viernes, 15 de junio de 2018

Cómo se puede ser pagano -Alain de Benoist






En su ensayo "Cómo ser pagano", Benoist nos invita a redescubrir las antiguas fuentes paganasde las cuales las futuras grandezas pueden fluir nuevamente. Las religiones llamadas paganas que durante varios milenios los pueblos de Europa practicaron constituían un sistema de representaciones, de valores, de figuras específicas. Fueron el marco y el sostén espiritual de numerosas culturas y de grandes civilizaciones de las que nosotros somos, directa o indirectamente, sus herederos.
La tradición pagana (o, de manera más general, la referencia a la antigüedad) no ha cesado, en diversas escalas, de inspirar a escritores y artistas. La mayoría de los románticos alemanes, empezando por Schelling, Góres o Novalis, opusieron a un mundo moderno juzgado sin alma el recuerdo de un mundo antiguo donde, como dijo Schiller “todo era el vestigio de un dios”.
El paganismo es todo lo contrario a dar libertad a los instintos y sumergirse en las decadentes bacanales de su época de decadencia. El paganismo, en cambio, pone entre el hombre y el universo una relación fundamentalmente religiosa. El paganismo es una fe que reposa sobre la idea de lo sagrado, y sagrado quiere decir respeto incondicional a todo. El paganismo no es el retorno al pasado, al origen puro; se trata de volver a unir la historia con el hoy, unirnos a lo eterno, hacerlo refluir, volver a la escuela del mythos y de la vida.
Dentro de los valores paganos podemos citar: Ética fundamentada sobre el honor; Actitud heroica ante inconvenientes de la existencia; Exaltación y sacralización del mundo; ; La fuerza y la salud; Rechazo a los paraísos e infiernos; Inseparabilidad de la estética y la moral.
El paganismo no podría separar lo bueno de lo bello y esto es bastante normal, puesto que lo bueno son ante todo las formas más acabadas de este mundo. Para los griegos el arte era la forma más alta bajo la cual el pueblo representaba a los dioses.
El pagano cree que un dios que no pertenece a este mundo no es un dios, ya que dios es el elemento único y distinto de este mundo.
En el paganismo toma una importante posición la figura del héroe, quien es un intermediario entre los dos niveles, es decir, un semidios. Los dioses son hombres inmortales y los hombres son dioses mortales. Nuestra vida es su muerte y nuestra muerte es su vida.



Introducción: El paganismo de Alain de Benoist y la filosofía de Martin Heidegger

La reivindicación del paganismo es quizás uno de los elementos más originales y sorprendentes del pensamiento de la Nueva Derecha (en adelante ND) en general y de Alain de Benoist en particular. En este artículo intentaremos estudiar este aspecto del gran pensador francés y relacionarlo con la filosofía de Martin Heidegger.
En su libro Comment peut-on être païen? y en una entrevista publicada en la revista Hesperides, de Benoist explica el trasfondo filosófico de su reivindicación del paganismo, diferenciándola de otros reivindicaciones folclóricas o sincretistas, tipo New Age, y relacionándola con su crítica al cristianismo (al menos al cristianismo original) como fundamento teológico del igualitarismo, del progresismo y de la metafísica de la subjetividad.
Hay, en primer lugar, una búsqueda de las raíces. Durante milenios los pueblos de Europa practicaron religiones habitualmente denominadas “paganas”, expresión inicialmente peyorativa. Estas religiones fueron sistemas de representación, de valores, de figuras, que sirvieron de impulso espiritual y de marco referencial a numerosas culturas y civilizaciones de las que somos herederos, aunque no exclusivamente. Las enseñanzas que podemos extraer del estudio de estos sistemas de representación son válidas para todos los tiempos, incluso el nuestro. Cuando el mito nos dice que tras casarse con Themis, diosa del orden y de la justicia, Zeus engendró las Estaciones y los Destinos, nos dice algo más que un simple relato. La suerte reservada a Prometeo nos enseña algo sobre las consecuencias del desenfreno técnico, mientras que el precepto délfico “nada en exceso” nos ayuda a comprender al carácter perverso de la tendencia moderna “cada vez más”.
Las religiones paganas fueron combatidas por el cristianismo, portador de un sistema diferente de representación, y que encaraba el hecho religioso de una forma completamente distinta. Los cristianos denunciaron el paganismo, al principio, como un culto rendido a “ídolos” o demonios. Después optaron por hacerse con todo aquello que pudiera ser recuperado de la tradición pagana que no atentara contra los fundamentos de su fe. Muchos lugares de culto mariano habían sido santuarios paganos de la “diosa-madre”, y el culto a los santos rememoraba el politeísmo. Fiestas paganas como el solsticio de invierno se convirtieron en la Navidad cristiana, y el de verano en la fiesta de San Juan. A otro nivel se produjo también una “recuperación” de los grandes filósofos de la antigüedad, como Platón y Aristóteles para el pensamiento cristiano.
Con el cristianismo aparece la intolerancia religiosa, cosa desconocida en el paganismo. Las persecuciones paganas contra los cristianos se fundamentaban en elementos políticos y no religiosos (su negación de la autoridad del Emperador). Después del edicto de Constantino el paganismo es tolerado, pero ya es prohibido en el año 392 y penado con la muerte en el 435. Se inicia la era de las guerras de religión y de las herejías (concepto desconocido en el paganismo). La intolerancia cristiana, fundada sobre el imperativo de conversión y sobre la creencia de un bien y un mal absolutos da lugar a una sociedad estructuralmente perseguidora, donde una parte de ella es acusada de encarnar el “mal”, sean paganos, herejes, judíos, “leprosos”, “sodomitas”, “brujas” etc.
Así vemos que si en el plano doctrinal no hay coincidencia posible entre la teología cristiana y la ontología pagana, en el plano histórico y sociológico el cristianismo (especialmente el catolicismo y el cristianismo ortodoxo) se presenta como una especie de fenómeno mixto, con un politeísmo latente, manifestado a través del culto mariano y de los santos. Las manifestaciones “paganas” del cristianismo están más próximas a la interpretación tradicionalista del mismo, mientras que las corrientes modernistas, así como la Reforma Luterana y todas las iglesias protestantes que surgen de la misma son las que se esfuerzan en eliminar estos residuos paganizantes y “volver a los orígenes”.
En ocasiones se asocia paganismo con ateísmo, lo cual es absurdo. De hecho la palabra “dios” es de origen pagano y tiene su origen en la designación indo-europea de cielo diurno (dyew-). La Biblia no habla en ningún momento de Dios, sino de Iahvé, Adonaï, de Elohim, de Eterno, de Padre, de Mesías, de Cristo. La posibilidad de ateísmo aparece con el cristianismo, como su reverso. En el paganismo el ateísmo carece de sentido.
Lo específico del cristianismo (y de otras religiones inspiradas en la Biblia) no es tanto el monoteísmo (matizado por el culto mariano y de los santos en el catolicismo y en el cristianismo ortodoxo) sino su ontología dualista del Ser creado y el Ser increado. Donde se contiene toda la fe cristiana no es tanto en las primeras palabras del Credo “credo in unum Deum”, sino más bien en las siguientes “patrem omnipotentem, factorem coeli et terra”. Es la distinción fundamental entre la religiones abrahámicas, que son históricas (la idea de historia lineal aparece con el cristianismo) de las religiones paganas, que son “cósmicas”. Este carácter dualista del cristianismo queda expresado a la perfección en la fórmula del IV Concilio de Letrán “Entre el Creador y la criatura ninguna semejanza puede ser afirmada sin que ella implique un desemejanza aún mayor”.
La consideración del mundo como una creación contingente que, por definición, nada añade a la perfección de su creador, automáticamente produce una devaluación de este mundo. Desacralizado y profanado (es decir, arrojado al ámbito profano), el mundo ya no forma parte de un “cosmos” armonioso, en que los hombres y los dioses coexisten, sino que es un simple objeto que puede ser entregado a la racionalidad técnica. Se abre así el camino de la secularización, del “desencantamiento” y el ateísmo.
Es un error pensar que los paganos veneraban a sus dioses como los cristianos adoran al suyo. Inmanente y trascendente al mismo tiempo, el dios cristiano solo existe a partir de sí mismo, como autosuficiencia absoluta, como realidad absolutamente condicionada, y así es como se revela al hombre. En el paganismo no hay revelación, sino desvelamiento o epifanía. El mundo es transparente a lo divino. Por otro lado, mientras que en el cristianismo la relación del hombre con Dios es esencialmente jerárquica (debo obedecer a Dios), en el paganismo la relación del hombre con los dioses es, ante todo, del orden del don y el contra-don: los dioses me dan y yo doy a los dioses. El sacrificio no es tanto un testimonio de obediencia como una forma de mantener y contribuir al orden del cosmos.
En el paganismo los dioses no son la última instancia, porque los propios dioses son colocados en el horizonte de la cuestión del Ser, y aquí es donde podemos relacionar el paganismo con la metafísica de Heidegger. En este sentido es aleccionador citar las admirables palabras del protofilósofo griego Heráclito: “Este mundo, el mismo para todos, no fue hecho ni por los dioses ni por los hombres. Siempre estuvo ahí y siempre estará. Fuego eterno que ora se enciende, ora se apaga”. El mito sitúa al destino por encima de los dioses.
En su separación radical de la metafísica y de la ontología Heidegger restituye en toda su plenitud la concepción pagana del Ser. El Ser deviene: no es el mundo, pero no puede ser sin él. El gran reproche de Heidegger a la metafísica occidental es que haya prosperado a costa del olvido del Ser y que haya establecido las condiciones para el agravamiento constante de tal olvido. La metafísica occidental considera al Ser como razón necesaria, como mera causa primera del ente. Esta vía ha terminado por desembocar en la subjetividad moderna, que no es otra cosa que la metafísica realizada. Para Heidegger, el alba de toda labor de pensamiento no consiste en especular sobre la razón del ser del ente, sino meditar sobre el hecho de que hay algo y no nada. Y es precisamente el paganismo primigenio el que se origina en la perplejidad del hombre arrojado al mundo, que posa su mirada sorprendida a su alrededor y se pregunta ¿Por qué hay algo y no nada? quien más se aproxima a esta pregunta heideggeriana.
Para Heidegger es la Grecia antigua el momento “auroral” del pensamiento. Pero no se refiere como otros a Platón o a Aristóteles, pues estima que la filosofía de estos autores ya descansa sobre su propia inadecuación a la esencia de la verdad. Hay que ir más atrás, a los filósofos presocráticos en los cuales se confunde la cosmología pagana con los inicios de la filosofía, antes de que la metafísica incipiente empezara a pensar al Ser como razón suficiente del ente. Para Heidegger el dialogo con los pensadores griegos de los orígenes aún está por iniciarse.
En este sentido, el discurso de Alain de Benoist, así como el de la ND en general, tiene mucho en común con el de los autores de la Revolución Conservadora. La búsqueda de las raíces del individualismo y del nihilismo contemporáneo lleva a los propios orígenes de la civilización occidental. No basta, como hace la vieja derecha tradicionalista, culpar al comunismo, a la Revolución Francesa o a la Ilustración. Para Benoist en el cristianismo se encuentras las raíces del individualismo y del igualitarismo que han destruido las antiguas civilizaciones holistas, de aquí su reivindicación del paganismo. Heidegger va más lejos, y ve en la metafísica del Ser de Parménides los orígenes más remotos de la “cosificación” del mundo contemporáneo. Toda la historia de la metafísica occidental es la historia del olvido del Ser.
Cuando Heidegger habla del “origen” no remite a un acontecimiento primitivo ni a un lugar determinado. Significa, ante todo, aquello a partir de lo cual la cosa es lo que es, es decir, de donde proviene su esencia. En el paganismo no se puede ir sino hacia allá de donde se proviene, a la dación primera, donde el Ser se confunde con el don inaugural que hace concordar al hombre con la totalidad del mundo, sin restarle nada de lo que le es propio. Este retorno a los fundamentos no excluye ninguna influencia ulterior; no busca destilar un elemento más puro que los otros, se limita a reconocer el papel determinante de lo fundacional. El “pasado” domina la experiencia espiritual simplemente porque la memoria constituye un terreno privilegiado para el arraigo de lo sagrado. Toda conciencia espiritual es conciencia de un fundamento ligado al origen, sin ser para ello antagonista de la historia.
La historia está abierta a las influencias más diversas; la conciencia del origen las pone en perspectiva estimulando la facultad de la memoria. El recurso a la memoria se encuentra hoy abiertamente enfrentado a la ideología dominante, que solo se inscribe en lo instantáneo (el perpetuo presente) y en la operatividad. Por eso la memoria supone un contrapeso vital a la omnipotencia de los procesos de dominación de la realidad, que funcionan solo en los registros de la inmediatez y de la eficacia.
Otro aspecto interesante de la reivindicación del paganismo que hacen Alain de Benoist y la ND es el de las relaciones religión-ética-moral. El cristianismo es, obviamente, una religión moral, ya que su razón de ser es ofrecer la posibilidad de la “salvación”. La falta moral coincide con el pecado, es decir, la transgresión de los mandamientos de Dios. El reverso es que “si Dios no existe, todo está permitido”. En el paganismo las cosas funcionan de otra manera: los dioses no están para castigar las trasgresiones de la moral, y ellos mismo pueden cometer acciones “inmorales” ¿Significa esto que los paganos estaban libres de toda norma ética?, evidentemente no. Simplemente, la religión no es fundamento de la moral.
Cuando Séneca o Marco Aurelio, desde la filosofía estoica, predican la benevolencia y la generosidad no la fundamenten en un mandato de los dioses. Aristóteles escribe la Ética a Nicomano después de haber negado la inmortalidad del alma. La moral pagana no es una moral de retribución, no espera una recompensa. El hombre no espera ser “salvado”, sino ayudado a construirse a sí mismo.
La humanidad no esperó la llegada del cristianismo para plantearse preocupaciones morales. Una sociedad que no distinguiera entre lo bueno y lo malo simplemente no podría existir. Son de risa las afirmaciones de que para un pagano no existía el bien y el mal, o incluso las que asemejan el paganismo al hedonismo liberal que predica “haz lo que quieras mientras no perjudiques a los demás”. Aristóteles (Política 4,9) definió la moral como “virtud heredada”, según lo cual la fuente fundamental de la moral sería la plasticidad humana. El hombre no está totalmente determinado por sus instintos, tal como ha mostrado la moderna Etología, ni tampoco sus instintos están completamente programados respecto a su objeto y a su medio. De ahí resulta que el hombre está siempre en situación de construirse o de perderse, de menguar o de crecer, y que la realización de sus deseos puede significar igualmente su destrucción. Al no estar íntegramente determinado por su naturaleza, al ser capaz de lo mejor y lo peor a un tiempo, el hombre solo puede construirse a si mismo por medio de un código moral que de sentido a estas palabras: lo “mejor” y lo “peor”. En este sentido puede afirmarse que la moral, incluso antes de ser inculcada y aprendida, se funda en una disposición (hexeis), en el sentido aristotélico del término.
La diferencia entre los paganos y los cristianos no es en absoluto una diferencia “moral”, en el sentido que unos se conduzcan moralmente mejor que otros. Más bien se refiere a los fundamentos y motivos del acto moral y a los valores que unos y otros hacen prevalecer. En el cristianismo la piedad es el fundamento interno para la relación moral con el prójimo. Esta idea es ajena al paganismo; para él existen otras formas de reconocer la valía de los demás, formas que no se limitan a experimentar la piedad. El paganismo no eleva un juicio moral sobre el mundo; para él solo hay un único Ser, y ni hay bien superior a este Ser. Frente a la moral cristiana, basada en la “culpa” y el “pecado”, el paganismo practica una moral de la virtud y el honor.
La reivindicación del paganismo por parte de Alain de Benoist y otros autores de la ND no solamente remueve los cimientos del pensamiento occidental. Pone sobre la mesa un hecho fundamental: las religiones son sistemas de valores y formas de vida y no, como pretende la estúpida ideología moderna, algo que pertenece a la privacidad.

Sobre el paganismo

DEFINICIÓN
Muchos creen que vivir de forma pagana consiste en dar libertad a sus instintos, deshacerse de toda idea de pecado o examen de conciencia, comer bien, beber bien y copular mejor, mejor dicho, un paganismo de bulevar en el cual se alude a los actos antiguos en el culto a Dionisios – Bacanales, borrachera- sin advertir que aquella era la época de decadencia del imperio Griego, como también la orgiástica oriental que ya se sale de la norma
El paganismo es todo lo contrario y pone entre el hombre y el universo una relación fundamentalmente religiosa. El paganismo es una fe que reposa sobre la idea de lo sagrado, y sagrado quiere decir respeto incondicional a cualquier cosa. El paganismo no es el retorno al pasado, al origen puro, pues lo anticuado cae por sí mismo; se trata de volver a unir la historia con el hoy, unirnos a lo eterno, hacerlo refluir, volver a la escuela del mythos y de la vida. ( Holderlin).
El paganismo está conforme con las leyes generales de lo viviente.
CONCEPCIÓN PAGANA
Son paganos todos los que dicen “sí a la vida”, por eso Dios es la palabra que expresa el gran sí a todas las cosas (F. Nietzsche, El anticristo p. 102).
No se puede discutir que el hombre es un animal, un ser físico, pero hay dentro de él una parte metafísica.
En el paganismo el mundo, no siendo otro que dios, es también perfecto y viceversa, dios es también imperfecto tal como lo es el mundo, además de esto hay una importante visión de la creación, para el pagano al comienzo fue la acción (Goethe) mientras que en otras religiones al comienzo fue el verbo.
No hay necesidad de creer en Júpiter o en Wotan para ser pagano, no hay que erigir altares a Apolo o resucitar el culto a Thor, implica buscar tras la religión la maquinaria mental donde se produce, el universo interior que refleja la forma de concebir el mundo que denota considerar lo siguiente:
DIOSES: Centros de valores
CREENCIAS: sistemas de valores
Los dioses y las creencias pasan pero los valores permanecen
VALORES
Se puede citar una lista enorme de valores que justifican el papel decisivo de está fe dentro de los grandes imperios que existieron en la antigüedad, entre ellos:
Ética fundamentada sobre el honor.
Actitud heroica ante inconvenientes de la existencia
Exaltación y sacralización del mundo. La belleza.
El cuerpo
La fuerza y la salud
Rechazo a los paraísos e infiernos
Inseparabilidad de la estética y la moral.
El paganismo no podría separar lo bueno de lo bello y esto es bastante normal, puesto que lo bueno son ante todo las formas más acabadas de este mundo. Para los griegos el arte era la forma más alta bajo la cual el pueblo representaba a los dioses.
El valor de un pueblo o de un hombre se mide por su poder de poner sobre su experiencia el sello de la eternidad (Nietzsche).
Cuando Pablo entra en Atenas para tratar de sacar al pueblo de sus convicciones ancestrales, describe la ciudad como llena de ídolos (Hechos 17), en medio de esos ídolos hay estatuas de divinidades (17 – 29) pero también filósofos, epicúreos y estoicos. Lo que no impide a Pablo declarar “Atenienses, en todos los conceptos, vosotros sois los más religiosos de los hombres”.
PAGANISMO – RELIGIÓN
El paganismo tiene familiaridad con las religiones indoeuropeas antiguas (Historia, teología, simbolismo, mitos etc.). No se trata de acumular conocimientos de las diferentes provincias de la Europa precristiana, se trata de identificar estas creencias, sus proyecciones y transposiciones a los valores que nos conciernen como herederos de una cultura.
La religiosidad cósmica “pagana” está vinculada a la idea de que la vida no muere jamás, que se renueva sin cesar, que la historia se puede regenerar a sí misma, que hay una eterna solidaridad dialéctica entre la vida y la muerte, entre el comienzo y el fin, entre el hombre y los dioses, de ahí los sacrificios ofrecidos por los paganos.
La religión es indisociable de la costumbre pagana.
La religión pagana regula situaciones de interés colectivo, dedica especial atención a la persona teniendo en cuenta sur raíces, luego en el paganismo la persona es inseparable de su raza y de su familia.
POLITEÍSMO Vs MONOTEÍSMO
El politeísmo es la visión política del más allá ya que en el se recurre al pluralismo buscando la verdadera identidad del hombre con la naturaleza. Hay continuidad entre los seres más humildes de la naturaleza y los dioses más elevados, esto no implica igualdad, al contrario forman grupos separados y jerarquizados.
En el monoteísmo todos los hombres son iguales en tanto que han sido creados por un único dios y no por varios.
Para el monoteísta es fundamental el perdón de las ofensas y la apelación de la mejilla izquierda que se tiende después de haber sido golpeada la derecha.
El politeísta apela al “Fraternal adversario”, y ambos crean el “duelo” donde la guerra religiosa y la lucha de clases queda excluida. Prueba: David mata a Goliath a traición.
Para el monoteísta no creer en su dios es servir al diablo, es el culmen de la blasfemia.
Para el politeísta no existe definición objetiva del mal.
En el monoteísmo Dios es el único creador y creó a los hombres.
En el politeísmo el hombre crea a sus dioses a su imagen, de los que ofrecen una representación sublimada. Los hombres sobrepasándose a sí mismos.
El dios cristiano plantea “mi reino no es de este mundo” (Juan 18 – 36).
El pagano cree que un dios que no pertenece a este mundo no es un dios, ya que dios es el elemento único y distinto de este mundo.
En el monoteísmo se tiene la idea de un dios déspota, celoso, soberbio y al cual se le considera perfecto.
El judeocristianismo es religión sin mitos
El odinismo, el celtismo, el hinduismo, entre otras religiones, son ricas en mitos y son los mitos los que reflejan al mundo y lo sacralizan.
En el politeísmo los dioses combaten con los hombres y también entre ellos – la Iliada
–. Zeus y Odín son soberanos, no déspotas. Se crea también la figura del héroe, quien es un intermediario entre los dos niveles, es decir, un semidios
Los dioses son hombres inmortales y los hombres son dioses mortales. Nuestra vida es su muerte y nuestra muerte es su vida.
Para los cristianos el mundo es “un valle de lágrimas”; para los judíos entre dios y la creación hay un vacío.
Para los paganos la conciencia humana pertenece al mundo, por lo cual se haya disociada de la substancia de dios.
Para el cristiano no hay curiosidad de nada tras haber encontrado a Jesucristo.
El pagano no pone límite a su espiritualidad.
En resumen, el mártir monoteísta es el extremo opuesto del héroe pagano. El monoteísta no puede ser orgulloso, debe ser humilde y rogar por un espacio en el cielo, mientras que el pagano es orgulloso e irrumpe en el más allá reclamando su pedazo de “cielo”
La idea de que un ser humano pueda convertirse tras la muerte en alguien semejante a un dios era corriente en la antigüedad y así lo demuestran gran número de inscripciones sobre piedras sepulcrales de las épocas helenística y romana. El paganismo de hoy propone al hombre, en el curso de su vida, a superarse a sí mismo y participar así de la substancia divina. El hombre, si ha sido creado, deberá sobrepasar a su creador de la manera en la que los hijos sobrepasan a los padres.
Caín fue un hombre de la revolución neolítica, agricultor enraizado a la tierra que Yavhé maldijo por causa de Adán. Como su padre Adán, Caín hace prueba de orgullo y es la razón por la que es condenado. No es la muerte de Abel, sino el rechazo de Caín a humillarse y a arrepentirse. Caín fue pues hombre civilizador por excelencia, decir que se es hijo de Caín es decir que se es hombre de cultura y civilización.
El paganismo no puede menos que reaccionar en contra del tema cristiano de la depravación del hombre por el pecado original. Por el contrario el hombre puede conferir un sentido a su vida, que no tiene que ser lavado de un pecado original hereditario por la mediación de un redentor. El hombre, según el pensamiento pagano, debe así conocer la posibilidad de una unión consustancial con lo divino.
No se trata pues de poner al hombre en el lugar de dios. El hombre no es dios. El hombre no debe ambicionar convertirse en dios, sino, inmitando a los dioses, volverse como los dioses.
La intolerancia de los pueblos semíticos es la consecuencia necesaria de su monoteísmo. Los pueblos indoeuropeos, antes de su conversión a las ideas semíticas, no habían tomado jamás su religión como la verdad absoluta, sino como una especie de herencia de familia o de casta, extraña al proselitismo.
El paganismo, al contrario del monoteísmo, es tolerante por naturaleza y siempre induce a la comparación. Mientras que en la época antigua la lucha del monoteísmo contra la idolatría autoriza el asesinato ( Deut. 13, 7- 10).
CONCLUSIÓN.
“En la medida que todo lo que es grande y fuerte era concebido como el hombre como sobre humano, como extraño a sí mismo, el hombre se empequeñecía y repartía entre dos esferas sus aspectos: uno detestable y débil, otro fuerte y sorprendente. A la primera esfera se le llama hombre y a la segunda se le llama dios” (Nietzsche).
SEAMOS LIBRES
SEAMOS SALVAJES
SEAMOS PAGANOS

Extraido de Cómo se puede ser pagano de Alain de Benoist

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