente revolucionario y excepcional en la historia. En cambio, cuando leemos las obras doctrinarias del propio partido nacionalsocialista casi siempre el énfasis está puesto en los conceptos de socialismo y comunidad, enmarcados estos en una historia común, en un sistema de valores espirituales antes que materialistas y en un destino de grandeza. Este socialismo a su vez se manifiesta en una obra social en pos del engrandecimiento de una comunidad en la que se distingue un tipo especial de hombre para quien se pretende abrir los caminos de su evolución. Es así que, aunque hayan sido traducidas de distintas maneras, las palabras Weltanschauung (que nosotros traduciríamos como cosmovisión) y Volk (que traduciríamos como pueblo pero unido a una determinada historia, raza o estirpe) suelen ser las más utilizadas en los discursos de Hitler y en las obras doctrinarias oficiales. Estas a su vez se estructuran alrededor de otros conceptos como Reich (Imperio) en tanto que unidad superior que se impone como organismo trascendente y jerarquizado que aglutina pueblos con un mismo destino y unos mismos valores; Volksgemeinschaft (comunidad popular) como objeto de las políticas de Estado, las que pretenden cuidarla y fortalecerla a la vez que absorber sus valores históricos y el espíritu de su raza; Rasse (raza), y Blut (sangre) como su portadora, como guía de determinados valores, impulsos e ideas que actúan como fuerza formadora; Heldentum (heroísmo) como arquetipo del hombre que forma y guía a la comunidad, para que no sólo el líder sino todo el pueblo, en tanto que todos deben sacrificarse por la comunidad teniéndola siempre presente en su vida como calificadora de sus actos, sea impulsado al heroísmo mediante la actualización pública de la figura del héroe en libros, monumentos, películas e historias ejemplares; Kameradschaft (camaradería) como una comunidad en la lucha, un espíritu de soldado, un conciencia de unidad de destino y solidaridad sobre todo; Ehre (honor) y Treue (lealtad) como lo valores esenciales de los pueblos arios y de la comunidad, parámetros de la organización comunitaria tanto como aglutinante de la misma. Todos estos valores, junto a otros tantos relacionados a ellos, constituyeron las partes esenciales de la Cosmovisión nacionalsocialista.
Como se verá, no se puede hablar de socialismo o de cualquier otro ámbito de la obra política del Tercer Reich sin hacer referencia a esta cosmovisión, a una orientación que pone en primer lugar los valores espirituales y por lo tanto combate el materialismo y el imperio del dinero en la vida de la comunidad. De este simple hecho recaba su fuerza el gobierno de Hitler y la espectacularidad de sus obras. Fue gracias a su orientación, y al profundo arraigo de una cierta forma de valorar la vida, que Hitler triunfó donde los teóricos del socialismo habían fracasado. Faltaba un espíritu socialista que diera impulso a las circunstanciales obras que lo manifiestan y constituyen la aplicación a este socialismo. La mayor demostración fue que el tan mentado „bien común“ fue esta vez una realidad: los increibles avances de la Alemania de Hitler dejaron al mundo con la boca abierta (1) y conquistaron el corazón de los alemanes, que siguieron fervientemente a su líder en un porcentaje de adhesión que ningún otro gobierno pudo lograr.  El socialismo nazi no se quedó en palabras bonitas ni en conveniencias políticas del momento sino que bien supo llevar y justificar el nombre de nacionalsocialista en todas sus obras de gobierno.
Este libro pretende demostrar, mediante la recopilación de escritos de destacados socialistas en sus diversos ámbitos de competencia, que la asombrosa solución de los problemas sociales de Alemania se debe antes que nada a una determinada fuerza espiritual y que las diversas formas de organización social son apenas la manifestación de ésta.
Para esta nueva edición, gracias a la ayuda de un honorable hombre de valores como R.B., al que tanto le debe la recuperación de la verdad histórica, hemos podido contar con la traducción inédita de los capítulos que faltaban traducir de la obra original y que sin duda dan un nuevo cariz y una mayor fundamentación al conjunto.

Socialismo religioso
No podemos pues menos que empezar a analizar el libro mediante uno de los capítulos que más se echaron en falta en la primera edición castellana: el referente al „socialismo religioso“. Dado que para el nazismo el socialismo es un hecho del espíritu, debemos buscar su esencia y fundamento en una determinada religiosidad que ha sido calificada como aria o hiperbórea para poder diferenciarla y contraponerla a la que impuso el dios Yahvé primero a los semitas y poco a poco a gran parte del mundo. Mientras la „religiosidad jeovítica“ se basa en el temor y en la humillación ante un dios que pretende ser el único mediador con lo divino, la aria encuentra en todo, en el Absoluto, y en el interior del mismo hombre, el contacto con lo divino. Mediante la noción de Cosmos, de un Universo ordenado jerárquicamente de acuerdo a las leyes que se pueden apreciar en la misma naturaleza y en absolutamente todo lo creado(2), se honra a la divinidad en el contacto con todo lo que nos rodea y en cada una de nuestras acciones en armonía con este Cosmos. El individuo es entonces un hacedor y manifestador de lo divino,  mediante su obra honra a Dios. Gracias a este sentimiento de estar en comunión con Dios a través de nuestros actos es que la entrega por la comunidad y la concreción del socialismo es posible. Porque el socialismo se construye con la entrega y el sacrificio en pos de la comunidad, y este sentir al camarada como un hermano y entregarse amorosamente por la comunidad es la manifestación del amor divino en cada hombre. El Amor divino puede tomar dos direcciones: amor hacia la propia divinidad, lo que se llama Honor, y amor hacia la divinidad en los demás, lo que se llama Lealtad. La división, impuesta por la naturaleza, en pueblos y razas a los que se debe respetar y preservar, la unidad de destino y vida social en medio de un desarrollo común hacen que se ponga en primer lugar la noción de Comunidad.
Este amor es además el que permite que se dejen de lado los deseos egoístas, los propios miedos que no permiten alcanzar el conocimiento y la conciencia de comunidad, y los odios que impiden concentrar las fuerzas en el bien común. Liberado el camino de estos 3 „demones“(3) y fortalecida esta fuerza divina, la consecución del socialismo se halla libre de obstáculos. Así se llega a decir: „Esta voluntad divina que nos circunda y nos inunda nos exhorta a la unión con la luz, con el cielo y con la tierra“. „Esta porción del amor divino presente en todos los seres es un mandato del Creador a continuar actuando, ordenando y conviertiendo la tierra en un Paraíso“. „Sin el sentimiento de estar en comunión con el Creador y actuar según su voluntad no es realizable la verdadera entrega hacia la comunidad“.
Se debe también mencionar que el reconocimiendo de las diferencias entre las distintas razas es aquí visto como el reconocimiento de las leyes de la creación. La comunidad popular es vista como como un destino y un orden divino, como la partícula del todo que se nos encomendó preservar y perfeccionar, y no deteriorar mediante las cruzas raciales que producen individuos con cada vez menos capacidades y posibilidades de realizarse. La creación de la condiciones para que hombres superiores puedan crecer y la selección de los mismos mediante la temprana detección de un caracter fuerte y una amorosa y sacrificada entrega por los demás es lo que permite la creación de un estrato dirigente. Sólo mediante la selección de los mejores para ser líderes de la comunidad, y no mediante el igualitarismo y el reinado de la masa, este mandato divino puede ser mantenido.
La perfección y evolución del ser humano es actuar en armonía con los designios divinos. Con el socialismo la obra de Dios despierta en cada uno. Las obras de este socialismo que serán juzgadas por la posteridad no son la simple provisión de bienes (esto no es sino un deber del Estado) sino el fortalecimiento del Alma del pueblo, por su acercamiendo mediante el arte, la arquitectura, la música y la poesía al Espíritu divino. Por la plasmación de la obra de Dios en la Tierra y en el pueblo que nos ha tocado constituir y cuidar.

El trabajador del corazón y del Alma
Lógicamente, luego de la importancia dada a una cierta religiosidad, se debe pasar ahora a valorar el fundamental papel que en el Tercer Reich tuvieron los interpretadores y formadores del Alma del pueblo. Una de las características que más distinguen al Tercer Reich es justamente la preponderancia que siempre tuvo el arte para la obra de gobierno del nacionalsocialismo y para Hitler mismo. Creemos que lo que más determina la personalidad de Hitler es justamente su relación con el arte. Desde su despertar político por su fanatismo por Richard Wagner hasta el constante colmar, hasta el último día, a su pueblo de ofertas artísticas, pasando por su alma de arquitecto y pintor que diseñó monumentales obras en toda Alemania, no tiene paralelo con ningún otro político. Encontramos aquí otra prueba más del motivo de esta preponderancia: El arte es manifestación y sostenedor del espíritu, él es el encargado de hacer vibrar el Alma y reencontrarla, y enaltecerla a la vez, con las obras que plasman la vida anímica de una raza y dan una forma asequible a  la energía de su ser interior.
Por su papel como intermediario con el espíritu es que Severus Ziegler dice: “El corazón del artista debe estar completamente henchido por lo divino, rebosante de un imperturbable idealismo. Su alma es un instrumento de cuerda que suena cuando el soplo de Dios pasa por él y el pliegue de su manto roza con suavidad sus cuerdas.” Por ser el portador del genio de una raza es que dice: “El poeta escribe con la sangre de sus venas.”
El Nacionalsocialismo posicionó en su escala de valores al trabajo como el más preciado tesoro de la Nación y lo desligó completamente de la tiranía del dinero ya que para él,  si el dinero no representa un trabajo, es un objeto sin valor que en nada puede determinar la vida del pueblo. El trabajo deja de ser un concepto puramente materialista medido por el mercado y el dinero. Al representar un bien para la comunidad y un acto de lealtad para con ella, tiene un estatus de nobleza que le da al trabajador su honor. Dentro de esta concepción es que se igualó al  “trabajador del músculo” y al “trabajador de la frente” como los proveedores de los bienes materiales e intelectuales de la comunidad, y, por lo tanto, como los tesoros más preciados de la Nación. A estos se suma ahora el “Trabajador del Corazón”, o “Trabajador del Alma”, dignificando el trabajo del artista como al más importante proveedor de los bienes culturales de una Nación y como plasmador y sostenedor del Alma de una raza.
Se debe entender que cada raza tiene unas determinadas características del espíritu, así como del alma y del cuerpo. Es así que el arte, al ser manifestación de estas características, está determinado racialmente.
El creador del arte, tanto como su propagador, debe ser ante todo un hombre de genio y sensibilidad. El Genio, como su nombre ligado a la raíz gens lo indica, no es un hombre único sino un puro representante de las posibilidades del espíritu que portan los genes de una raza en su pureza. El hombre de sensibilidad es aquel que puede percibir con todos sus sentidos, incluidos los que perciben más allá de la materia para captar esencias intelectuales y anímicas. Genio y sensibilidad son más importantes entonces que las cualidades racionales o intelectuales. Los hombres que las portan tienen la hermosa tarea de iluminar el interior del corazón de una nación y sacar a la luz sus energías anímicas. Un político con todas las letras, como Hitler, se valió entonces de los artistas para llevar a los hombres  al conocimiento de sí mismos y a su realización como individuos y personalidades creadoras.
Allí reside uno de los deberes educativos más importantes del Tercer Reich: Reconocer la personalidad creadora, la que tiene genio y sensibilidad, como maestra y dirigente para poder captar una chispa de esa personalidad en uno mismo y consumar así, en contacto con las fuerzas de una etnia, la comunidad popular.
“El trabajador del corazón es llamado a ser el educador del pueblo en el conocimiento de la personalidad creadora, a la que siempre se deberá considerar como la fuerza decisiva del progreso y del auge de una nación cultural”

La lucha político-social de los socialistas alemanes.
La revolución de la Weltanschauung del siglo XX supone una batalla en el plano arquetípico, en la imposición de ideas formadoras que determinarán  la mayor confrontación espiritual de los últimos siglos. La transformación espiritual que desea imponer el nacionalsocialismo vimos tiene caracteres religiosos, artísticos-anímicos y también culturales.
Una larga cadena de escritores y filósofos alemanes como Goethe, Nietzsche, Kant, Hölderlin, Schiller, Schopenhauer, Herder, y muchos más, habían ya moldeado las ideas alemanas, destacando entre ellas siempre la concepción de Libertad. El nacionalsocialismo retomó muchas de ellas e impuso también sus propias concepciones. También la música, de la mano de Bach, Beethoven, Mozart, Wagner y tantos otros había ya expresado la armonía y la belleza de lo sagrado en el alma alemana.
La era del materialismo sin embargo llegó y el capitalismo con su dios Mamón impone una nueva escala de valores basada en el dinero, con el consecuente dominio de unos pocos que lo manejan en desmedro de la comunidad trabajadora. La más crasa fisicidad se eleva a razón última de todo mientras el idealismo alemán comienza a decaer. Como Hans Hinkel claramente expone en este capítulo: “Se destruyó todo sentimiento religioso, el sentimiento nacional fue objeto de escarnio, mientras que en el arte reinaba el dominio económico de Judá. En la música «comenzó a tocar Johnny», en la pintura dominaba la locura del cubismo y del futurismo, en la poesía el lenguaje fue destruido en mil pedazos y la temática dirigida por el instinto sexual. El psicoanálisis del judío Freud sólo reconoce el incesto como última razón de todo acto. En el estilo arquitectónico los bloques de cemento estropean a conciencia el rostro de las ciudades porque se quiere destruir la tradición y la conciencia de la germanidad. El hombre heroico es objeto de burla y el heroísmo se declara una locura.”
Para sacar a Alemania de entre las ruinas de una crisis sin paralelo aparece Hitler con un nuevo sistema de valores y con una enorme cantidad de obras que los ponen en marcha.  Pero con ellas trae la valoración de la comunidad tanto como la de la personalidad creadora y dirigente. El heroísmo, el sacrificio, la camaradería, la valentía, la lealtad, el honor, la fortaleza del carácter, la importancia de realizarse individualmente encontrando en el interior de cada uno los valores del Alma alemana junto a  unas raíces comunes que enaltecen la vida trascendiendo los egoísmos humanos, son puestos de nuevo en primer lugar en todas las manifestaciones culturales de la Nación y ya no se permite que las tendencias disolventes y degeneradas impongan su ritmo al pueblo alemán.
Como se verá a lo largo de todo el libro, esta lucha cultural, la imposición y fortalecimiento de este espíritu, es valorado como de mucha mayor importancia que cualquier medida o método técnico de gobierno implementado pues es siempre este espíritu el que impulsa la real concreción de las obras de gobierno, con mayor potencia que cualquier ley o imposición.
Hitler mismo se encarga aquí de predicar con el ejemplo imponiéndose una dura disciplina y una total entrega por su pueblo. Bajo su guía nuevos modelos son impuestos. En él se refleja “no sólo el mayor soldado desconocido de la guerra y el primero de los trabajadores de nuestro pueblo, vemos en él al político-artista y al primer artista de la nación que reúne en sí todos los valores eternos de nuestra etnia” “En el Führer se encarna el futuro nuevo tipo humano de nuestra nación. De la formación y desarrollo de este nuevo tipo humano alemán, que responde al modelo del Führer, dependerá el progreso y el éxito de la revolución del espíritu y la forma artística de la nueva experiencia vital.” (4)

Socialistas y nada más que socialistas
La dialéctica marxista había instaurado la catastrófica idea de que dentro de la Nación las diferentes clases que la constituyen se encuentran en lucha naturalmente y pretendía instaurar una dictadura del proletariado en contra de los demás estratos de la sociedad. No sólo eso, sino que con esta lucha fratricida, que sin embargo nada hacía en contra del dinero y las finanzas, que salían fortalecidas como los únicos dictadores de la vida de la nación, pretendía además arrogarse exclusivamente del título de “socialistas”.
El nacionalsocialismo cree en cambio que todos los estratos de la Nación deben estar unidos en pos de una misma lucha, que es el engrandecimiento de la comunidad toda, y con ello de todos los individuos que la componen. No son los productores ni mucho menos las personalidades creadoras y emprendedoras las que deterioran las condiciones del trabajador sino las finanzas escondida detrás del sistema de la usura que parasita la vida de todos por igual y, amasando enormes ganancias sin producir absolutamente nada, se encuentra en posición de dictar las condiciones de la vida social en tanto existe un sistema que tiene como vara al dinero y las leyes del mercado. El nacionalsocialismo terminó con el poder de las finanzas y la usura pero sobre todo impuso un espíritu socialista en absolutamente todo el pueblo, imponiendo como medida el trabajo (ya sea mediante los músculos, el  intelecto o el corazón) que les da a todos el honor de poder servir al bien común. El socialismo se impuso no como una cuestión sólo de las masas sino como una forma de organización de toda la sociedad. Es verdad que en ella se llevó a cabo una aristocrática selección de los mejores mediante una constante prueba y observación de los procesos de desarrollo y fortalecimiento de la personalidad y el carácter, ayudados por los aportes de la biología en cuanto a la pureza de raza y las mayores posibilidades genéticas que esto brinda al ser humano, pero sin ser sólo una cuestión biológica sino sobre todo una cuestión de demostración de las capacidades de quienes tengan personalidad de líder. Este estrato dirigente debía además estar imbuido de los valores de servicio y sacrificio en pos de toda la comunidad. Este grupo seleccionado debía servir de ejemplo para todos en la búsqueda de la evolución y el perfeccionamiento de cada uno.
Con el alzamiento del movimiento nacionalsocialista, y la preponderancia de estudiantes y soldados en sus filas, la masa creía que éstos eran enemigos de los trabajadores, sin embargo fueron justamente los soldados los que se encargaron de imponer más que nadie un verdadero socialismo que reúna a toda la población en la búsqueda del bien común, pues ellos fueron los que habían arriesgado realmente sus vidas por la Nación y quienes aprendieron en la dureza del combate que las divisiones no llevan a nada bueno, que no se “reconocen clases cuando tienen delante a la muerte”.
El espíritu del soldado inundó el socialismo del Tercer Reich y se cuidó de que su socialismo no quedara reducido a meras consignas y acciones económicas sino que una nueva forma de vida penetrara profundamente en la existencia de todo el pueblo.
Mediante una gran cantidad de instituciones que impusieron el espíritu socialista y comunitario, como el “Servicio del Trabajo” o las demás delegaciones del “Frente Alemán del Trabajo”, no sólo se logró darle a los trabajadores una mejora de las condiciones de trabajo , y la organización y utilización para el enriquecimiento personal de las horas de descanso, que le hicieron alcanzar un nivel desconocido hasta entonces para la clase trabajadora de cualquier otra Nación, sino que, sobre todo, impuso un nuevo espíritu y una nueva mentalidad para crear un “nuevo hombre”.

Economía socialista
La economía nacionalsocialista no es tratada aquí desde la óptica de sus formas particulares y sus mecanismos (5) sino que se pone el énfasis en las orientaciones y valores que rebajan a la economía apenas al papel de servidora de la Comunidad y no como una ciencia con leyes propias que puedan gobernar sobre la vida de un pueblo.
Bernhard Köhler es en este caso quien comienza explicando que “en la vida del pueblo, el destino de éste no se halla determinado por la economía, sino por la intensidad que reviste su decisión de vivir. Y la manera de vivir de un pueblo no está determinada por la forma de su organización económica, sino por su voluntad en la realización de su sentimiento, del derecho y de la libertad. Si un pueblo tiene la inquebrantable resolución de dar a su propia vida una configuración socialista, las formas de su desenvolvimiento económico, las de las empresas y de otras organizaciones para determinados fines, surgen después espontáneamente sin que sea menester aplicarles de nuevo una norma especial”.
Absolutamente todas las doctrinas políticas, con el capitalismo y sus vertientes por un lado y el marxismo y sus derivados por el otro, han valorado en demasía la economía y sus leyes mientras dejaban al mundo de las finanzas y su capital decidir sobre el trabajo y los valores del pueblo. Tanto el comunismo como el capitalismo han hecho de una próspera economía y de la adquisición de bienes un objetivo que ha despertado sólo la ambición y el egoísmo en los hombres. El nacionalsocialismo, en cambio, pone en primer lugar el trabajo y el bien de la comunidad porque estos despiertan el sentimiento de la propia fuerza y propia capacidad para realizarse como individuos y los sentimientos de solidaridad y sacrificio por un bien común y una herencia y unos valores por los que se sienten unidos. Para el nacionalsocialismo la economía y el dinero pasan a ser apenas unos dóciles siervos de los deseos del trabajo, del crecimiento y libertad de su comunidad. Nada tienen que imponerle a su voluntad de vivir bajo las leyes divinas en armonía con la propia naturaleza, y será esta voluntad la que determine la prosperidad del pueblo, no su economía.
Del otro lado, los que “propugnaban la superstición materialista fueron tan lejos que llegaron hasta el extremo de sostener que la economía constituía el destino mismo del pueblo”. Consecuentemente, “la política se había convertido en la servidora de la economía, en tanto se le discutía y se le negaba al pueblo el derecho a disponer de sus destinos y el de defender sus propios intereses.”
Bajo el imperio de las leyes económicas sólo se logró sumir a los pueblos en la injusticia y la falta de libertad. Con el pretexto de tener que rendir culto a la razón económica, la falta de honradez, el incumplimiento de los contratos, la mala fe, el fraude, la explotación, la astucia, la falsificación y la deslealtad, pasan a invadir la vida toda de los negocios.
El socialismo del Tercer Reich, en cambio, puso antes que nada el respeto de los más altos valores que el pueblo portaba en su sangre y tuvo siempre como objetivo el bien de la comunidad prohibiendo toda práctica deshonesta. Para él, la lealtad es uno de los más altos valores de la sangre alemana y “el socialismo es la lealtad del pueblo para consigo mismo.”
El nacionalsocialismo no se detuvo a discutir los detalles de la obra de gobierno y le enseñó también a los nacionalistas que formaron sus filas que “no basta asegurar la estructura estatal de un pueblo, sino que es preciso hacer otro tanto con las características éticas, basadas en la propia sangre.” Tanto como le hicieron ver a los socialistas que “las exigencias de índole moral no son sueños totalmente irrealizables, sino que se trata de imperativos de la sangre viva del pueblo que sólo pueden llegar a ser satisfechos en el mundo a través de la comunidad popular.”
Partiendo desde una orientación anímica, el socialismo del Tercer Reich dejó al mundo con la boca abierta mientras observaban como una Nación que hasta hace poco se arrastraba en la miseria se levantaba ahora hasta convertirse en potencia mundial, con avances sociales inéditos y una rápida solución de los problemas de la comunidad, incluyendo la inclusión a la estructura del Trabajo de unos 6 millones de desocupados, mientras el mundo libre, con la disposición de capitales y riquezas naturales no lograba dar trabajo y felicidad a sus ciudadanos.
Hemos ya hecho mención a la importancia que tuvo el trabajo en la cosmovisión nacionalsocialista al ser éste elevado al estatus de la única riqueza de la que dispone un pueblo (6), pero no podemos dejar pasar la oportunidad de destacar la importancia que tuvo aquí un derecho real al trabajo, que no es el derecho que le da el mundo democrático que apenas lo deja en una frase bonita, sólo válida en los papeles y los discursos, pues en realidad éste se haya determinado por el dinero. Ateniéndose a las leyes económicas que dictan: “Hay sólo tanto trabajo como lo permita el capital existente”; la consecuencia lógica es que “únicamente pueden vivir tantos hombres como el capital disponible lo consienta”.
El punto X del Programa Nacionalsocialista establece que: «Todos los alemanes deben tener los mismos derechos e idénticos deberes». Tal vez pase desapercibido ante lo acostumbrados que estamos a oír promesas electorales demagógicas y lindas frases que luego no llegan a concretarse, pero debemos tener en cuenta que Hitler se encargó de que cada punto del partido sea realmente cumplido y que, por lo tanto, bajo su gobierno los que menos tienen tengan absolutamente garantizado el derecho a poder ganarse el sustento por medio del trabajo, al paso que el poseedor de los medios de producción se encuentra en la obligación de justificar y de conservar su propiedad, pura y exclusivamente, mediante su propio esfuerzo y cuidando siempre de contribuir al bien de la comunidad.
Hemos dicho que el comunismo promueve la ambición y la lucha de clases haciendo hincapié en el derecho de posesión antes que en el derecho al trabajo, pero lo que pasa más inadvertido a sus defensores es que su implementación, por ideal y utópica que fuera, dejaría paralizado el desarrollo del pueblo, la selección de sus mejores elementos mediante el esfuerzo y la propia realización, y, en definitiva, el progreso y el bienestar que se derivan de ello. El derecho al trabajo es, al propio tiempo, un sistema de consecuente y exquisita selección, la escuela de la personalidad y el dador de valor y sustento que se gana el hombre mediante sus propias acciones. Pero es también y además de todo esto, la única garantía de un sistema económico efectivamente provechoso. Restituir su libertad al trabajo libera la única fuerza capaz de hacer que la economía florezca y produzca cada vez más copiosos frutos y que el individuo pueda realizarse a sí mismo y darse un fin trascendente como pieza de una comunidad en crecimiento.
Una tal economía socialista ha eliminado la verdadera, y al fin y al cabo, la única causa de explotación: la privación de derechos. El hombre ya no debe depender de las condiciones que le quieran imponer ni se encuentra humillado como un objeto de las leyes del mercado (7) que tiran de él según los caprichos y ambiciones de los especuladores de las finanzas.
“Una invención que trastorna el orden de la naturaleza y va contra todo derecho divino y humano, sólo podía ser vencida por el reconocimiento y la realización de la verdad”, nos dice Köhler. “Pero, con el derecho al trabajo las circunstancias se invierten totalmente. El trabajo no precisa ya solicitar la aquiescencia del capital. Bajo la protección de las leyes dictadas por el Estado de un pueblo consciente de sus deberes y de su dignidad, el trabajo ha salido ya para siempre del mercado, en tanto que el capital se halla ahora en él y encuentra aplicación tan sólo cuando el trabajo quiere utilizarlo.”
Este retornar al orden natural y divino terminó definitivamente con el poder mundial del dinero y la explotación de los muchos por unos pocos. Esto no pudo ser tolerado por los gobiernos títeres de la dictadura de las finanzas, por lo que hicieron todo lo que pudieron hasta poder declararle oficialmente la guerra al Tercer Reich, y hasta el día de hoy continúan con el mismo ahínco, utilizando todos los medios materiales disponibles, intentando borrar su ejemplo de la historia oficial.

La Juventud socialista
Sobre la juventud socialista, sobre los jóvenes ahora aunados en la Juventud Hitleriana, no es demasiado lo que se explaya aquí Hein Schlecht y seguramente haya que recurrir a otras obras para conocer a fondo esta maravillosa organización (8).
Sin embargo, deja claro las bases del modelo que se espera poder imponer en la juventud: El del héroe, el hombre de temple y valor, el que respeta y ama la naturaleza poniéndose en contacto con ella y aprendiendo sus leyes.
Tal como ya dieran el ejemplo los “Wandervogel”, se espera jóvenes que salgan de campamento a los bosques y alumbrados por el sagrado fuego fortalezcan la camaradería, que vivan un nuevo “romanticismo de acero” propio de la milicia heroica que se entrega por la comunidad y respira sus tradiciones, conozcan su patria y crucen en expedición las comarcas alemanas, cantando y viviendo la Tradición de su Pueblo. Desaparecen así las divisiones de clase o de cualquier otro tipo, lo que se forja es la conciencia viva de una herencia común y de una unidad de destino. La conciencia de comunidad es remarcada en la juventud Hitleriana.
Ésta es además educada en el fortalecimiento de su carácter y la formación de su personalidad. Para ello los deportes han constituido su herramienta más potente y lo más característico de la juventud Hitleriana. No el deporte sencillo ni mucho menos el que es sólo observado desde una tribuna o desde una pantalla, sino el que se vive y forja el carácter, el que imbuido por un espíritu amateur ponga ante todo los valores de la audacia, el valor, la competencia y colaboración con compañeros, el esfuerzo, la disciplina y el control de sí mismo, la caballerosidad, el cumplimiento de sus reglas y el reconocimiento a los mejores.
Bajo este temple los chicos enfrentan la vida y las dificultades formando un carácter fuerte pero caballeroso. El Tercer Reich promovió un verdadero renacimiento de la educación de la Antigua Grecia, en la que se basaba para imponer el gusto por la belleza, la actividad física y la conciencia cívica.
Sirven también las actividades y pruebas para ir seleccionando a los mejores. A quien se destaca se lo forma en la responsabilidad de conducir y ser un ejemplo para los demás. Desde pequeños se les enseña la responsabilidad de ser líderes de sus pares y de entregarse por la comunidad y en ser partícipes todos del destino de la Nación. Este es el ideal del socialismo alemán promovido en ellos ya desde jóvenes.
Los elegidos para dirigir a la juventud, sin embargo, deben estar conquistando constantemente el merecerse el derecho a mandar. De la calidad de los jefes depende el valor y el futuro de la juventud de la Nación, pues su espíritu se transmite a sus huestes.
La asistencia social en el Estado Nacionalsocialista
La obra de asistencia social no es otra cosa que socialismo aplicado. No extrañó a nadie entonces que Hitler haya dado entidad oficial y un papel central y directivo dentro de la vida alemana a la Obra de Asistencia social nacionalsocialista (NSV), creada desde antes de la llegada al poder. La misma no tenía otro objetivo más que lograr, cuidar y fortalecer la comunidad nacional.
Como en todos los ámbitos de la vida social, se intentó también en la Asistencia Social imponer un nuevo espíritu. Su objetivo de beneficencia fue la higiene racial y la constitución biológica del pueblo alemán. Con esto se pretendía beneficiar a la comunidad entera y no ser un mero dador de dádivas o imponer un tributo a la miseria para limpiar conciencias y evitar descontentos.
Luego de la Revolución francesa, la concepción liberal impuso culturalmente el absurdo dogma de la “igualdad de todos los seres humanos” y el culto a la individualidad. Según éste, todos tenemos derechos a hacer los que nuestros deseos egoístas nos reclamen, sin consideración de la comunidad y el Estado. Este último debe ser un dador de beneficios, sin consideraciones al mérito que promuevan un mejoramiento duradero, pero no debe inmiscuirse en nuestra vida privada, sólo protegernos sólo por ser seres humanos. Mediante un falso humanitarismo, se llegó al colmo de proteger y promover sólo todo lo insano y degenerado, dejando cada vez más descuidados a los hombres sanos y creadores. Se hacía de este modo vivir en el lujo y promover la pereza en el receptor de la beneficencia mientras quienes brindan su fuerza a poner en marcha la vida social de la comunidad quedan librados a los caprichos del mercado. (9)
El nacionalsocialismo impuso ante todo el sentimiento de comunidad, el tener siempre presente el bien común, el “morir como egoístas para nacer como camaradas”. El principio que comenzó a regir fue que el derecho que tiene cada uno frente a la comunidad jamás puede ser mayor que el deber que le incumba para con ella. Nadie puede arrogarse el «derecho» a ser socorrido: lo primordial es y no podrá ser otro que el «deber» de ser un miembro útil de la comunidad popular y de compensar a ésta de un modo u otro, por la ayuda y asistencia que de ella se haya recibido.
La beneficencia ya no más tendrá como fin al individuo sino que debe ser sentida como asistencia de la comunidad. Sus métodos, más que en ser sólo beneficencia y tutela, consisten en prever los males antes de que surjan, atacarlos por la raíz, mientras se intenta orientar, educar y aconsejar a todos por igual. Suponen un espíritu de sacrificio y voluntad de servicio en la dedicación personal de hombre a hombre para lograr el bien supremo del pueblo alemán. Mediante la educación del pueblo en el desarrollo de las mejores predisposiciones genéticas heredades se logrará un nivel de vida cada vez más alto y un beneficio para absolutamente todos los integrantes de la comunidad.
No es éste tampoco un mero fin pragmático, la eugenesia es vivir en armonía con las leyes divinas que imponen la evolución en los seres. Es la Naturaleza la que impone una dura ley de selección que aspira al desarrollo de lo sano y fuerte. Con este aristocrático pensamiento se va encargando de seleccionar a los mejores, haciendo prevalecer sólo lo que es vigoroso y puro. El respeto del Orden Natural fue siempre uno de los mayores cuidados del nacionalsocialismo.
En vistas del progreso de la comunidad toda, imposibilitar a los anormales de engendrar una descendencia anormal representa “el hecho más humano de la humanidad” (10). La noble inclinación hacia la piedad debe equilibrarse con la inteligencia para darse cuenta que traer personas desgraciadas al mundo, destinándolos a la miseria cuando pudiera habérsele evitado a esta alma tal sufrimiento, además de traer una carga a los demás y un deterioro general mediante la creación de una humanidad degenerada y enfermiza, evidentemente no es ningún bien. La bondad no puede querer tales aberraciones.
El nacionalsocialismo se ha encargado de aclarar con total firmeza que lo que se quiere no es que perezcan los tarados y los enfermos. Ni siquiera se los menosprecia sino que se pone el énfasis en hacerles saber que ellos no son culpables de su desgracia y se los educa para que comprendan que sólo serán culpables si cargan con la misma desgracia a su descendencia y a la comunidad toda. Una vez que se hacen responsables ante la comunidad y forman parte de ella sacrificándose ellos también en pos del bien común, se los considera integrantes de la sociedad como a los demás. La ayuda para con ellos es promovida pero de parte del pueblo, la beneficencia debe nacer de la solidaridad de un pueblo con un destino común, no de un Estado que se encarga de los individuos. El Estado no tiene que hacer propaganda con ayudas sino que debe promover la solidaridad entre sus ciudadanos.
Al contrario de lo que hace la beneficencia tradicional del mundo moderno, humillándolos al ponerlos en el papel de pobres suplicantes de limosnas, se los hace sentir parte de la comunidad, con el deber de entregarse a ella para poder recibir su ayuda y se les hace saber que la ayuda que reciben de parte de los otros miembros de ella no es más que el deber de quienes la conforman como hombres de bien con sentido de justicia. Eso mismo deben hacer ellos al sacrificar su descendencia como medida para elevar al pueblo alemán hacia un más radiante futuro desde un punto de vista biológico. (11)
Cada ciudadano, al ser totalmente consciente de la comunidad, debe sentir el deber de ayudar a sus conciudadanos y de impedir o aliviar la miseria económica, moral, cultural o espiritual de su prójimo. Fundamental es el deber moral de devolver, de un modo u otro la ayuda recibida de la comunidad. Gracias a este deber, desaparece todo sentido de «beneficencia». El incapaz de trabajar que sea inocente de su tara, sabe que con la ayuda que se le presta no se intenta hacerle deudor de un acto de caridad, que al aceptar esa ayuda no se rebaja ni humilla; sabe que, por el contrario, se cumple con él un deber natural al que él también se sentiría obligado. El mejor servicio que se puede prestar a un disminuido físicamente no es ponerlo en el papel de pobrecito y que se tenga que humillar para recibir dádivas, sino brindarle un horizonte más amplio para su vida al enseñarle valores y la conciencia de comunidad. Se debe intentar que no sea disminuido con taras psicológicas ni espirituales, no al menos más allá de como ya ha nacido por ignorancia o descuido de sus padres, que encuentre su lugar, sus deberes y sus derechos en el seno de la comunidad y que se haga responsable ante ella asumiendo el heroico deber de no dejar heredero. Sólo quienes comprenden esta completamente diferente valoración del hombre pueden entender la para otros inexplicable gran cantidad de personas que voluntariamente decidieron esterilizarse con la ayuda del Estado.
En lugar de la caridad aparece entonces el deber social y la disposición íntima de cada uno para darse a los demás y de todos para darse a cada uno. Cuando estos no puedan ayudarse entre ellos ahí sí debe intervenir el Estado, pero antes que el “Estado benéfico” que se hace presente para ayudar debe estar el sentido de la propia responsabilidad y el propio valor. El Estado ayudará a quien asuma sus responsabilidades y demuestre sacrificio, no a quienes atentan contra la comunidad.
“La Asistencia social nacionalsocialista no practica un método que se atiene a las apariencias, no se anda con paliativos, buscando quitar de delante de la vista al espectáculo de la miseria o para impedir simplemente que llegue a estallar el descontento y se produzcan desórdenes. Por el contrario, va directamente a atacar el mal en su raíz. El nuevo Estado nacional realiza en vez de una obra de socorro, una obra de previsión, con la finalidad de poner a cada cual en condiciones de cuidarse de sí mismo.” “Se exigen del alemán constitutivamente sano una actitud heroica, un espíritu de milicia. Se quiere que sea un ser en armonía con la realidad de la vida, un ser que sabe que está en este mundo para combatir y no para soportar resignadamente la vida. El alemán ha de mirar cara a cara a la vida, ha de enfrentarse resueltamente con ella, luchar con ella, sabiendo que la necesidad y el dolor son buen temple para su alma. El Estado nacional protege al que se afana, al que lucha; la comunidad lo sostiene y mantiene y le ofrece la posibilidad de desarrollar su personalidad para que la ponga luego al servicio y a la disposición de ella.”
La Obra de Asistencia Social promovida por el Estado no tiene que ser en realidad una institución que funcione gracias a él sino que debe estar movida por el amor al prójimo. Si bien no se pueden desechar los servicios de profesionales en muchas áreas técnicas que requieren un estudio y un pago de servicios, íntimamente unida a la preponderancia que se le da al concepto de comunidad está la “necesidad de que se empleen en la Obra de Asistencia social hombres capaces de ofrendar su trabajo por puro espíritu de servicio y sacrificio, en cumplimiento de su deber para con la comunidad, sin pedir en cambio retribución ninguna; hombres capaces de encontrar la mejor recompensa en la satisfacción de su amor a sus compatriotas, de cuyas necesidades se sienten partícipes con el corazón.”
No es la Asistencia social Nacionalsocialista cuestión de reclamo y propaganda; no se propone hacer ambiente en favor del Nacionalsocialismo, ni aumentar sin cesar con nuevas limosnas la avidez de los mendigos, significa, por el contrario, la ayuda del pueblo por el pueblo, y nada más que por el pueblo. No apela al sentimentalismo; no se la pide a cada uno ser blando para los demás, sino que se exige de él que sea duro para consigo mismo. A la miseria sin culpa no se le debe atención por merced y compasión, sino por justicia. Así se desenvuelve progresivamente, partiendo de la ideología nacionalsocialista, el «ethos» de Asistencia social del Estado nacional y popular. La idea precede siempre a la acción; la acción está determinada por la concepción filosófica nacionalsocialista. Necesariamente nuestra voluntad y nuestra concepción de la vida y del deber no podían ser sino heroicas, y por eso rige para toda la obra de Asistencia social este principio: «No estamos en este mundo para compadecer, sino para combatir».

A cada alemán su puesto
El Doctor en filosofía, profesor y veterano piloto de la primera guerra mundial, Robert Ley, es una de esas personalidades que generalmente pasan desapercibidas para la historia pero que han tenido una enorme importancia en el desarrollo y consolidación del nacionalsocialismo. Como Jefe de Organización del NSDAP para todo el territorio del Reich, fue también el Director de la organización más importante del partido, el Frente Alemán del Trabajo (DAF), que aglutinaba a absolutamente todos los trabajadores alemanes. Hitler había declarado que él consideraría al trabajo de los alemanes como la única verdadera riqueza de la que disponía la Nación. El encargado de organizarlo y administrarlo fue el Dr. Robert Ley, por ello intentaremos citarlo principalmente a él para analizar este capítulo.
Habitualmente Hitler hacía referencia a la necesidad de explicar todos los problemas y actividades que incumben al pueblo de una forma clara y simple, desligándolos de la palabrería que los políticos y teóricos utilizaron hasta entonces con el fin de confundir y erigirse como los únicos depositarios de un saber supuestamente demasiado complejo para el vulgo. Una vez aclarados, lo necesario era reorientar la vida de la Nación de acuerdo a los valores más elevados que la sangre alemana porta y teniendo como fin la Comunidad Nacional. El nacionalsocialismo, entonces, aclaró que al ser el trabajo la única riqueza del pueblo él no aceptaría que complicadas teorías ni presiones internacionales le impidieran que esta fuerza sea guiada únicamente por el bienestar de la comunidad y que la misma no tiene por qué ser determinada por el capital ni será nunca objeto de ninguna ley económica que le impida crecer y desarrollarse para el bien de todos los alemanes. Como en todos los ámbitos de la vida alemana, el nacionalsocialismo reformuló también los conceptos ligados al Trabajo enseñando que el mismo no tiene que ser visto como una carga ni mucho menos como un mero instrumento para llenar el estómago. Una nueva nobleza del trabajo dada por el servicio a la comunidad, una orientación vocacional que haga que el individuo se sienta feliz trabajando, el cuidado de su armonía, salud  y estabilidad emocional, el cuidado de las condiciones higiénicas, estéticas y la posibilidad de la práctica de deportes y de actividades culturales recreativas en el mismo ámbito del trabajo, junto con el reordenamiento de la vida de acuerdo a un Orden, hicieron del trabajo un concepto totalmente nuevo para el pueblo alemán.
Aunque tal vez ni siquiera la mayoría de sus defensores se hayan dado cuenta, el nacionalsocialismo tuvo con estas nuevas concepciones dos fines supremos: por un lado, la búsqueda del bienestar y el constante perfeccionamiento de la Comunidad mediante la conciencia de unidad y solidaridad y, por el otro, el brindar las posibilidades de felicidad existencial para los individuos que bajo esta nueva guía de camaradería, heroísmo y sacrificio formaran parte del todo. Por ello se cuidó tanto de los niveles de cultura, de contacto con la vida artística y espiritual de la nación, en suma, de las condiciones materiales, psicológicas y espirituales de los trabajadores. Cada uno forma un todo inescindible pues no se puede pretender un crecimiento del todo sin cuidar y equilibrar cada una de las partes.
Para Robert Ley, la formulación materialista y pragmática del concepto del trabajo debe ser dejada atrás. El hombre tiene una necesidad existencial de realizarse y crear según un orden divino, pero el trabajo ya no era para él “más que una satisfacción del estómago; nada elevado albergaba, nada sublime, ni divino.” “Los primeros hombres tuvieron que trabajar porque tuvieron necesidad de formar su mundo. El sentido de la creación no es otro que el de domeñar el caos, y el de introducir en él la regularidad del Cosmos. Donde todo era confusión y tinieblas, allegóse la mano del Creador, y quedaron ordenadas todas las cosas.” “Formar, estructurar: tal es el sentido del trabajo.” “Trabajo es estructuración, conocimiento de la regularidad que rige el mundo. Trabajo es disciplina; que tal es la simple fórmula descubierta por el Nacionalsocialismo, conviene a saber: la visión de la regularidad, y la declaración de que el arbitrio no puede darse. Todo es sacrificio y objeto de eterna regularidad. El arbitrio, repito, no puede darse.”
“El trabajo es arte, es una aspiración a la armonía. Cada trabajador es un artista a su manera.” “¿A qué conduce el impulso humano de construir, de producir, de inventar, de labrar el suelo de la Nación? En todo esto no puede tratarse de la cuestión del estómago. Se trata, al contrario, de la aspiración espiritual hacia lo eterno, albergada en el corazón de todos los hombres.”
De esta forma intentaba retomar la orientación que poseía en aquella edad de las luces que fue la Edad Media (para nada edad de oscuridad como nos quieren hacer creer los que quieren imponer la actual anormalidad como norma): El trabajo tendría que tener  un carácter sagrado, un fin comunitario y una realización cercana a lo artístico y no a lo vacío de forma y contenido. No es este el libro para exponer todas las implementaciones particulares pero creemos que con lo hasta aquí escrito, con el intento de evitar los trabajos vacíos y repetitivos, con la correcta regulación del uso de máquinas no teniendo en cuenta fines económicos sino poniendo como centro el bienestar del trabajador, con las innumerables actividades y beneficios de los que era objeto todo trabajador, y sobre todo con el intento de dar siempre preponderancia a la orientación vocacional, al cultivo de las capacidades y atención a las que demuestre naturalmente (12) para poder, con el empleo de cada alemán en el lugar que le corresponde, maximizar el bien de la comunidad y las posibilidades de felicidad existencial del individuo, con todo ello, decíamos, queda demostrado el intento nacionalsocialista de devolver al trabajo un fin superior.
Para quien no tenga determinada sus orientaciones vocacionales, se debe al menos tener en cuenta las capacidades determinadas por su bagaje biológico y enseñarle que con su esfuerzo él se incorpora a un fin trascendente, sirve a la evolución y el bienestar de su comunidad. Ante las infaltables críticas de quienes no alcanza a comprenderlo, Ley decía: “Cuando alguien me dice que con este criterio arrebatamos al hombre su libertad, yo respondo: «nosotros, en realidad, hacemos al hombre interiormente más libre. El hombre ha de superar el impulso egoísta de la individualidad para sustituirlo por los pensamientos de fidelidad, de camaradería y de comunidad».” A quienes poseen en su interior estos sentimientos no hace falta se les explique su importancia, quienes todavía viven presos de sus egoísmos y pasiones contrapuestas y desordenadas, difícilmente comprenderán la importancia de una personalidad ordenada de acuerdo a valores trascendentes. Éstos últimos suelen ser más libres cuando tienen un buen jefe que los guíe con el ejemplo antes que ser guiados por sus bajos sentimientos. De esta compresión nace el concepto de Líder, Emperador o Führer desde la antigüedad.
Lo que sí está claro es que: “La codicia de utilidad o de provecho, no ha de determinar la elección de la profesión.” “A cada cual su vocación: ésta ha de ser la meta requerida” Este impulso materialista no podía ser promovido en el Tercer Reich ya que allí el valor del hombre no se medía de acuerdo al su dinero o a su posición, sino teniendo en cuenta el honor que ha demostrado mediante la lealtad a la comunidad y el esfuerzo que pone en cumplir sus deberes.La personalidad del alemán debe formarse de acuerdo a otros valores que se encuentran mucho más allá de la mera obtención de bienes materiales. Para que este reencuentre su valor se deben combatir todos los artificiales complejos de inferioridad a los que se encuentran hábilmente impulsados por quienes sólo quieren que sea un “animal trabajador y manso”. El nacionalsocialismo manifiesta que una de sus “tareas principales ha de consistir en inculcar en los hombres alemanes los sentimientos del honor y de la propia estima.” Los premios a las empresas modelos imponían también a los proveedores de trabajo el esfuerzo por crear un ambiente adecuado de trabajo en su empresa para que todas estas políticas proliferen.
La selección de los mejores sin embargo no puede faltar tampoco en el trabajo, pero estos mejores tienen que estar dispuestos a ser maestros y ejemplos de los demás para que absolutamente todos se impongan también la tarea de mejorarse. Los “campeonato de profesiones en el Reich” estaban constituyendo un importante esfuerzo en este sentido pues con ellos se podía determinar quienes tenían las aptitudes que precisa un líder y el nivel de la maestría en su trabajo. La Prensa y las escuelas profesionales fueron llamadas a colaborar proporcionando las premisas necesarias para pulir más y más el tipo del obrero alemán calificado y poder dar a cada alemán su puesto.
Del Führer son estas palabras: «La realización del Estado socialista llegará cuando todos los conciudadanos estén colocados en los puestos de trabajo que puedan desempeñar, a entera satisfacción, sobre el supuesto de sus capacidades». El cometido del nacionalsocialismo es realizar estas palabras.

Capital y trabajo en el nuevo orden social
La propaganda anti-nazi ha logrado imponer una imagen del nacionalsocialismo totalmente despótica pues supuestamente esta sería la única forma de poder imponer un orden totalmente antinatural y coercitivo, haciendo mofa de los irracional y fanático de sus creencias. Para devolvernos a la realidad nos cuentan en cambio que mediante la democracia, con el simple rito colectivo del voto universal en que, debido a los poderes mágicos de éste, una mayoría de ignorantes de los temas de Estado, siguiendo los sones del flautista de turno que mejor campaña política haya hecho con promesas vagas y palabras vacías, podrán, por algún prodigio, elegir sabiamente y su voluntad será representada por el ganador. Luego, con el libre juego del mercado, regido por los egoísmos del poder financiero cuyo único fin es obtener la mayor ganancia, se podrá, también mágicamente, convertir los egoísmos en actos de bonanza que promuevan el bienestar del pueblo.
Pues bien, el nacionalsocialismo es verdad que hizo un culto a la personalidad y a la autoridad que seguramente disgustará sobremanera a quienes son incapaces de imponerse una disciplina y un orden al conjunto desordenado de sus pasiones egoístas, pero no pueden negar que esta “dictadura” ha obtenido el mayor apoyo de su pueblo que registra la historia. Una tras otra todas las encuestas y plebiscitos fueron rozando cada vez más el 99% de adhesión a Hitler. Pero no es este lo que le da autoridad al nacionalsocialismo más allá de los ojos de quienes creen todavía en el mágico poder del voto, sólo demuestra que el descontento del pueblo durante el Tercer Reich sencillamente no existía. El nacionalsocialismo se jactaba de lograr tal tremenda adhesión y tan increíbles resultados sociales pues el reconocimiento de sus políticas y la validez de ellas provienen de respetar el orden natural del universo y de devolver los conceptos, barridos los engaños modernos, a su más elevado significado. Este respetar el orden natural y el lograr el bien para su pueblo eran para él la mayor justificación y autoridad.
Algo similar afirma Börger en el presente capítulo cuando afirma: “nuestra revolución no pretende otra cosa que amartillar leyes en el corazón de los hijos de Alemania, de suerte que el hombre alemán reconozca de por sí la justeza de todo lo que acontece, y no sólo lo reconozca, sino que, íntima y espontáneamente, lo afirme. Si todos los preceptos que enunciamos y revestimos de forma legal, son equiparables a las leyes de la vida, no será difícil reconocer, en su íntima esencia, las mismas entidades que nosotros queremos; comprenderlas, afirmarlas, y aun tomar parte en ellas; pues no es otra cosa lo que pretendemos.” “No constituimos un Estado en cuya cúspide se encarame un hombre que gobierne como un déspota, al contrario, el principio fundamental de nuestra revolución es éste: ¡Todo con el pueblo y contra el pueblo nada!”
Mediante el fomento del bien común y la imposición de un orden superior, el pueblo no necesita ser adoctrinado sino que reconocerá íntimamente la realidad de un orden justo, en armonía con las leyes de la naturaleza. No es adoctrinamiento sino íntimo convencimiento lo único que puede dar una adhesión tal como la que se vivió durante el Tercer Reich, que aún hasta el último día de la guerra, con absolutamente todos los grandes poderes mundial intentando destruirlo, la adhesión nunca cesó.
Sí es necesario ilustrar al pueblo, brindar toda la información necesaria y ejemplificar con comportamientos y hechos las realidades políticas. Así Börger señala que ni aún con todo el oro del mundo en nuestras manos ningún trabajo productivo ni alimento se puede lograr a partir de él, el dinero no sirve ni para comer ni para trabajar si no fuera por la convención económica impuesta artificialmente.  Sólo el espíritu de hombres fuertes y el aprovechamiento de la naturaleza pueden producir trabajo y comida, no se necesita nada más que ello. El Orden antinatural que impone el dominio del dinero por sobre el hombre debe ser dejado atrás.
 “El mayor capital de nuestra Nación consiste precisamente en estos ciudadanos alemanes, sanos, aptos, disciplinados, morales, dotados de múltiples voluntades y capacidades. En los años pasados, este capital humano fue disipado en provecho y beneficio del dinero. Lo cual sólo pudo ocurrir porque el capital no era otra cosa que dinero. Tenemos que romper con todo eso. No, nuestro capital es, sólo y únicamente, nuestro pueblo. El hombre honesto y productivo, ese es nuestro mayor capital. A la vida pertenecen, en verdad, no sólo hombres sanos y robustos, sino también otras cosas. Pertenecen también a ellas las materias primas de la naturaleza. En virtud de la unión, plena de sentido y vigor, del espíritu, de una parte, y de la transformación de la materia del suelo, de otra, el trabajo es realizado, la vida vivida. Lo que surge de esta unión (del hombre con la naturaleza) es vida”
“¡Trabajo y Capital! Conservar el pueblo con el concurso del espíritu inventivo del hombre y de las materias primas de la tierra: ésta sí que es la sinfonía del Capital y del Trabajo.”

La liberación de los campesinos por el socialismo alemán.
Está claro que para el nacionalsocialismo lo decisivo no es el sistema, sino el hombre y la comunidad, pero estos necesitan obtener un sustento vital, cuidar su sangre y tener posibilidades de desarrollarse siguiendo como modelo un determinado tipo de hombre. Todo ello es posible en gran medida debido al campesinado.
El Barón de Eltz Rübenach, jefe de los campesino de Rhenania, nos dice: “El hombre germánico es esencialmente agrícola. La historia de todos los pueblos germánicos trata, en sus altibajos, de la pugna de esos pueblos agrarios por asegurarse una base física en el suelo y un aglutinante espiritual en la sangre; y quien, como el Nacionalsocialismo, trata de reanudar de nuevo el contacto con la esencia y los valores genuinamente germanos del carácter, forzosamente ha de topar con el estamento de los campesinos, que originariamente fue la encarnación de esta esencia, y el sujeto de estos valores”.
El Ministro de Agricultura del Reich, Führer de los Campesinos de todo el Reich y jefe de la Oficina Central para la Raza y el Reasentamiento, Walther Darré, hace un análisis aun más profundo: “Aunque el agrarismo de los germanos encierra el ejercicio de la labranza y de la ganadería no obstante esta actividad ni constituye su señal característica ni su esencia, el agrarismo de los germanos es la expresión de un estilo, de una concepción del mundo que, por necesidad de orden, pone al hombre en armonía con la tierra; por lo que el ejercicio de la labranza y de la ganadería viene a servir como una parte integrante, y como el medio al fin de la realización de esa armonía”. La concepción de Orden, de Cosmos, que es la más perfecta manifestación de lo divino, siempre fue la mayor característica de la religiosidad aria; y el tipo de hombre que mediante su acción se armoniza con este Cosmos brindando el mayor homenaje posible a la Divinidad presente en absolutamente todo, siendo co-creador de su Orden, es su representante más acabado. El nacionalsocialismo abre las puertas al hombre alemán para volver a este modelo buscando siempre ponerlo en comunión con su más íntima esencia, contactándolo con los más altos valores portados en su sangre y haciéndolo dueño de su destino dándole un sentido vital, heroico, noble.
 Para que todo ello sea posible, primero era menester liberarlo de las cadenas que le impiden desarrollarse y ponerse en contacto con algo más que la lucha contra las presiones económicas.
Está claro que la economía no tiene incidencia en las consideraciones políticas del nacionalsocialismo sobre los campesinos, de hecho la agricultura alemana no era rentable ni, en general, «capaz de competir» en el palenque con las agricultoras extranjeras, favorecidas por un clima más propicio y por jornales mucho más baratos. La exigencia política de la libertad y de la independencia de la Nación estaba, para el Nacionalsocialismo, muy por encima de las ponderaciones económicas.” Fue necesario refundar también la vida económica de acuerdo a otros valores.
Las leyes económicas que dictan el muy “liberal” juego de la oferta y la demanda fue totalmente barrido de la escena. La vida del hombre no puede jamás ser tratada como una mercancía que baila detrás de las especulaciones de los dueños del dinero. Los delirios de poder y codicia decidían el valor de los alimentos y con una constante suba y baja de los precios realizaban impunemente una constante estafa tanto a productores como a consumidores. Con mano de hierro el nacionalsocialismo acabó con el juego de la Bolsa y ordenó el mercado de acuerdo al bien común. Impuso precios fijos que prácticamente no se movieron ni aun cuando tuvieron que cargar con el agotante esfuerzo de una guerra contra una nunca vista alianza de países que fueron lanzados a luchar contra el Reich para acabar con este modelo. “En lugar de reconocer el juego del azar en las situaciones del mercado, las más de las veces, artificiosamente provocadas, primero tuvieron que ser fijadas la producción y la necesidad reales, y, después, el justo precio económico; equitativo para los productores y consumidores. Se consiguió, no sólo estabilizar los precios de los víveres, sobre una base soportable aún para los consumidores más pobres; sino también asegurar a la agricultura total de la Nación ingresos mayores, sin gravar por eso las arcas del Estado.” “El poder adquisitivo de la agricultura aumentó en 1.000 millones de marcos, lo cual no dejó de sentirse favorablemente en el programa de colocación de obreros parados. Pero lo que corona todo esto es la «Batalla de la Producción», la orden de gran movilización del socialismo en pro de una producción mayor y mejorada. Esta gigantesca empresa de conseguir una mejora en la producción (del 30 por ciento) sólo pudo ser acometida sobre la base de una organización preparada de antemano.”
Sabiendo que los especuladores siempre han hecho del lema “divide y reinarás” una de las principales estrategias para detener el poder de un pueblo, dividiéndolo en la lucha de clases con el comunismo y en la pugna de intereses económicos con el capitalismo, el nacionalsocialismo acabó con las divisiones mediante la conciencia de “comunidad” y “bien común” impuesta a nivel cultural en todos los ámbitos de la vida social y a nivel material con una innumerable cantidad de organizaciones, asociaciones, consejos y asambleas que tenían como tarea unificar criterios y dar representatividad a todos los estratos de la vida social. Pues, aunque parezca paradójico, el socialismo del Tercer Reich fue profundamente jerárquico y a la vez dio lugar a todos los trabajadores para que participaran de la vida política de la Nación (13). Se crearon Asambleas Regionales, Tribunales de Honor Campesinos, Reuniones de Distrito, Comicios Regionales, Consejos Nacionales Campesinos, etc., que se agruparon finalmente de un modo orgánico al Sindicato Nacional de la Alimentación creado por Ley el 13 de Septiembre de 1933. Dicho enorme y revolucionario sindicato agrupaba al 35% de la población del Reich y tenía ante todo como máxima ley y norma el cuidado del bien común. Al contrario de lo que era antes de él, y volvió a ser ahora, el sindicato no partía desde la base de la defensa de los intereses particulares sino que partía desde la búsqueda del bien común. No negociaba para ver quien se lleva la parte más grande sino que se unían solidariamente para discutir las formas que puedan beneficiar a la Nación asegurando su alimentación y bienestar. Es así que “los distintos oficios llegan, armónicamente, a los convenios que antes buscaban en las más cruentas «guerras económicas»; y donde antes imperaba definitivamente el «derecho del más fuerte», decide ahora el interés «de la economía común y del bienestar general». (Ley del Sindicato Nacional de la Alimentación, art. 2).”  Dicha Ley, como todas las nacionalsocialistas, especifican que el sujeto en cuestión (en este caso los campesinos) no es medido de acuerdo a categorías económicas ni a beneficios materiales sino de acuerdo a su honor y su lealtad a la comunidad. El nombre de labriego volvió a ser un título de honor y no una categoría económica. Reviviendo los viejos conceptos jurídicos germanos, agrupan a la autoadministración y la propia responsabilidad de los trabajadores junto a la administración y autoridad del Estado.
Se ha dicho que el socialismo del Tercer Reich se basa la selección de los mejores y en la jerarquía, y la vida sindical de los productores de alimentos no podía ser ajena ella. En la cúspide se ubica el Jefe Nacional de los Campesinos del Reich que se ha ganado su lugar por su alistamiento voluntario para defender a su Patria durante la  Primera Guerra Mundial y su regreso como héroe de guerra, por sus estudios y formación académica, por su revolucionario y destacado papel como teórico, por su intachable conducta y finalmente por haber defendido el nacionalsocialismo durante los años de lucha por el poder. Éste infunde desde arriba el espíritu socialista comunitario mediante la ardua selección y formación de líderes en los distintos estamentos mientras que los trabajadores van llenando desde abajo la organización con las necesidades del pueblo representadas por los líderes de las distintas escalas de organizaciones, empezando por los jefes locales de fincas y barrios que van escalando por mérito propio como jefes de distrito, jefes de comarca, etc., hasta poder llevar a lo más alto las aspiraciones del pueblo. Desde esta unificación orgánica, desde arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba, nace el gobierno solidario en pos del bien común que hizo grande al Tercer Reich. Cabe destacar que, en oposición con la habitual burocracia administrativa, los mencionados cargos directivos, incluso los de jefes locales, eran ocupados por labradores arraigados en la tierra, que los ejercen con carácter honorario, y sólo reciben un sueldo los peritos técnicos y oficinistas, empleados y dependientes de los líderes. Con ello se aseguran que el gobierno se lleva a cabo por personas imbuidas por un profundo idealismo y movidos por el amor a la comunidad. Como ya dijimos, en el Tercer Reich nada se mide por dinero sino por Honor.
De esta forma, “el Sindicato Nacional de la Alimentación vigila la administración ordenada de la explotación agrícola en interés de la comunidad popular”
Como decíamos, primero fue necesario liberar al campesinado del juego de la especulación, y para ello el golpe más duro asestado contra el poder mundial de la usura, que sometía a la miseria a los labradores con el eterno pago de intereses, fue la Ley del Patrimonio Agrícola Hereditario Inalienable oficializada el 1° de Octubre de 1933.
Desde hace miles de años, y ya en el Antiguo Testamento se lo puede comprobar, Yahvé impuso a su pueblo preferido el uso de la usura como medio de domino dilecto sobre los demás pueblos. Mediante este hábil engaño, el prestamista comienza a ganar dinero sin trabajar ni producir nada, sólo viviendo a costa de los productores y aumentando las ganancias cada vez hasta dejar al deudor como esclavo del prestamista. La usura, la más poderosa arma esclavista (14), ha sido siempre combatida en diversos grados pero la codicia ha dejado que aumente su poder siglo a siglo hasta encontrar en el siglo pasado un uso desmesurado que, por su crecimiento exponencial, detenía la vida de cualquier pueblo que cayera como su presa (15). Hasta tal punto la Alemania de la época se encontraba hundida en la miseria a la llegada de Hitler que “Sólo en el año anterior a la conquista del Poder por el Partido, fueron subastadas 17.151 explotaciones recargadas de hipotecas, que afectaban a 461.485 hectáreas. La Finanza arrebató unos 1.500 millones de marcos de intereses a los labradores, de los productos de su trabajo, y en la misma proporción les fue encarecido el pan a los consumidores.” “La «ideología judeo nómada» movilizó lo más raíz e inmueble que existe, incluyó la tierra en la infatigable movilidad y acaparabilidad de la mercancía; en el libre juego de fuerzas bursátiles; ese mercado en el que al propio tiempo se «traficaba» con el hombre y con su trabajo. Las consecuencias perniciosas de esta «libre economía» se mostraron en el constante, y siempre ascendente, endeudamiento y parcelación de las labranzas, hasta alcanzar la más completa incapacidad de dar subsistencia a los labradores, y la proletarización del campo, elevaron el precio de la «mercancía» tierra, a tal altura, que la redituación y la imposición contributiva de esta mercancía no podían ser ya cubiertas por el resultado de la venta de la producción agrícola, por muy elevados que fuesen los precios.”
Con la puesta en vigor de la Ley se logró rescatar de las garras de la usura unos  800.000 patrimonios rurales, con una superficie de más del 50 por ciento de la explotación agrícola total de la Nación, y los alemanes volvieron a producir para el bien de la comunidad rompiendo la cadenas del parasitismo usurario que quita autonomía a los productores y aumenta constantemente el precio de los productos para los consumidores, sin contar con el aumento constante de impuestos y reducción del dinero en obras públicas ya que el Estado también se encuentra permanentemente pagando los intereses de sus deudas, redireccionando el dinero público a las arcas de los usureros.
El suelo volvió aquí a servir a la comunidad y a ser el custodio de la sangre. “El Nacionalsocialismo volvió al fundamento del derecho agrario germano. Cuyo derecho común reconocía tres componentes: al alodio, el feudo y la dula, o terrenos comunales. El alodio u odalia, constituido por la unión de sol y suelo, el solar, era una heredad o asentamiento que servía a una estirpe como base de su vida. No era una propiedad libre del cultivador noble que la señoreaba solamente como fiduciario de un linaje, sino como patrimonio troncal ingravable, indivisible y de cultivo obligatorio. ¡El derecho de propiedad estaba fundado en la idea racial de la estirpe!”
La Odalia volvió a estar signada por la runa Odal, que pudo ondear junto a la rúnica Cruz Gamada como símbolos de la libertad, obrando sus influjos a la luz del Sol y haciendo saber al mundo que los alemanes sólo se rendirían tributo a sí mismos y a sus propios valores.
Es así que La jehovítica usura ya no pudo reinar sobre el Tercer Reich y poco a poco los pueblos iban dándose cuenta de todas las posibilidades que brinda un orden social natural, libre de sus cadenas. Por ello era urgente la guerra. Por ello se levantó el pueblo de Judá y sus esbirros y por ello siguen hasta el día de hoy adormeciendo las mentes con mentiras y difamaciones contra aquellos que hicieron sacudir al mundo de este dominio. La gente normal puede seguirles el juego pervirtiendo la historia, ya sea por ignorancia, cobardía, temor a encontrar la verdad o indolencia por la vida del mundo, y tal vez algunos de ellos por sus buenas intenciones se libren de una parte de la culpa, pero no podrán escapar de la miseria que siguen generando al ocultar la verdad, ahora que la usura vuelve a reinar tranquila sobre la vida del mundo entero. Los hombres de valores, nobleza y honor no pueden callar ni ocultarse a sus responsabilidades.

Milicia política y socialismo
A pesar de que Hans von Tschammer und Osten tal vez no tuvo demasiada presencia en el gobierno del Tercer Reich, no se puede para nada decir que fue un personaje menor dentro del mismo. Su puesto como Führer del Deporte para todo el Reich, la solidez y profundidad de sus teorías y la efectividad de sus disposiciones y proyectos lo convierten en un personaje central en la educación nacionalsocialista. Ya hemos dicho que el deporte tenía un papel preponderante en la educación pues lo fundamental para ésta era la formación del carácter y la personalidad. Pero von Tschammer und Osten, un enamorado de la cultura griega antigua, intentó copiar los modelos educativos de aquella basando la formación de la persona en un equilibrado desarrollo de cuerpo, alma y espíritu. Con ello, según decía, pretendía crear ni más ni menos que una "antigüedad moderna". La coronación de su anhelos fue la realización de las Olimpiadas de 1936 en Alemania, donde se intentó en todo momento revivir el antiguo espíritu griego. Como modelo alemán tenía a Friedrich Ludwig Jahn (1778‑1852) «Padre» de los gimnastas alemanes, figura destacada de los patriotas que prepararon la guerra de la independencia contra Napoleón y más tarde lucharon por la unificación de los pequeños Estados alemanes en el Imperio Alemán. Jahn sostenía que se debía realizar en todo el pueblo una educación viril y soldádica, siendo el servicio militar apenas una modalidad más de esta pero no su único exponente. A raíz de esta convicción, creó la gimnasia alemana, como un instrumento de la viril educación del pueblo, aunando gimnasia, socialismo y soldadismo en un único tipo de hombre.
Todas estas influencias von Tschammer und Osten las plasmó en las obras de la educación nacionalsocialista y su desarrollo del deporte en búsqueda de la formación tanto del cuerpo como del alma, en la implantación de los valores de heroísmo, disciplina, honor y virilidad, en la conciencia de los deberes cívicos y comunidad, en la formación de un hombre que haga del modelo del guerrero su guía. Por ello, “con el restablecimiento del servicio militar obligatorio ha cerrado el Führer una larga serie de medidas para la restauración de una viril forma de educación política. Sólo extranjeros pobres de espíritu podían ver en ello una medida destinada exclusivamente al armamento de la Nación.”
“Es esencialmente la expresión natural del virilismo alemán, cuya señal más característica es lo heroico, o expresado de otro modo, cuya esencia está sólo determinada por «estilo» y acción, señalados, muy certeramente, con la palabra «soldadismo». “El servicio militar obligatorio es la más alta forma expresiva de la educación nacionalsocialista del hombre, cuya esencia descansa en la actitud vital de constante milicia, en el soldadismo”. “Habrá muchos que no comprendan que es el socialismo alemán lo que en el soldadismo resurge.” “Soldado político: esto es el hombre alemán que, henchido de la idea del Nacionalsocialismo, vive conscientemente en el Estado, se moviliza en él y por él, se entrega al pueblo político, y sigue al Führer. El estilo y las obras de estos hombres nacionalsocialistas constituyen el soldadismo político. Nacionalsocialista y soldado político, casi viene a significar lo mismo.” “Nosotros vemos una confusión de conceptos en traducir por «instrucción militar» lo que nosotros llamarnos «educación soldádica». El Nacionalsocialismo ha fundado la educación viril sobre el soldadismo, sin pretender con ello la estricta formación militar.”
El nacionalsocialismo, diferenciándose de los demás movimientos de su época, manifiesta entonces que el soldadismo no hace referencia a un supuesto militarismo alemán sino que de lo que se trata es de inculcar en esencia un modelo de hombre que se haga cargo de su destino, que deje de lado miedo y pereza, se imponga una disciplina y se sacrifique por la comunidad. Que sea capaz de luchar por lo que quiere y que acepte naturalmente sus deberes para con la comunidad, que mediante el viril accionar afirme su carácter y su ser, que la vida se la conquista uno mismo y que los valores del honor y a lealtad son sagrados. Ello es en esencia el soldadismo y hacen gala de él no sólo el servicio militar sino todos los ámbitos educativos de la Nación.
Todo ello es parte del socialismo pues el bien y el desarrollo de la comunidad redunda en el del individuo, ambos están naturalmente unidos, es parte del orden natural. El socialismo del nacionalsocialismo, no está de más repetirlo, se diferencia rotundamente con el que propugna el marxismo. El comunismo refiere el Todo al individuo, poniendo a este último como quien exige la repartición de bienes de la comunidad, alimentando cada vez más el egoísmo y la codicia. El nacionalsocialismo, en cambio, refiere, desde el principio, el individuo al Todo, propugnando el sacrificio y la solidaridad. Esta comunidad con el todo está marcada naturalmente desde el nacimiento, no es necesario hacer un llamado exterior a ella ni imponerlo de forma arbitraria. Se manifiesta primero en la portación de una sangre que la comunidad custodia. Esta sangre le marca al individuo sus capacidades y sus valores, mantenidos por una larga cadena de ancestros. Pero también su destino se encuentra inevitablemente, según el orden natural, unido al del Todo. La comunidad aspira a la evolución y a un destino de grandeza y el individuo debe imponerse una disciplina y un deber, base del soldadismo, para honrarlo.
Totalmente contrapuesto queda entonces al marxismo “que hizo de la economía la base del Estado, y con ello inició y condujo, antes que nadie, el proceso que rebaja al «pueblo» a la condición de esclavo de labor y bestia de trabajo.” “Frente al socialismo económico de viejo cuño, acuciado sólo de la apetencia de bienes, podemos afirmar que el Nacionalsocialismo sólo busca honor y grandeza.”

El Servicio del Trabajo
El espíritu de servicio, la camaradería, la educación en la cultura alemana y la conciencia de comunidad fueron inculcadas en el pueblo no sólo con lindas teorías y discursos sino con una gran cantidad de instituciones que se encargaron de ponerla en práctica para lograr su realización efectiva. El Servicio del Trabajo constituyó una de ellas.
El Servicio del trabajo fue una especie de universidad de la juventud basada en el trabajo como forma de servir a la comunidad. Se ubicaba entre medio de la educación obligatoria y del servicio militar obligatorio como una más de las instituciones de enseñanza nacionalsocialista y duraba aproximadamente 6 meses. También quienes iban a cumplir servicio en el Ejército debían pasar primero por ella. En sus campamentos la actividad principal era el trabajo manual pero también se realizaban en él actividades educativas sobre cultura alemana, geografía, técnicas de trabajo e ideología nacionalsocialista. Se les proveía de todas las necesidades materiales y espirituales que pudieran tener. También se promovían las actividades recreativas, el deporte y el contacto con la naturaleza.
Con él, el nacionalsocialismo pretendía eliminar toda actitud egoísta y materialista con respeto al trabajo, toda concepción según la cual éste no es más que un medio para ganar dinero o una carga obligatoria. Se lo convertía ahora en un servicio de honor a la comunidad.
La juventud tuvo otra ocasión de estrechar los lazos de camaradería, divertirse y vivir la vida en comunidad, aprender a servir a su pueblo y ganarse su honor.
Si bien se realizaron por su intermedio importantes trabajos para la comunidad, como, sobre todo, el cuidado y recupero del suelo, haciendo más fecundo y extenso el suelo alemán cultivable, o la creación de obras culturales y el cuidado de bosques, su misión esencial era educar en la concepción del hombre y de la vida que promueve el nacionalsocialismo.
Pues, “al que le ponen, sin tener para nada en cuenta su oficio o profesión, una pala en las manos, se ve obligado a entendérselas antes que nada con el trabajo de pala, y aprende a respetarlo y a respetar todo quehacer manual y, en general, todo trabajo honrado. El que, sin consideración alguna a cuál sea su origen y posición social, convive durante medio año con sus compatriotas de igual edad, y comparte con ellos el trabajo y el recreo, llega a incorporarse como miembro a la comunidad y a convertirse en camarada de los otros.” “Sentirá a una con nosotros, que «trabajar con la pala es rezar por Alemania», y el Servicio del Trabajo será para él un servicio de honor.”
“El pueblo alemán, en su inmensa mayoría, ha de recibir la implantación del Servicio del Trabajo general y obligatorio como la mera legalización de lo que ya es para los mejores de sus hijos voluntario servicio de honor.“

Prensa y socialismo
Difundir en el pueblo una nueva cosmovisión necesariamente debía contemplar el restablecer a la prensa su función natural: servir de fuente de información al pueblo.
Hasta entonces, y de nuevo hoy en día, la prensa se encontraba totalmente apresada por la necesidad de conseguir fondos económicos y vender propaganda que le permita subsistir. Esta necesidad de dinero ha controlado cada vez más la política editorial de la prensa, cuando no ya directamente sus directivos son empleados de grupos financieros, bancos o corporaciones, lo que sesga completamente la línea editorial.
El nacionalsocialismo, con la Ley de Prensa Alemana de 1933, “la convirtió en instrumento socialista, e hizo del cargo de redactor una función pública y en consecuencia socialista, eliminando cualquier posibilidad de influjo en el periódico alemán, a través de propietarios más o menos anónimos.” “Sólo el bienestar de la Nación debe fijar su actitud y cada línea ir redactada y escrita hacia esta finalidad. El periódico es un importante instrumento de enseñanza y educación político nacional.” “La Prensa capitalista al servicio de fines egoístas e interesados, sin otro ideal que los fajos de billetes, es el peor enemigo de todos los pueblos.“
La prensa, en manos de especuladores, al servicio de poderes financieros, ha generado pánico en la vida económica, quiebras de comercios y, en suma, miseria en la comunidad con el fin de lograr fabulosas ganancias para individuos egoístas. Una sola orientación de la prensa que desafíe el sistema financiero podía decretar su inmediata ruina al serle quitados todos los anuncios que en ella invertían, como ha pasado en una gran cantidad de medios periodísticos contrarios al sistema (salvo los comunistas que son financiados por banqueros pues, como vimos, de opuestos sólo tienen la apariencia). Por culpa de la prensa, desatáronse guerras y revoluciones que exigieron hecatombes de vidas humanas. Empezando por los golpes de mano de los Rothschild que acapararon en una sola jugada de engaños la mayoría de las riquezas de un país, hasta llegar a los modernos especuladores como Soros que llevan a la ruina a una nación, pasando por todas las subidas y caídas de las monedas nacionales, siempre la prensa ha cumplido el papel de generador de opinión e indicador de la credibilidad de una economía y unas medidas políticas con el único fin de favorecer a los poderes económicos detrás de ella. Hoy su poder es tan grande que pueden disponer de todos los medios financieros necesarios para inventar mentiras y difamar constantemente al nacionalsocialismo, el único gobierno que les plantó pelea y los expulsó de la vida de Alemania por considerar que los egoísmos materialistas no pueden convivir en una sociedad que hace de la Comunidad el centro de su vida.
Luego de las leyes de prensa del Tercer Reich, donde todos los medios debían exponer sus financiamientos privados y justificar todas sus inversiones, donde les estaba prohibido a sus dirigentes tener sueldos o relaciones con corporaciones u organizaciones financieras, donde los redactores eran absolutamente responsables de sus opiniones y por ley no se les podía imponer una línea editorial, la mayoría de los grupos capitalistas perdieron el interés en la prensa y vendieron sus empresas a editores alemanes. Los extranjeros tuvieron prohibido el ejercicio de todo tipo de cargo público, con lo que también perdieron sus puestos en la prensa al ser ésta considerada como una función pública. (16)
El periodismo no puede ser considerado según las reglas del mercado, él no está para vender nada ni para hacerle el juego a personas egoístas. “La misión del nuevo periodista creador es infundirla de aquel espíritu que hace del nuevo periódico, una institución moral en la vida cultural de nuestro pueblo.”

Tradición y socialismo
Friedrich Christian, Príncipe de Schaumburg Lippe, recopilador de esta obra, se encarga de explicar el concepto de Tradición para el nacionalsocialismo. Para él la tradición no es un objeto muerto que se puede exponer en un museo sino que representa los valores trascendentes y eternos de un pueblo, que se transforman en un arma de actualidad y un propulsor o guía del futuro.
De hecho, la historia suele ser valorada de acuerdo a las concepciones que en la actualidad se enarbolan: “según impere en ellos la lucha y se abra paso la concepción heroica de las cosas de la vida, o se trate de las épocas en que el brillo de la materia torna a la humanidad indolente y cobarde. Una época inspirada en modelos no heroicos trata de probar la razón de su existencia apelando a la negación de todo lo noble y de todo lo genial.”
De allí que los enemigos de la nación siempre se mofen o desprecien los ejemplos de virilidad, heroísmo y sacrificio. Por ello el marxismo no tiene ninguna tradición noble sobre la que basarse más allá de hechos destructivos, sólo representa una negación sorda y vacía. Sin ejemplos de heroísmo y honor o, aún peor, burlándose de ellos, no se puede esperar que un pueblo responda de la misma manera.
El nacionalsocialismo, en cambio, no lucha por destruir un sistema sino por construir uno mejor. Su doctrina está basada en un hecho constructivo. Si combate no lo hace por odio al enemigo sino por amor a su pueblo. Para imponer su doctrina él invoca las más nobles virtudes de los alemanes, las que éstos llevan en su sangre naturalmente, una historia de honor y heroísmo. Y pretende, basado en toda una cosmovisión, imponer una nueva forma de vida y un modelo para el futuro a la luz de las más sagradas tradiciones de su pueblo.
“Nosotros, nacionalsocialistas, asentamos nuestros pies sobre las virtudes germano prusianas eternamente perdurables.” “¡Este es nuestro socialismo! Inseparable del vivo recuerdo de la guerra, inseparable del heroísmo y de las virtudes eternas de los alemanes, inseparable de la gloriosa tradición alemana que representa el resultado visible de aquellas virtudes.” “El Nacionalsocialismo, declarándose en pro de una concepción heroica de la vida, movilizaba todas aquellas fuerzas a las cuales debe el pueblo alemán su existencia y su gloriosa historia. La tendencia más íntima del Nacionalsocialismo no es nueva: vive desde que existe la sangre alemana. Pero con amplitud y estilo nuevos, aniquilando las formas nocivas, sustituyéndolas por otras sanas” Técnica y socialismo
El increíble desarrollo de la técnica durante el Tercer Reich, y a su vez el cuidado que se tuvo en que ella no sirva nunca a intereses económicos sino siempre al interés de la comunidad, resulta paradigmático en cuanto a las posibilidades que tendría la humanidad si utilizara la ciencia, la técnica y la tecnología en beneficio propio en vez de dejar que la avidez por dinero domine todo a su antojo sin importar el bien común. El nacionalsocialismo demostró que con esta orientación es posible gozar de todo tipo de adelantos y ponerlos siempre al servicio de la comunidad. Los aliados se encontraron tras la guerra con una cantidad de inventos y patentes que excedía su nivel de asimilación y gran parte de sus adelantos no son sino copias de lo ya hecho por el nacionalsocialismo, pero el pueblo en sí gozó de todos los progresos de la tecnología cuando en los demás países ellos eran sólo artículos para unos pocos. Las producciones en las fábricas y el nivel de producción en general se elevaron muy por encima de la media, pero la posición que tomó el nacionalsocialismo sobre los adelantos dentro del ámbito de trabajo fue de extremo cuidado y hasta de prohibición del uso de tecnología cuando esta pudiera perjudicar la vida social o la felicidad existencial de los individuos.
Es así que mientras los demás gobiernos festejaban el que el trabajo del hombre pueda ser realizado por máquinas para poder maximizar las ganancias, el nacionalsocialismo advertía que en el trabajo mecanizado las horas transcurrían sin alicientes y en una monotonía abrumadora y terrible, que “el hombre estaba esclavizado, sin saber por qué, ante las máquinas que le destrozaban su sensibilidad.” Que la fabricación en serie “destruyó la unidad de creación o de invento y condujo a un fraccionamiento del trabajo en millares de manipulaciones especializadas. El obrero no comprende ya el sentido del trabajo. Ve cómo sale de sus manos sólo una parte de éste. Se vio obligado a seguir el ritmo de la máquina y a descender él mismo al nivel de ella. Apareció aquella clase de trabajo que mataba el espíritu y que es, por último, indigno del hombre.”
Por esto es que durante el Tercer Reich se prohibió el uso de cierta maquinaria en algunas fábricas. Seguramente se hubiera podido reducir la cantidad de obreros y aumentar las ganancias, pero que un trabajador pierda su trabajo no es nunca una ganancia para el nacionalsocialismo, tampoco lo es el que el individuo pierda su felicidad, esto para él es inadmisible y no hay dinero que lo pueda compensar. “A veces puede verse más ganancia en una renuncia a las posibilidades técnicas que en la aplicación desconsiderada de nuevos métodos que solo aporten ganancias para un individuo”.
El Estado impuso entonces, nuevamente, un freno a las necesidades de la economía y la supeditó a la comunidad.
Sin embargo, enseñó también que las cosas no son buenas o malas en sí, sino que son buenas o malas dependiendo de la intencionalidad con que se las use. Si se las usa con el fin de lograr una evolución y fortalecimiento de la comunidad, se las puede considerar buenas. El nacionalsocialismo procuró entonces que los adelantos sean ante todo un beneficio para la comunidad y, entonces sí, sean usados para aumentar la producción de bienes materiales y culturales. En el caso en que la mecanización se haga indispensable por las necesidades del momento, como con la creación en serie de ciertos adelantos tecnológicos para el uso popular en tiempos de paz o la producción de armamentos durante la guerra, es necesario que se eduque y concientice a los trabajadores sobre el importante servicio que se está prestando a la comunidad y que se le brinde adicionalmente todos los estímulos necesarios para alimentar su cuerpo, su alma y su espíritu antes, durante y después del trabajo. Así fue posible que gracias a los adelantos técnicos los trabajadores puedan gozar popularmente de artículos antes de lujo, como el automóvil, televisión, radio, lavarropas, heladera, etc., tanto como permitió que el Ejército pueda contar con asombrosos adelantos y revolucionar la guerra con armamentos innovadores que hasta el día de hoy son la base de los adelantos técnicos utilizados por los demás Ejércitos.
Entonces sí, pudieron decir “aceptamos y afirmamos, por principio, el progreso de la técnica, pero no lo hacemos para aumentar la rentabilidad de la explotación individual, sino pensando únicamente en el provecho de todo el pueblo”

Socialismo y Arquitectura
Finalmente, analizar la orientación socialista de la arquitectura en el Tercer Reich comprobará una vez más, por si quedaban dudas, que el nacionalsocialismo tuvo en cuenta como ningún otro régimen la felicidad y el desarrollo espiritual de los ciudadanos ante que cualquier otra medida de conveniencia. No necesitaba, de otra manera, gastar inmensas sumas de dinero para crear un nuevo tipo de vivienda ni para remodelar todas las ciudades y lugares de trabajo, de forma tal de crear condiciones adecuadas para el desarrollo de los individuos e imprimir a todas sus creaciones para la comunidad un aire de grandeza y magnificencia.
En cuanto a la construcción de viviendas, el nacionalsocialismo consideraba que el amontonamiento de casas y su ambientación puramente materialista, con el fin de maximizar ganancias, constituían alojamientos faltos de alma que privan al hombre de tener siempre presente un fin más alto, un desarrollo cultural. Aun los edificios con fines más técnicos y construcción más moderna olvidan que quienes los habitan no son autómatas sino seres provistos de almas y que su desarrollo espiritual jamás debe pasarse por alto en las consideraciones arquitectónicas.
No se puede permitir que mientras se promueve el cultivo del cuerpo tanto como del espíritu con una educación orientada a tal sentido, con hombres que vienen de practicar deportes y tener una vida que intente purificar cuerpo y alma, vuelvan luego a sus casas para alojarse “en viviendas que están en pugna directa contra sus hábitos de vida”.
Es así que la construcción de las nuevas viviendas debe tener en cuenta el buen uso de la luz del sol, la orientación, la ventilación, la higiene y los espacios verdes en el mismo terreno que le permitan tener un parque para recreación y lugar para una huerta que le de autonomía y lo acerque al cultivo como forma de contacto y armonía con el cosmos. Dado que es necesaria la holgura y la liberación de toda estrechez, éste a su vez será ambientado en un exterior acorde mediante la implantación de praderías, parques, campos de deportes y piscinas públicas, junto a soleadas y amplias avenidas, plazas monumentales y construcciones públicas magníficas que denoten la voluntad de grandeza que el nacionalsocialismo desea imponer.
La construcción tanto en el interior como en el exterior, debe velar por “no dejar en olvido el momento psíquico y nacional de los habitantes. Pues nuestras viviendas no sólo han de acomodar decorosamente a los hombres, sino también han de constituir un factor más para satisfacer y fomentar ansias culturales.”
“En nuestro concepto, el socialismo más puro consiste en el reconocimiento del individuo y en propugnar una educación que haga de él un hombre consciente de sí mismo, de suerte que, mediante una apelación a su propio Yo, deseche todo sometimiento a clasificación, que sea un ciudadano con igualdad de derechos.”
Especial cuidado tuvieron los “templos del arte” desde donde se intentó acercar a la masa popular al contacto con la esencia artística germánica, a valorar su belleza y los valores de la raza que éste manifiesta con el fin de ligar al hombre a fines trascendentes “en la sabia previsión de que sin ellos no es posible la elevación espiritual de los hombres.”
En cuanto a los lugares de trabajo, además de la organización “Fuerza por la Alegría” que colmó al trabajador de actividades recreativas y culturales en el mismo lugar de trabajo tanto como en las horas libres tras terminar la jornada laboral, la organización “Embellecimiento del Trabajo” se encargó de mejorar el aspecto y las instalaciones de las fábricas, tanto de los grandes complejos industriales como de los pequeños emprendimientos con pocos empleados, hasta lograr niveles totalmente desconocidos por trabajadores de cualquier otro país. También aquí la utilización de la luz del sol o al menos de ambientes correctamente iluminados, de la ventilación y la perfecta higiene, tanto como de la naturaleza en la ambientación han pasado a primer plano tras eliminar completamente el espíritu especulativo que sólo tiene en cuenta fines económicos.
Lo que se intenta es evitar que los trabajadores se encuentren amontonados en lugares sucios y muertos, sin sentirse cuidados ni valorados, siendo nada más que “bestias de trabajo”. Este tipo de condiciones son las que convierten a los individuos en seres faltos de alegría, amargados y desganados. Tras esto se pasará a evitar el trabajo mecanizado desplazando a los productos de mal gusto fabricados en serie por una concepción artística del producto de trabajo que mejore tanto el alma del trabajador como la calidad y la utilidad de los productos. La realización psíquica y espiritual del ser humano es siempre la base para la construcción de una comunidad sana. Y ello debe intentarse en todas las clases sociales para que todas se eleven por igual, pues no se trata de un privilegio de los mejor acomodados.
El nacionalsocialismo no mantiene las masas en un plano inferior para organizarlas en clases contra los otros conciudadanos del pueblo; sino que, consciente de la fuerza y de la necesidad del espíritu, educa las masas hacia este y las aúna con las fuerzas de la inteligencia. La cual, por tanto, deja de ser un privilegio de los mejor acomodados para pasar a ser un derecho de todos los hombres, en todas las capas del pueblo. Para alcanzar todo esto, para descubrir y reconocer nuevas fuerzas, nuestro Estado conducirá a todos a las fuentes del espíritu, despertando universalmente el sentido de la nueva vida, y consiguiendo, al mismo tiempo, la regeneración de la inteligencia en todas las esferas populares.
Por último, se debe decir que los monumentos, los edificios gubernamentales y todo lugar que simbolice la unión socialista del Reich fueron signadas por el espíritu de magnificencia y monumentalidad, por construcciones que deslumbraron al mundo otra vez, como desde la Edad Media, o incluso las épocas del Imperio Romano y la Antigua Grecia, no se veía. También los anfiteatros, recintos de conferencias, las plazas y avenidas que albergaban grandes manifestaciones y desfiles fueron construidos o remodelados como si fueran grandes templos de la comunidad popular socialista. Incluso la construcción de las grandes autopistas, que tenían fines económicos, no perdieron su magnificencia y tuvieron especial cuidado en la estética, en respetar la naturaleza o incluso engrandecerla debido a su cuidadosa exhibición a la vista de los viajeros, aunque esto pueda significar un camino más largo o un gasto mucho mayor.
“Todo, en su imponente grandeza, será penetrado del alma y de la esencia de donde proceden el pueblo y su auténtico genio, el cual será norte y guía para muchos de los que aún anhelan”.

Conclusión
Casi sin hacer mención a medidas específicas y a los logros (17), sólo ateniéndonos a la doctrina y a unos pocos ejemplos, creemos haber demostrado que la mayor característica del Tercer Reich fue su espíritu socialista manifestado en la voluntad por poner en primer lugar el desarrollo de la comunidad y la felicidad y fortalecimiento espiritual de los individuos que la componen.
Una cantidad impresionante de obras y logros han probado que éste no era sólo una bella teoría ni palabras demagógicas sino que elevó el nivel de vida de un pueblo, que se encontraba cada vez más hundido en la miseria provocada por interminables crisis antes de que Hitler llegase al poder, hasta lograr niveles desconocidos en el resto del mundo. Este socialismo, está visto, se logró no tanto por determinadas medidas, aunque las hubo en grandes cantidades, sino por la educación del pueblo y la imposición de valores de solidaridad, honor, lealtad y conciencia de comunidad. El socialismo del nacionalsocialismo fue posible, ante todo, gracias a una orientación del espíritu.
Finalmente, demuestra todo lo que los hombres pueden lograr cuando se liberan del yugo de las finanzas y de los explotadores, cuando deja atrás una visión del mundo materialista para cambiarla por valores trascendentes y ordena toda su vida sólo teniendo en cuenta a estos últimos.


Pablo Siegel
Buenos Aires, 21 de diciembre del 2012


NOTAS:
(1)    Puede consultarse el libro “Nuestro Hitler” editado por esta editorial para constatar que tanto propios como extraños, amigos y enemigos, se deshacían en elogios hacia Hitler y daban testimonio de la cautivadora personalidad del Führer hasta tal punto que ni décadas y décadas de la más insidiosa propaganda anti-nazi han podido borrarlo.
(2)    Ver “Los 8 Kybaliones. Tábula Máxima Hiperbórea, leyes supremas del Universo”, editado por esta editorial, para un análisis de las leyes naturales que constituyen la manifestación del Dios Absoluto, lo que dará una idea de por qué en la antigüedad siempre se reconoció un Orden divino presente en absolutamente todo. Se podrá apreciar que el nacionalsocialismo fue el último movimiento político que se esforzó en respetarlas y honrarlas.
(3)    Hacemos referencia a la antigua concepción de “demon” entendido como agregado psicológico o entidad externa a la íntima esencia del Ser.
(4)    Si alguno no tiene claro cuál es la imagen que de Hitler se imponía en aquella época, debería leer primero el libro “Nuestro Hitler” ya citado para comprender la importancia del ejemplo que Hitler se esforzó en dar.
(5)    Un excelente tratado sobre su economía puede consultarse en “La economía en la cosmovisión nacionalsocialista”, editado por esta editorial, al que nosotros además hemos analizado detalladamente en su introducción y agregado otros tantos escritos del mismo nivel para intentar hacer de él un manual de la economía en el Tercer Reich.
(6)    Un muy recomendable análisis de la concepción del trabajo durante el Tercer Reich puede consultarse en la obra: “La Doctrina Nacionalsocialista del Trabajo”.
(7)    Tampoco los alimentos ni la medicina, ni ningún otro bien relacionado a la dignidad humana, pudo entrar en las leyes del mercado bajo el gobierno de Hitler. Los enormes avances logrados en ciencia, medicina, tecnología, ecología, arte y demás actividades demuestran que liberado del dominio del dinero el hombre se encontraría con una inconmensurable cantidad de beneficios.
(8)    Se recomienda la lectura de "Auge y Victoria de la Juventud Hitleriana" para un mejor análisis
(9)    Se debe recordar que en esa época Alemania atravesaba una enorme crisis y la inflación dejaba en la calle a miles de trabajadores capaces mientras los disminuidos que nada producían vivían colmados de ayudas y beneficios gracias a un humanitarismo exacerbado. El Estado gastaba inmensas sumas de dinero en proteger a quienes habían nacido con defectos o arrastraban enfermedades hereditarias, contribuyendo además a perpetuarlas por la incontrolada reproducción de estos, mientras los que podían producir y, con ello, mejorar el nivel de todos, eran arrastrados por las consecuencias de la crisis económica. También vivía Alemania una encrucijada en la constitución de su población: mientras en las estadísticas que se llevaban desde hace 70 años se señalaba que la población sana había aumentado en un 50%, los disminuidos física y mentalmente habían aumentado en un 450%, lo que llevaría a un deterioro cada vez más pronunciado de la constitución biológica alemana si estos porcentajes se mantenían. Era un deber del Estado el dar vuelta esta tendencia mediante el freno a la reproducción de taras genéticas. Aunque esta parte negativa de la política eugenésica es la que más se conoce gracias a la propaganda, se aplicaron también muchas otras admirables medidas para promover el nacimiento de individuos sanos. Por ejemplo, podemos citar como las nuevas familias recibían por medio de la Ley de «préstamos a los nuevos matrimonios» un importante apoyo económico para hacer prosperar la familia y el hogar, además recibían una cuidada, estética y espaciosa vivienda al constituirse y el pago se perdonaba en un 25% por cada hijo nacido. Una enorme cantidad de instituciones como el «Auxilio de Invierno del Pueblo alemán», el «Auxilio a la Madre y al Niño” la «Obra de las Vacaciones populares», etc, promovían la educación en la conciencia comunitaria, la solidaridad y el cuidado de la herencia biológica del pueblo en pos del bien común.
(10)  La Ley del 14 de julio de 1933 que promovía la esterilización para evitar la propagación de taras hereditarias ha sido una de las leyes que más han encendido la imaginación de los propagandistas anti-nazi, quienes basándose en un  falso sentimentalismo quieren promover la imagen de un régimen nazi diabólico como el único medio que tienen para justificar su incapacidad en aliviar los descontentos que producen los gobiernos democráticos y tapar los increíbles logros sociales del nacionalsocialismo. Olvidan éstos que los Estados Unidos estaban en ese mismo momento haciendo uso de esas mismas leyes, llevando ya varios años de aplicación exitosa antes que Hitler. Tampoco quieren reconocer que muchos países de primer orden lo han aplicado antes o después. La mismísima Unión internacional de Organizaciones eugenésicas en su Congreso internacional reunido en Zürich en 1934, si bien se distanciaba ideológicamente del nacionalsocialismo, tras analizar en detalle la ley no pudo menos que recomendar a los gobiernos de todo el mundo su estudio para el bien de la humanidad. Cabe agregar que la ley es sumamente elaborada, pone especial cuidado en evitar los abusos de todo tipo y promueve el estudio detenido de cada caso por peritos y tribunales creados a tal efecto. Asimismo, promueve que la esterilización sea voluntaria y que se deba contar con el consentimiento del sujeto luego de ponerlo en conocimiento de todos los detalles. Un tribunal constituido por especialistas analizaban muy detalladamente cada caso y si no se llegaba a un acuerdo se derivaba el caso a una instancia superior. Se debe saber además que, salvo por los casos de violadores y degenerados o personas totalmente incapaces de hacer uso de sus facultades mentales (donde debía actuar su médico en representación), la gran mayoría de las esterilizaciones fueron voluntarias. Esto no debe sorprender si se tiene en cuenta el papel educativo que cumplió el nacionalsocialismo, la dignificación del enfermo y la conciencia de verdadera comunidad y sacrificio que había logrado inculcar en todo el pueblo. Finalmente, cabe aclarar que no se practicaba la castración ni se impedía la actividad sexual de los esterilizados, sino simplemente su reproducción.
(11)  Las instituciones de cuidado de la madre y los recién nacidos ponían a su vez el énfasis en que los niños recién llegados al mundo sean también valorados como “hijos del pueblo”, que toda la comunidad debe hacerse cargo de ellos ya que no valen tanto como hijos de unos padres en particular sino como miembros de la comunidad a la que enriquecerán con el fomento de lo mejor de su caudal genético. Así se pudo por primera vez dejar atrás el prejuicio de la mentalidad general de la época que condenaba a los hijos de madres solteras al ostracismo ya que estos niños ahora valían como parte integrante y enriquecedora de la comunidad, a la vez que se ampliaba el concepto de paternidad a sentimientos menos egoístas y posesivos. No es este un concepto totalmente revolucionario, algo similar valía para las civilizaciones arias antiguas, siendo Esparta tal vez el ejemplo más conocido.
(12)  No se debe confundir herencia con costumbre. El nacionalsocialismo se oponía a que un hijo siga la profesión del padre para continuar la tradición, pero sí promovía el estudio de las capacidades heredadas biológicamente para darle a cada uno la posibilidad de desarrollarlas de acuerdo a su íntima esencia. Entendemos que esto es ante todo un ideal que en el mundo actual, e incluso en aquella época, no era tan fácil de realizar, pero el grado de realización no invalida un principio ni niega una orientación.
(13)  Tanto los teóricos de los regímenes aristocráticos basados en el poder de la autoridad, como los populistas defensores del pueblo, olvidan que los más grandes Imperios y las más prósperas monarquías tuvieron siempre asambleas regionales de acceso popular que actúan como naturales selectores de los hombres comprometidos con las políticas que determina la vida social, pues jamás los hombres tuvieron tan nivel de mansedumbre e indolencia como para no comprometerse con las políticas que determinan su vida. Por otra parte, ningún gobierno puede realizarse por medio de decisiones grupales ya que siempre se necesitan líderes capacitados para tomar decisiones que no se pueden dejar en manos de los que menos saben. La autoridad, además, no es una “imposición a la fuerza” sino algo que se impone naturalmente, por su propia superioridad. Finalmente se debe decir que para la determinación de los mejores, si se quieren tener en cuentas todos los factores, guste o no, también se deben tener en cuenta las capacidades genéticas, que si bien no son absolutas al menos lo determinan en un grado no despreciable. Actualmente la política no realiza ni una selección de los mejores, ya que sólo el dinero decide quienes conforman la capa dirigente sobre la que luego un pueblo ignorante vota creyendo elegir, ni el hombre común tiene jamás acceso a las decisiones políticas al faltar primero las organizaciones regionales que le permitan escalar por mérito propio y segundo el dinero para poder entrar al juego de la política según las reglas económicas y propagandísticas que lo rigen con el fin de cerrarle el paso.
(14)  La usura fue considerada durante el Tercer Reich como uno de los peores crímenes que se pudieran cometer, sólo por debajo de los cometidos por pervertidos y degenerados, y castigada muy severamente, incluso hasta con la muerte, pues aunque genera un mal poco advertido condena a la miseria a la comunidad. Ella también, al igual que los crímenes de los más pervertidos criminales, manifiesta una personalidad totalmente guiada por el egoísmo y ya presa de sus bajas pasiones, una orientación totalmente opuesta a la que desea imponer el nacionalsocialismo.
(15)  Hoy en día la usura sigue reinando sobre los pueblos del mundo, liberada de nuevo tras la caída del nacionalsocialismo, pero ya sus mecanismos pasan más desapercibidos gracias a que tienen una presencia no tan evidente y que políticos y economistas desvían la atención con rebuscadas terminologías, pero todos los países sin excepción están sometidos a un constante aumento de precios y costo de vida debido a impagables deudas de las que ya ninguna nación alcanza a pagar ni siquiera los intereses, renegociando constantemente el capital inicial más sus intereses a cambio de control político. Lo que pocos perciben es que el sistema mundial usurario no tiene como fin recaudar dinero, ellos mismos son los emisores de la moneda, sino que es un complejo mecanismo que tiene como fin dominar y someter a las naciones. No sólo porque por encima de la codicia de dinero se encuentra el complejo de dominio en las psicologías desequilibradas (este es el mecanismo que asegura el sistema) sino porque el sistema es parte de un milenario mandato.
(16)  La expulsión de judíos de todos los cargos públicos, por la que todavía siguen clamando, debería ser atemperada informando también que todos ellos cobraron indemnizaciones y empezaron a cobrar jubilaciones acordes a sus puestos. La vida cultura judía fue respetada mediante la creación de la “Liga cultural judía” que permitía todas las actividades de la vida cultural de los judíos siempre y cuando ella estuviera limitada sólo a judíos. Un destino mucho peor les esperó a todos los nacionalsocialistas que ejercían profesiones importantes al finalizar la segunda guerra mundial ya que los aliados los encerraron o les quitaron sus trabajos y todas sus pertenencias sin ninguna consideración al futuro de estas personas.
(17)  Sobre ellos nos explayaremos en próximos libros.

Extraido de:
El socialismo del Nacionalsocialismo
Opiniones de destacados jerarcas nacionalsocialistas
Recopiladas Por Friedrich Christian, Príncipe de Schaumburg-Lippe, en 1935

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